La «generación de cristal» versus el pasado destructor

Por naturaleza, los humanos somos seres autodestructivos, nos encanta comparar chicha con limonada -aunque esté comprobado que somos únicos- nos rebajamos, aceptamos y hasta nos creemos fervientemente lo que otros opinan, aún sin conocernos

La verdad no sé por dónde empezar, no será la última vez que opine sobre la famosa polémica generacional, los crueles errores quejándose de ideas y demostraciones de alteración para el bienestar común. Empero, digamos que la revolución industrial fue el boom de la humanidad, con el inicio del secuestro de la atmósfera, un sistema “educativo” para producir en masa y generar pensamiento de rebaño (aún vigente), a través de la “genialidad” tecnológica -no me quejo de tal avance-, pero en la mayoría de las escuelas no se cuentan los retrocesos generados por la gigantes fábricas, ni hablemos del consumismo adueñándose de todos, terreno que parece imposible recuperar.

Por naturaleza, los humanos somos seres autodestructivos, nos encanta comparar chicha con limonada -aunque esté comprobado que somos únicos- nos rebajamos, aceptamos y hasta nos creemos fervientemente lo que otros opinan, aún sin conocernos. Empero, también nos ayudamos unos a otros, nuestros genes se adaptan al cambio continuamente, caemos y nos levantamos más fuertes, buscamos el sentido de ser, etc. Lo malo es que, a mi parecer, se ha desbaratado más de lo que se ha progresado, cada vez más exploramos los lugares equivocados para encontrar problemas, antes que soluciones, aunque se puede avanzar sin dañar.

Los dinosaurios que controlan (o desvían) el curso de la existencia, dicen con seguridad que los contemporáneos somos débiles. Yo considero que no hay una «generación débil», pero sí han existido generaciones egoístas (autoproclamados “superhéroes”), prefiero nombrarlos egocentristas: han hecho paste el pasado y quieren lo mismo para el futuro, nos toca sobrevivir a este desastre heredado, mientras tratamos de reparar el planeta sin perder la vida en el intento. Por si fuera poco, quienes han desturcado el mundo, hoy les encanta tildarnos de “millenials, débiles, idealistas, locos” y mucho más. Me disculpan (los ofendidos), si no les gusta la jerga utilizada, ya no sé cómo referirme al jueguito de los “fuertes”, ya que la historia siempre ha parido mentes diferentes: Nikola Tesla (inventor) soñaba con llenar La Tierra de energía gratis y limpia, por ejemplo, Edison (explorador y plagiador) resultó más factible para la pandemia banquera y su constante propagación de mal, a conveniencia individual y dejando en último plano el bienestar de la sociedad.

No sólo existe una manera para cambiar, lo ideal también se puede crear. En nuestra realidad, la contraposición de los factores sí altera el producto. Walter Isaacson, en la biografía de Leonardo Da Vinci, plasmó estas sabias palabras: “A veces las fantasías son caminos que conducen a la realidad”, le doy toda la razón. ¿Qué opinás vos?

¿Le seguirán llamando exceso de optimismo?, ¿quién será el primero en aceptar la culpa?, ¿por qué no nos pasan la guitarra, si sus viejos sones ya no sirven? Bailame este trompo en la uña: nuestras ideas suenan mejor que sus pasos prehistóricos, paren las críticas destructivas, terminen su bacanal y salgan de la pista de baile, nos toca a los “débiles” trabajar para no heredar un desmadre a quiénes vienen detrás.

  • El autor está exiliado en Costa Rica. Es poeta inédito y apasionado por la Filosofía y Psicología. Twitter: @emmter718

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