Dos inocuas moscas charlan en el opíparo banquete que se les obsequia. Lo malo es que, todo ese contenido insano, es lanzado a la calle desde las ventanas del poder, tal como lo hacían los habitantes de París en el siglo XVII y XVIII cuando no existían alcantarillas y no se conocía el origen bacteriano de las enfermedades. Más caricaturas en @lafitocartoon
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