El reciclaje, una alternativa de trabajo para muchas familias en Nicaragua

El desempleo y la carestía de la vida ha impulsado que más familias se sumen a este trabajo informal, que de acuerdo a los mismos recicladores no es reconocido como una actividad económica.

“Llegué desde que tenía 10 años al vertedero más grande de Centroamérica. Desde esa edad reciclo”, recuerda David Narváez, un nicaragüense que se ha dedicado a la recolección de materiales reusables desde su infancia.

“La Chureca” es el vertedero al que hace referencia y se localizaba a orillas del lago Xolotlán, en Managua, donde hoy funciona una moderna planta de reciclaje.

Narváez, quien también es fundador de la Asociación Red de Emprendedores Nicaragüense de Reciclaje (Rednica), sostiene que la situación actual del sector informal “cada día se ve más afectada” debido a que “hoy el capital, los grandes acopios le está comprando todo el material reciclado a las empresas que antes lo botaban y ahora lo venden, y eso ha venido a golpear la economía de la persona que mete la mano en la basura”.

Indica que actualmente la situación del reciclador es crítica debido a que el precio ha caído, incluyendo la chatarra, el cartón y el plástico. Y ejemplifica que el quintal de cartón actualmente cuesta 50 córdobas (equivalentes a $1.37) cuando hace cuatros años la pagaban a 230 córdobas, es decir $ 6.30; la chatarra, que la estaban comprando a 520 córdobas (equivalente a $14.23) ahorita la están pagando a 390 córdobas, es decir $10.68.

“Hay una situación difícil porque tenemos familias ahora, que antes no reciclaban y ahora reciclan, yo me he encontrado con familias que tenían su trabajo, ahora están en la calle con un saco con tres o cuatro niños detrás de su mamá o papá. No solo está la situación económica en términos de los precios sino un incremento de las personas recicladoras, las familias están sobreviviendo del reciclaje”, explica Narváez.

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“No existe un reconocimiento a la labor”

Un economista nicaragüense, quien pidió anonimato por temor a represalias del régimen, consultado por este medio de comunicación, coincidió con Narváez al asegurar que en el caso de Nicaragua “tenemos una situación crítica desde hace más de cuatro años” por la crisis sociopolítica y de la pandemia.

Este experto indica que el reciclaje surgió desde la década de los 90, como una actividad emergente al verse la posibilidad de hacer reciclaje de los diferentes materiales sea vidrio, plástico y papel. “Aquí hay un sector informal y sobre todo de subsistencia”, señala.

Asegura que existen tres niveles: el nivel más bajo son los pepenadores, son aquellas personas humildes, muchas veces casi indigente que no tienen otra alternativa que ponerse en contacto con los vertederos; el segundo nivel lo ocupan los intermediarios que son aquellos que compran un poco más caro el reciclaje a los pepenadores; y el tercer nivel son los grandes inversionistas que le compran a los intermediarios procesan el material reciclado y lo exportan.

“Se observa una situación sumamente paupérrima son los que están en contacto directo con la basura, se ven muchos niños, personas adultas o personas adictas, hay quienes comen de la basura”, destaca con asombro el economista nicaragüense.

Cabe mencionar que, aunque en Nicaragua no existen cifras oficiales de cuántas personas se dedican al reciclaje, un estudio realizado por Rednica en 2016 precisa que hasta ese momento había 13,500 recicladores, por lo que se maneja que al menos 25 mil familias estén sobreviviendo del reciclaje. 216 mil personas.

Enseguida, el profesional en economía insiste en destacar la necesidad de que esta labor sea reconocida, puesto a que en este sector informal no se habla de salario o remuneración, porque los recicladores tienen un ingreso económico variable que depende mucho de lo que lo recojan en el día.

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Una altertanativa

Afirma además que, como consecuencia de la crisis sociopolítica y económica del país, producto de la agudización de la represión por parte del régimen que ha cancelado más de dos mil organizaciones no gubernamentales en el país, la labor del reciclaje “le ha dado una alternativa a aquellas personas que se han quedado sin empleo”.

