El calvario de Olesia, la soprano de Niquinhomo

Olesia Múñoz fue de las últimas presas políticas en ser liberadas. Su imagen representaba una fuerza moral para la comunidad de Niquinohomo en Masaya, donde participó activamente en protestas y tranques que trataron de presionar a Ortega en los días más álgido de la crisis iniciada el 18 de abril de 2018.

Olesia se dedica a cantar el coro de su iglesia ya que goza de una voz privilegiada con la cual trató de consolar a otras presas en la cárcel «La Esperanza» a quienes desde la soledad de la prisión les cantaba cánticos cristianos para motivarlas y fortalecer su fe.

«Lo más triste que he vivido es el momento en que me capturan con toda mi familia, los niños, les apuntaron con las akas , no sé si o hicieron para fregar mi psicología, luego me trasladaron a Masaya y en Masaya fui brutalmente golpeada, me pusieron una bolsa en la cabeza y me abrieron las piernas a golpes y guardias hombres comenzaron a golpearme las partes de abajo de mis piernas», dijo Olesia en una entrevista a Nicaragua Investiga.

Olesia relata que los policías insistían en obligarla a confesar quien financiaba sus operaciones en Masaya y que la amenazaban con matarla e irla a lanzar al volcán Masaya.

«Al día siguiente me sacan de nuevo, me vuelven a golpear con un fajón y de ahí me arrancaron las uñas del dedo gordo», cuenta con nostalgia.

Olesia fue recluida junto a su hermana, aunque los oficiales se ensañaban más con ella porque era un rostro visible y una figura respetada y admirada en su comunidad.

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