En un acto celebrado en Managua el 16 de febrero de 2026, el dictador nicaragüense Daniel Ortega se presentó ante el público luciendo notablemente deteriorado físicamente. La ocasión fue la entrega de 180 autobuses de la marca china Yutong a cooperativas locales, con la participación del embajador chino en Nicaragua, Qu Yuhui.
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Durante su intervención, Ortega lanzó duras críticas contra Taiwán, calificándolo como «basura taiwanesa» y defendiendo la ruptura de lazos diplomáticos. Argumentó que la representación taiwanesa en Nicaragua era ilegítima, ya que los taiwaneses forman parte de la nación china y deberían enorgullecerse de ello. Destacó el apoyo de China como un gesto libre de imposiciones o intervenciones externas, contrastándolo con administraciones previas que, según él, mantuvieron al país atado a Taiwán por motivos no soberanos.
Se lanza contra Estados Unidos
Ortega también dirigió fuertes acusaciones hacia Estados Unidos, responsabilizándolo de manipular a Nicaragua desde 1990 mediante intimidaciones y amenazas bélicas. Recordó las elecciones de ese año durante el mandato de Ronald Reagan, donde afirmó que la ciudadanía votó bajo presión extrema, como si tuviera «una pistola en la sien». Señaló que Washington influyó en gobiernos posteriores, como los de Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, sin ofrecer ayuda económica real, lo que interpretó como una burla al electorado.
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Además, evocó la guerra de los años 80, atribuyendo a EE.UU. el entrenamiento de fuerzas contrarrevolucionarias y el fomento de torturas, conflictos que causaron más de 50.000 muertes en una década. Describió a Reagan como un «actor cinematográfico aficionado a roles de vaquero» que lo tildó públicamente de contrarrevolucionario.
“Al final cuando venían las elecciones entonces Regan dijo si votan por los anti sandinista habrán más arma y vamos a derrocarlos y si votan por los sandinista la guerra va a continuar, es decir el pueblo tenían que votar con una pistola en la cabeza” despotricó.
En defensa de Pekín, Ortega lo presentó como la única superpotencia ajena a conflictos armados, fortaleciendo así la relación bilateral en medio de tensiones internacionales contra su régimen, compartido con Rosario Murillo. Este evento subraya el giro de Nicaragua hacia alianzas con China ante presiones estadounidenses.
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