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¿Que hicieron Daniel Ortega y Rosario Murillo con las reliquias de Juan Pablo II?

Tras siete años cerrado, el museo con los objetos de las dos visitas de Juan Pablo II, fue reemplazado por un centro para “pasatiempos” de los hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La dictadura de la familia Ortega-Murillo mantuvo literalmente secuestrada por siete años la memoria histórica de las dos visitas del papa Juan Pablo II a Nicaragua. Cuando finalmente abrió los candados, lo hizo para desaparecer el museo en memoria al santo católico y construir un centro de entretenimiento para beneficio de sus hijos. Los artículos de las visitas históricas del papa ahora yacen “desaparecidos”.

El Museo San Juan Pablo II fue inaugurado el 14 de diciembre de 2016 en Managua para honrar al único pontífice que visitó Nicaragua en dos ocasiones, pero el año pasado fue reemplazado por un centro de actividades lúdicas de Camila y Laureano Ortega Murillo.

El museo, cuya construcción superó el millón de dólares con impuestos de los nicaragüenses, fue desmantelado para dar paso a un parque y centro cultural dedicado al compositor Tino López Guerra, en detrimento de la erosión de la memoria histórica.

La voz del odio profundo

El anuncio lo hizo la vocera gubernamental Rosario Murillo, artífice de la campaña de odio contra la Iglesia Católica, quien irónicamente fue la que ideó la construcción del museo para rendir homenaje al papa, fallecido en el 2005.

Desde su inauguración el 22 de diciembre de 2023, el nuevo centro ha programado una serie de presentaciones culturales y eventos de entretenimiento para el 2024, dirigidos a la alta clase de la dictadura. Entre estos se encuentran conciertos de ópera, galas líricas, y desfiles de moda del proyecto Nicaragua Diseña, dirigido por Camila Ortega Murillo.

Siendo Nicaragua el país más corrupto de Centroamérica, según el ranking 2023 de Transparencia Internacional, a los críticos no les extraña que se desconozca el monto gastado, origen del dinero y la empresa constructora a cargo del proyecto. No obstante, lo que más preocupa a la comunidad Católica, es el destino de los objetos del santo, muchos de ellos de invaluable valor histórico y cultural.

Ortega y Murillo secuestran la memoria de Juan Pablo II en Nicaragua

La venganza contra Juan Pablo II

La decisión de reemplazar el Museo San Juan Pablo II, una figura histórica y espiritualmente relevante para muchos nicaragüenses, y desaparecer sus objetos, se enmarca en la guerra desatada por el régimen contra la Iglesia católica.

Las visitas del papa Juan Pablo II a Nicaragua fueron momentos claves en la historia reciente del país, y la eliminación del museo dedicado a su memoria es vista por críticos como un acto de desdén hacia su legado y de odio hacia la comunidad católica en general.

A criterio de un miembro de la Conferencia Episcopal, desde el anonimato desde Managua, este cambio en el uso del espacio público de sustituir un museo en honor a un santo por un centro de entretenimiento “refleja las prioridades y prácticas de la administración actual, marcado siempre por las acusaciones de nepotismo y represión, la ofensa a los católicos y el completo desprecio a su santidad Juan Pablo”.

Esconden la corrupción detrás del desprecio al papa

La remodelación del centro, no se refleja entre las obras municipales presupuestadas en 2023 dentro del Programa de Inversión Pública.

Tampoco en el de 2002 ni en el de 2024. Sobre el destino de las piezas de valor histórico sobre las dos visitas papales, tampoco se sabe nada. Según el miembro de la Conferencia Episcopal consultado en Managua, la Iglesia no ha recibido los objetos ni tiene conocimiento de su destino.

“A menos que se los hayan dado a su eminencia Cardenal Leopoldo Brenes y no nos haya dicho nada, nadie más sabe dónde están los objetos de nuestro querido San Juan Pablo II”, dijo el religioso consultado para este reporte.

Una obra manchada de corrupción desde el origen

El museo costó 45 millones de córdobas para construir el edificio de 8,000 metros cuadrados, según el Plan Anual de Inversiones 2016 de la Alcaldía de Managua. El edificio lo construyó la polémica empresa Chávez y Chávez Construcciones Sociedad Anónima bajo contrato simplificado y lo autorizó el secretario de la alcaldía de Managua, Fidel Moreno.

La obra constaba de una capilla para oración, galerías, jardines, una fuente luminosa y una réplica de la enramada que albergó al papa en su primera visita a Nicaragua en 1983. El museo guardaba las reliquias y artículos que usó San Juan Pablo II en sus visitas de marzo de 1983 y febrero de 1996.

Se exhibían desde ropas y toallas enviadas desde Roma por El Vaticano, usadas por el sumo pontífice para secar sus manos tras la misa oficiada en la plaza que aún hoy lleva su nombre: Plaza La Fe Juan Pablo II.

También guardaba la silla de madera que utilizó, elaborada por artesanos de Masaya, un podio de metal, una moneda acuñada, una biblia conmemorativa publicada por su visita por tres países de Centroamérica y Venezuela, entregadas al exalcalde de Managua Roberto Cedeño, también el pergamino con el decreto presidencial que dio a la plaza el nombre Juan Pablo II, así también una marquesina usada en el Altar Mayor durante su misa.

