«Tiene cáncer de mama y es agresivo»: Dos mujeres testifican cómo sobrevivieron a la enfermedad

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), define el cáncer de mama como una enfermedad en la cual las células de las mamas se multiplican sin control.

Lilliam Corea Vega, de 41 años, es una sobreviviente de cáncer de mama, a pesar que fue diagnosticada en la etapa III, tiene una historia que contar. Su vida cambió por completo cuando estaba en una piscina con su hija e hizo un movimiento fuerte y sintió un dolor en el pecho, por lo cual se tocó y sintió una «pelotita», conocida científicamente como nódulos.

El primer síntoma que presentó antes que le diagnosticaran cáncer de mama fue la punzada, pero Corea nunca se imaginó que perdería su seno izquierdo. Ella desconocía la magnitud de dos palabras que marcarían su vida: cáncer y quimioterapia.

La punzada que sintió en el pecho no la motivó a ir al médico, aunque le quedó un severo dolor que después se le quitó. «No le quise poner mente pero me dice uno de mis tíos: «tenés que ponerle atención a eso, porque cuando te duele algo y te sentiste un bultito, no es bueno», fue la primera recomendación que recibió, luego fue al hospital para realizarse varios exámenes.

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Los exámenes fueron en marzo de 2014 y en diciembre de ese mismo año le dan los resultados al realizarse una biopsia mastectomía: –»¡Tiene cáncer y es agresivo en III etapa!«, le dijo el doctor sorpresivamente a Corea, cuando tenía 35 años. «En ese momento que me dieron la noticia fue algo terrible, es una noticia que no la esperamos como ser humano», relató Corea en una entrevista con Nicaragua Investiga.

Corea lloró junto a su esposo y su hija en la salida del hospital donde le dieron los resultados. «Mi niña tenía tres años y cuando me miró llorando me abrazó, ese abrazo me dio bastante fuerzas para sentirme que no estaba sola: Dios me estaba diciendo que tenía a alguien por quien luchar, por quien vivir», cuenta.

En el cáncer de seno que se encuentra en etapa III, es un tumor que mide más de 5 cm o alrededor de 2 pulgadas de ancho, invade los tejidos cercanos de la piel sobre el seno o el músculo que está debajo.

Lilliam Corea, sobreviviente de cáncer de mama. Foto | Dorian Orozco

Ocho quimioterapias y 27 radiaciones

El tratamiento de Corea fue largo porque tuvo que realizarse todos los exámenes nuevamente para valorar si el cáncer estaba avanzando. La segunda vez que le realizaron la biopsia fue más dolorosa para ella, pues tenían que quitar parte del nódulo que tenía. «Un proceso que uno no se imagina y que no está preparado para ello», describe la sobreviviente.

Como inicio del tratamiento, Lilliam Corea fue sometida a cuatro quimioterapias, por consiguiente los doctores le dicen que va a operación y tienen que hacerle una mastectomía: «no me pueden dejar el busto porque eso (el cáncer) puede regresar», le dicen. Después de haber perdido el busto vuelve a cuatro quimioterapias más y luego pasa a 27 radiaciones.

Debido a las radiaciones el cuerpo de Corea tuvo como consecuencia varias quemaduras en el cuerpo. «Es una batalla que uno tiene que cruzar, tanto las radiaciones como las quimioterapias, porque ese es el único tratamiento que hay para el cáncer», dice como parte de lo vivido.

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«Nunca se me va olvidar el día que se me cayó mi cabello, fue un momento bien difícil. Me sentí devastada, pensé que nunca se me iba a caer, pensaba que la quimio iba ser menos activa», relata. En la segunda quimio se me cayó mi cabello, estaba en el baño, nunca se me va a olvidar que me fui a una esquina y lloré. En ese momento entró mi mamá, me abrazó y me dijo: «no estás sola, todo pasa en la vida y hay que darle gracias a Dios por lo bueno y por lo malo», fueron las palabras de aliento que recibió Corea.

¿Cómo salió adelante con el cáncer de mama?

«Cuando vos te das cuenta que tenés cáncer, el ser humano puede reaccionar de dos maneras: nos echamos a morir de depresión o nos agarramos de la mano de Dios», afirma Corea, y agrega que tomó la opción de luchar hasta la muerte aferrándose en su fe y creyendo que Dios le iba a ayudar en esa batalla.

«Este testimonio les va a servir a muchas mujeres que no están solas: yo he aprendido que el primer lugar en mi vida es Dios», dice como parte de la superación que ha tenido. Ella aconseja que cuando estén pasando una lucha contra el cáncer, piensen en lo que más aman en la vida para seguir luchando por ello.

Considera que la lucha contra el cáncer no solo es un día, «la verdad es una lucha que se ve a diario, debemos concientizar desde los adolescentes hasta las jovencitas», afirma.

En 2018 se registraron más casos de cáncer de mama en los últimos tres años. Infografía Erick Muñoz

Perdió su seno el 19 de octubre

María del Pilar Avilés, de 71 años, es otra persona sobreviviente del cáncer de mama. Ella fue diagnosticada cuando tenía 57 años, pero que nunca se le olvidará la fecha que fue operada ya que perdió su seno derecho un 19 de octubre, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama.

Avilés pasó las mismas ocho quimioterapias al igual que Corea. Como parte del tratamiento perdió el cabello, la dentadura se le vio afectada tanto como las uñas de las manos y de los pies. «A nada de eso le ponga mente porque en el cáncer lo que más mata, es el estrés y usted tiene que luchar«, le aconsejó el médico.

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Ella relata que el 19 de octubre fue la fecha que llegó al hospital para ser sometida a la operación. Ese día le extrajeron 32 ganglios pues había una secuela producto del cáncer que le había avanzado.

Después de sobrevivir 14 años del cáncer de mama, siente que su vida marcha de forma normal puesto que lleva su chequeo médico constante y no se ha visto afectada. Unas de las razones que la motivó en esta lucha contra esta enfermedad, fue el apoyo familiar y de sus amigos: «si uno se aferra a estar solo sentado en su enfermedad, te morís», dice Avilés.

María del Pilar Avilés, sobreviviente de cáncer. Foto | Dorian Orozco

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El mensaje 

Como parte de la experiencia de María Avilés, le recomienda a las mujeres jóvenes y adultas que sean muy cuidadosas con sus chequeos y que lo hagan constantemente. «A mí me valió de que siempre que me bañaba, me chequeaba mis bustos», enfatiza destacando que fue descubierto de manera precoz, cuando solamente tenía un granito en la parte superior del seno.

Lilliam Corea estudio Inglés pero no lo ejerce de forma profesional, sino que ha encontrado una vocación como maestra en un colegio privado en Managua. Dice que disfruta compartir con los niños y ver como aprenden a leer, de igual forma le gusta dar consejos a los jóvenes.

«Si nosotros podemos utilizar las medidas para detectar a tiempo (el cáncer), podemos salvar muchas vidas. Háganse sus exámenes, chequéense, no dejen de luchar, tienes que seguir luchando. Todo mundo te puede abandonar en ese momento, pero Dios nunca te va a abandonar», recomienda Corea a todas las personas que luchan contra el cáncer.

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