La caída de Nicolás Maduro tras su captura por una operación militar estadounidense en territorio venezolano el pasado 3 de enero pone a Nicaragua y Cuba en una situación de extrema presión, que hace tambalear a los otros dos regímenes autocráticos de América Latina.
Aunque los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo han dado algunas señales a Estados Unidos como la excarcelación de 24 presos políticos y una treintena de personas que arrestaron por celebrar la captura del exdictador venezolano, su retórica antiestadounidense, la cercanía con Rusia, China e Irán los mantiene en la mira de la Casa Blanca bajo el nuevo pensamiento de seguridad nacional impuesto por Donald Trump para su país y el resto de América.
El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) analizó tres posibles escenarios para Nicaragua ahora que la dupla Ortega-Murillo no cuentan con uno de sus principales aliados ideológicos en la región.
Uno de los primeros cambios que ha notado este centro de pensamiento político sobre la actuación del régimen sandinista es que bajaron el tono ante el país norteamericano.
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Dictadura cautelosa, pero sin negociar
«Las relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos han tenido un giro silencioso desde inicios de año. Las conocidas y recurrentes diatribas de Daniel Ortega en contra del ‘imperialismo yanqui’ se han vuelto cada vez más moderadas, o ausentes. Tampoco se han efectuado mayores referencias públicas a las políticas migratorias de la administración norteamericana y el régimen se ha dispuesto a recibir sin chistar a los nicaragüenses deportados que ya suman más de seis mil».
Destacan el aumento de las exigencias que han hecho congresistas, senadores y el Departamento de Estado de EEUU en contra del régimen como la liberación incondicional de todas las personas presas políticas, que esta misma semana incluyó la sanción contra el jefe de la cárcel La Modelo, Roberto Clemente Guevara Gómez por su participación en la violación a los derechos humanos.
Aunque recordaron que en 2025 la dupla Ortega-Murillo reformó la Constitución política de Nicaragua para asegurarse una sucesión dinástica, terminó de suprimir la independencia de los poderes y consolidó la figura de Murillo, el nuevo escenario tras la captura de Maduro los pone en una situación frágil.
«Los acontecimientos en Venezuela provocaron un temor evidente en la cúpula orteguista; temor que se ha incrementado en la medida que avanza el tiempo y se extendieron las presiones a Cuba», resaltan. Al igual añaden que esa posible sucesión que entronizara a Murillo es cada vez menos probable tras lo ocurrido el 3 de enero.
Tres escenarios que se plantean para Nicaragua
Estos son los tres escenarios que plantea el Cetcam sobre lo que ocurrirá en Nicaragua:
«Una de las variantes es que la dictadura, pese a su carencia de legitimidad interna y externa, logra afianzarse en el poder y consolidar el control ejercido por Murillo -con o sin Ortega en la palestra- o por una figura designada por ella. En este marco, las tensiones y contradicciones dentro del orteguismo son contenidas, mientras el aparato represivo se mantiene como pilar de sostenimiento del régimen», como primer escenario.
Esto lo favorecería la falta de la presión internacional, que la oposición en el exilio no logre articular fuerzas para lograr una transición a la democracia, lo que convertiría a las elecciones presidenciales de 2027 en «una farsa», dijo el Cetcam. Sin embargo, destacan que este es el escenario menos probable que se dé en Nicaragua.
«Una segunda posibilidad podría ser el de una ‘transición’ controlada desde el régimen, sea por los propios Ortega-Murillo u otros de la cúpula orteguista, que impulsan ajustes al modelo totalitario, pero preservando sus intereses esenciales de impunidad y las fortunas acumuladas. La represión adoptaría formas menos brutales; mientras un sector de la oposición se adaptaría a estas condiciones, renunciando a demandas fundamentales y sometiéndose a concesiones parciales. En este contexto, las elecciones de 2027 se realizarían con cambios cosméticos en la legislación electoral y con la participación de fuerzas políticas previamente filtradas o toleradas por el régimen».
En este escenario, la comunidad internacional se haría a un lado, mientras que Estados Unidos buscaría buscar la interlocución con actores fuera de la dupla dictactorial, lo cual excluye también a miembros de su familia. Esto, llevaría al régimen a revertir su entrega de concesiones a mineras chinas, terminar convenios en materia de seguridad con Rusia e incluso dar concesiones estratégicas a empresas estadounidenses en proyectos como el canal interoceánico, hasta ahora entregado a empresas chinas.
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El escenario más deseado y el más difícil
El Cetcam añade un tercer escenario que considera como «el más acorde con las expectativas y deseos de la mayoría de la población nicaragüense», que permitiría avanzar hacia una verdadera transición democrática en la nación centroamericana con la participación de la oposición, la presión internacional y en especial de Estados Unidos que favorezca unas verdaderas elecciones libres y transparentes en 2027.
«Es difícil explicar las complejidades que implican cada uno de estos escenarios; pero es posible identificar los nuevos y viejos desafíos que plantean a lo que suele llamarse oposición nicaragüense, que en realidad, es un amplio y diverso espectro de fuerzas sociales y políticas, dentro y fuera del país. En el exilio, las organizaciones incluyen redes, agrupaciones político-partidarias, movimientos sociales y sociedad civil, entre otros; dentro del territorio, persisten grupos de ciudadanos en resistencia. En los dos ámbitos hay un poderoso potencial para articularse y actuar beligerantemente en el momento de una apertura, por mínima que sea», explicaron.
Añadieron que ante la diversidad de pensamiento en las fuerzas opositoras es difícil configurar en la actualidad un frente unitario que permita hacer frente a la hegemonía y el terror que desde 2018 impusieron Ortega y Murillo.
«En todos estos años y luego del desgaste que también han experimentado los actores de oposición, uno de los desafíos más significativos es conseguir reconocimiento y legitimidad de la ciudadanía representando sus demandas más sentidas, conectando empáticamente con sus preocupaciones cotidianas, transmitiendo la convicción de que solo en democracia es posible enfrentar esos problemas de la mejor manera. También es indispensable ofrecer a los funcionarios públicos, incluidos oficiales del ejército y miembros de la policía que no han estado
involucrados en violaciones de derechos humanos o actos de corrupción, que tienen un lugar en una Nicaragua democrática», plantearon.
Periodista Nicaragua Investiga



































