Diferencias en la oposición le restan credibilidad ante mayoría que definiría elecciones en 2021

Las constantes diferencias públicas que ha mostrado la oposición en Nicaragua desde el año 2018 afectan la confianza proyectada a la población.

Una encuesta realizada por Cid Gallup reveló que el 64% de los nicaragüenses no apoya a ningún partido político, y aunque la mayoría se encuentra en contra del gobierno de Daniel Ortega, las cifras obtenidas por los diferentes movimientos opositores revelan que hasta ahora ninguno se ha consolidado como una eventual fuerza política capaz de vencer al FSLN en 2021.

La situación empeora bajo el panorama actual, cuando el Movimiento Campesino y algunos líderes estudiantiles se han retiraron de la Alianza Cívica alegando falta de democracia en los procesos internos.

Para Marlon Fonseca Román, miembro de la Unión de Presos Políticos de Nicaragua, los resultados de la encuesta reflejan que las personas en los barrios, en las calles, no tienen confianza «en estos partidos políticos que siempre han tenido esa cualidad de ser pactistas».

Y asegura que los partidos «están en una competencia por espacio político, pero no un verdadero cambio».

Israel Lewites, autor de la novela «Que todo arda», confirma que la percepción actual del liderazgo opositor es negativa.

«La falta de capacidad para articular una propuesta unificada en contra de la dictadura genera frustración, desánimo y rechazo. Se siente como un montón de burócratas que lo único que pueden hacer es emitir comunicados que nadie lee» asegura.

Pero a pesar de la negativa, Lewites también destaca que existen buenos liderazgos asumiendo riesgos y que no es tan fácil lograr acuerdos entre grupos tan diversos donde muchos temen lo que pueda suceder tras la salida de Daniel Ortega del poder.

«El gran Capital teme que un ‘loco’ de izquierda asuma y le de por subir el salario mínimo, otros están seguros que el plan del gran capital es lograr un orteguismo sin Ortega, los sectores conservadores temen que si se descuidan en medio del desorden alguien va a aprobar el matrimonio igualitario, hay quienes no admiten un ápice de impunidad y otros que consideran la amnistía como una carta para lograr un aterrizaje suave. Es una torre de Babel en donde pierden de vista que lo peor que puede pasar es que la dictadura permanezca en el poder», analiza Lewites.

Aislar los intereses individuales

Una estrategia que parecía positiva hasta el momento es el establecimiento de la Coalición Nacional, la cual alberga a diversas organizaciones y partidos políticos surgidos tras la crisis de 2018.

Pero desde su establecimiento han surgido diversas discusiones que se han hecho públicas a través de comunicados, en los cuales se denuncian desde diversas partes la presencia de «acuerdos de cúpulas».

Leonel Aldana, autollamado ciudadano de a pie, considera que el error de la oposición se encuentra en la creencia de que unidad se refiera a una unidad electoral.

A través de una analogía explica que si 50 personas se encuentran dentro de un autobús, todos van juntos, pero no unidos, ya que cada quién va en rumbos diferentes, «entonces no se puede llamar unidad a estar juntos en un vehículo» y destaca que de igual forma sucede con cada sector de la oposición que tiene su propio interés.

Además rechaza como los planes actuales se basan en «una salida electorera y no en una salida política de fondo».

Por su lado, Fonseca asegura que la desconfianza en los nicaragüenses se ha agudizado con «las decepciones que han surgido desde el primer diálogo», al no cumplirse las expectativas de la población por centrarse en una estrategia de «aterrizaje suave».

Fonseca considera que la única forma de que la oposición se fortalezca es apartando los intereses individuales y «que exista un interés como nación».

Demandan mayor organización

Las diferentes voces de la población continúan, a más de dos años, demandando mayor organización por parte de los sectores que suponen representar a la oposición del país.

Aldana considera que «se ha perdido el grito de abril» y recuerda las palabras del estudiante Lesther Alemán durante el diálogo nacional «esta no es una mesa de negociación, es una mesa para que renuncie» y considera importante retomar las peticiones de ese abril de 2018.

«No se trata de concurrir con condiciones mínimas, se trata de concurrir a las elecciones con las condiciones máximas» y opina que eso incluye la exclusión de Ortega y Murillo de los próximos comicios, pues el negociar con el gobierno «define la imagen con que se perciben por el pueblo».

Las cifras de las encuestas destacan que la mayoría de nicaragüenses desaprueba al gobierno actual pero alerta sobre las divisiones que existen dentro de la oposición y la necesidad de un liderazgo representativo que acapare un buen porcentaje de apoyo nacional.

«La verdadera mayoría de este país estamos esperando por una propuesta organizada, valiente e incluyente que pronto deberá surgir» comparte Lewites.

Foto principal: Nicaragua Investiga

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