Este experto insiste en remarcar la importancia de la existencia de políticas públicas de reconocimiento de la labor del reciclaje, de la dignificación del reciclador de base, debido a que “actualmente los vemos sumergido en el olvido, no solo en términos económicos, sino en términos de salud, vivienda, derecho al trabajo como nicaragüense, el problema está en que no existe un reconocimiento a la labor del reciclador”.

Agrega que, es importante mencionar que la cooperación internacional ha promovido políticas públicas en función de dos elementos: proyectos específicos que promueve actores que recicla y en educación ambiental, debido a que considera que “los nicaragüenses no tenemos la separación de basura”, en cuanto al Estado de Nicaragua afirma que “hay algunas leyes ambientales están dirigidas a proteger al medioambiente, pero política pública para este sector de manera directa no hay, el Estado ha promovido la anarquía”.

“Nos queda la desvelada y la asoleada”

*Carmen, es una capitalina que apenas tiene cuatro años de haberse unido a este trabajo, paradójicamente empezó cuando en Nicaragua estalló la crisis sociopolítica y la represión contra los nicaragüenses, particularmente los jóvenes que no estaban de acuerdo con las medidas que intentó implementar la dictadura en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), donde los más afectados eran los ancianos.

Ella, hace año y medio adquirió un virus que produce el contacto directo de la basura, pues su trabajo consiste en reciclar cartón y botellas que vende semanalmente para llevar el pan de cada día a su familia, actualmente dice estar preocupada por la situación económica que agobia a todo este sector.

“Ahorita me ha ido mal, mal, pésimo, lo poquito que agarro ya lo invierto en la comida y ya. Le pedimos a Dios que se mejore esto porque solo nos queda la asoleada, la desvelada”, refiere Carmen con su rostro visiblemente agotado.

“Nosotros le llamamos trabajo, pero muchas personas no lo reconocen como trabajo, no es reconocido por la sociedad”, dice Julián, un nicaragüense de 47 años que se ha dedicado los 12 últimos años de su vida a convivir en los vertederos para reciclar, lo que para él tiene un gran significado “cuidar y proteger el medio ambiente” de Nicaragua.

En medio de las precariedades y limitaciones, Julián dice sentirse muy orgulloso de ser reciclador, porque afirma que a través de su labor “he sacado a nuestra familia adelante, porque actualmente hay pocas oportunidades para nosotros conseguir empleos en empresas o instituciones por nuestra edad y competencia”. Antes de ser reciclador se dedicaba a la construcción.

De comerciante a chatarrero

Desde hace 20 años, Rodrigo dejó de estar ofreciendo sus productos en el mercado a pasar en los vertederos de la capital, se levanta todos los días a las 4:00 de la madrugada, a veces ocupa su carretón para ir a botar basura en otras a chatarrear, pero manifiesta que en los últimos tres años ha entrado competencia a este sector de trabajo informal.

“Los que trabajan en las alcaldías recogiendo basura le quitan todo el pegue a uno, caminan ganando, caminan al mismo tiempo chatarreando. Antes uno comía bien, ahora con costo come los frijolitos. Aquí se ha vuelto muy difícil la situación en la cuestión de trabajo, muy poquito le pagan a uno”, sostiene con aplomo Rodrigo.

El economista nicaragüense, consultado bajo anonimato, recalca que, en la actualidad por el desempleo de medio millón de personas en el país, el reciclaje es una alternativa para “aquellos que no tienen la posibilidad de migrar o montar un negocio posiblemente anden en esa actividad económica”.

Insiste en mencionar que el indicador adecuado para conocer el nivel económico de los recicladores, es la canasta básica que anda más de 18 mil córdobas. “Estas personas a lo sumo cuando les va bien sacan entre 300 y 350 córdobas al día, al mes no cubren ni siquiera un tercio de la canasta básica, están en un nivel de subsistencia y pobreza extrema. Este sector es informal, está por debajo de la subsistencia”, concluye.

 

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