Recuerdos del Papa bajo llave

El edificio original incluía tres galerías con objetos originales y réplicas. Otra galería contaba con fotografías de sus visitas y el oficio de su misa celebrada en Managua, que antes estaban bajo resguardo de la Dirección del Patrimonio Cultural de la Alcaldía de Managua.

Se exhibía además un sillón de madera azul con el sello papal que el pontífice usaba en El Vaticano; dos rosarios de plata (uno blanco y uno negro), una medalla conmemorativa de la segunda visita del papa a Nicaragua; el libro de la liturgia que el sumo pontífice utilizó al presidir la misa en la Plaza de la Fe; la silla que utilizó durante la Eucaristía, el petate que decoró la mesa de la Eucaristía; y un pódium, desde donde dirigió un mensaje a la nación.

Nada de lo ahí expuesto se mostró jamás al público desde su inauguración y nunca se explicaron las razones de la censura. Nuestra fuente explica escuetamente una teoría: “en 2016 esa mujer (Murillo) quería atraer a Nicaragua al papa Francisco y bendecir su proyecto político. No lo logró y llegó 2018. Ahí sacó todo su viejo odio contra la Santa Iglesia y así llegamos a 2024. En realidad, ellos siempre odiaron a Juan Pablo II”.

Origen del odio de Ortega al papa

En efecto, la historia de Ortega con el papa Juan Pablo II está llena de tensiones. En la primera visita de su santidad a Nicaragua, el 4 de marzo de 1983, Ortega en persona y el FSLN quisieron obligar al papa a apoyar la revolución sandinista, pero el líder religioso rechazó la propuesta y, al contrario, cuestionó al régimen.

La respuesta del FSLN y Ortega fue grotesca: las turbas sandinistas se tomaron la misa y con parlantes interrumpieron la misa con consignas partidarias y a gritos pedían que el papa apoyara la revolución. En esta misma plaza donde hoy se alza el museo y un enorme obelisco en memoria al papa, el pontífice alzó la voz para callar a las turbas sandinistas: “Silencio: la primera que quiere la paz es la Iglesia Católica”, les gritó.

Luego el papa volvió a venir el 7 de febrero de 1996, cuando gobernaba la presidenta Violeta Barrios de Chamorro.

Las 11 horas infernales del Papa Juan Pablo II con los sandinistas en Nicaragua

La noche oscura sandinista

Esa vez calificó al periodo de la primera dictadura del FSLN como “la gran noche oscura”. “Recuerdo la celebración de hace trece años; tenía lugar en tinieblas, en una gran noche oscura”, dijo el Papa en la misa que celebró en Managua.
Karol Józef Wojtyla, su nombre real, fue uno de los papas con quien más se han identificado los nicaragüenses, especialmente por su visita al país bajo el contexto de una guerra civil y después cuando se estableció la paz.

Wojtyla, nacido el 18 de mayo 1920 en Polonia, fue nombrado Papa de la Iglesia Católica desde el 16 de octubre de 1978 hasta su muerte el 2 de abril de 2005. Fue canonizado el 27 de abril de 2014, junto con el papa Juan XXIII, en una misa presidida por el papa Francisco, tras un milagro atribuido a su intervención.

El papa vivió durante la ocupación alemana de Polonia en los años 40 y bajo el sistema comunista polaco hasta finales de los 70, de donde nació el rechazo a los regímenes totalitarios como el de los sandinistas.

Nuncios y cardenales bajo el embrujo sandinista

El museo se anunció el 14 de noviembre de 2014 y se inauguró el 14 de diciembre de 2016; al evento llegaron Ortega, Murillo y la plana mayor de la Iglesia Católica en Nicaragua.

Eran tiempos aquellos en que la dictadura había conquistado al cardenal retirado Miguel Obando y Bravo; tenía comiendo de su mano al Nuncio Apostólico Fortunatus Nwachukwu y el cardenal Leopoldo Brenes era cercano a la vicedirectora Rosario Murillo.

Otros curas y sacerdotes rendían honores a la pareja del poder y en los discursos públicos abundaban las referencias a los símbolos católicos de Nicaragua.

Murillo exaltó la figura del papa Juan Pablo II: “Nosotros estamos entre los pocos países… Vemos ahí la lista de países y son pocos que el santo padre visitó dos veces. Fuimos honrados con dos visitas de San Juan Pablo”.

Cuando Murillo invoca a Juan Pablo II

“Aquí queda su huella, aquí queda su legado, aquí está su espíritu, está con nosotros y por eso sé que cuenta con muchos devotos en esta nuestra Nicaragua, donde le invocamos para pedir que fortalezca estas rutas de reconciliación, de encuentro, de diálogo y fortalezca a la juventud en el empeño de servir para realizarse como seres humanos útiles y para servir a la patria y hacerla grande, como decía Darío, pequeña, pero uno grande la sueña, uno grande la quiere, uno grande la puede hacer. ¡Que viva el Papa!”, exclamó Murillo entonces.

Ortega dio por inaugurado el edificio con un breve discurso: “Damos por inaugurado este memorial en homenaje a San Juan Pablo II. Podemos llamarlo un memorial de la reconciliación y la paz, que él predicó, porque las palabras del santo padre estaban llenas de solidaridad, amor y paz”.

Luego le pusieron los candados y lo cerraron hasta su clausura final, siete años después de su construcción.

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