La muerte de Carlos Fonseca Amador, consecuencia de lucha de protagonismo

El partido político que había creado fue dividido y los líderes de esas facciones empezaron a cuestionar su liderazgo, lo cual lo condujo a su muerte

 

El diputado sandinista Wilfredo Navarro se mofó recientemente en una entrevista a la cadena VOA, sobre la división que asegura existe entre la oposición contra Ortega y cuestionó las diferencias entre diversos grupos de la sociedad civil.

-«Mientras por un lado la oposición se está matando (…) se están sacando los pañales al sol, el Frente Sandinista cada vez se estructura y se organiza más de cara a las elecciones de 2021», dijo Navarro.

Sin embargo, la historia muestra que dentro del Frente Sandinista los inicios no fueron tan diferentes. Interminables luchas por el poder político y el liderazgo, enviaron a la muerte al fundador de ese partido, Carlos Fonseca Amador.

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Hoy los sandinistas conmemoran el 43 aniversario de su muerte, pero hay una parte trascendental de la historia que poco se ha contado. ¿Porqué Carlos Fonseca Amador ya con 42 años y una crítica miopía que lo tenía casi ciego, fue a las montañas de Zinica aquel noviembre de 1976 donde encontró su muerte?

La respuesta es que fue presionado por divisionistas dentro de su partido, y sí, entre ellos se encontraban los hermanos Ortega Saavedra.

Carlos Fonseca Amador fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, inspirado por la lucha de Sandino y luego de haber realizado un viaje a Moscú, donde conoció más a fondo los fundamentos del Carlos Marx.

Carlos Fonseca junto a Humberto Ortega en una conferencia de prensa. Foto: redes

 

No fue sino hasta en 1965 que se encontró con un joven; Humberto Ortega Saavedra, a quien le asignó la tarea de reclutar estudiantes de secundaria para unirse a la lucha armada que Fonseca ya organizaba en las montañas del país en contra de la Dictadura de Somoza. Humberto reclutó así a su hermano, un tímido y poco sociable Daniel Ortega.

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Fonseca logró reunir a cientos de guerrilleros, y entre bajas y emboscadas de la Guardia Nacional, el fundador del FSLN se fue replegando poco a poco. Fue a prisión varias veces, y logró su libertad gracias a la diligente intervención de su padre, Fausto Amador, quien era administrador de varias propiedades de la familia Somoza.

En 1969 fue a Costa Rica a realizar lo que solo llamó una «misión». En aquel país lo detuvieron y acusaron de haber asaltado una sucursal bancaria. Estaba preso en la cárcel de Alajuela, cuando un periodista del Diario La Prensa le entrevistó.

– Constantemente se ha dicho que no das la cara, que otros son los que luchan en primera fila. Que Julio Buitrago por eso te estaba tomando la delantera- señaló el periodista.

-Eso no es cierto. En El Chaparral estaba en primera fila y por eso fui herido. En Pancasán estaba peleando frente a frente, -contestó Fonseca.

Para esa fecha, el liderazgo de Fonseca empezaba a ser cuestionado, decían que no estaba dispuesto a arriesgar su vida y que solo ordenaba acciones que ponían en peligro a otros y no a sí mismo. Fue bajo esas protestas, que Fonseca decidió aceptar esa «misión» en Costa Rica, que terminó con su apresamiento.

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El  hermano paterno de Carlos Fonseca; Fausto, declaró a los medios que éste «estaba siendo presionado por otros compañeros de dirección para seguir consignas comunistas radicales», pues según contó, el líder sandinista en un determinado momento quería usar vías legales para sacar a Somoza del poder.

Las constantes ausencias de Carlos Fonseca caldeaban los ánimos internos dentro del FSLN. Otros integrantes del partido se erigían como nuevos dirigentes y tomaban más protagonismo.

Carlos Fonseca Amador, recurría a disfraces para evadir a la Guardia Nacional mientras se desplazaba por Nicaragua. Foto: Redes

Las tres tendencias del FSLN

Las cosas se agudizaron años después, cuando el fundador del FSLN logra salir de prisión a través de un canje político y es llevado a Cuba para evadir represalias del Gobierno de Somoza.

Él dirigía a distancia, mientras el control en Nicaragua lo asumía Óscar Turcios. El mando de Fonseca era más cuestionado entonces. Muchos pensaban que estar exiliado le restaba autoridad y el cuestionamiento sobre su liderazgo escaló. Fonseca estaba consternado, porque además de eso, el partido que había fundado fue divido en tres facciones, eso fue en 1975.

Estaba la facción Frente Sandinista Guerra Popular Prolongada (GPP) que abogaba por una guerra cruenta y a muerte en las montañas y zonas rurales del país poniendo al frente de la lucha a los campesinos. En esta tendencia los rostros más conocidos fueron Tomás Borge, Bayardo Arce y Henry Ruiz.

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El Frente Sandinista Proletario, se inspiraban en Fidel Castro y el Ché Guevara, pretendía politizar a los trabajadores y convertirlos al marxismo-leninismo para ponerlos al frente de un proceso revolucionario que culminara en la conformación de un gobierno socialista. Sus acciones se basan en infiltrar diferentes instituciones del Estado, sabotajes y atentados en ciudades. La encabezaban Jaime Wheelock, Luis Carrión y Roberto Huembes.

El Frente Sandinista Tercerista o insurreccional, por su parte, no creía que la lucha en las montañas fuera efectiva y trataba de mover la guerra a las ciudades e integrar a la lucha a lo que llamaban la pequeña burguesía, gente de la clase media. Esta facción fue más abierta, en términos de recibir a cualquier persona que se considerara opositor a Somoza y no discriminar en los detalles. En esa medida, logró más apoyo económico e internacional. El fundador de esta tendencia fue Humberto Ortega, y en ella se agrupó su hermano Daniel, y Víctor Tirado López.

De esta manera cada una obvió los estatutos y normas planteados en sus inicios por Carlos Fonseca y asumieron su propia interpretación de la lucha contra Somoza.

La llegada mortal de Fonseca

Padro Aráuz Palacios y Tomás Borge empezaron a cuestionar más duramente el liderazgo de Carlos Fonseca  y a generar ruido entre todas las facciones sandinistas sobre la continuidad en el puesto de máximo dirigente, a pesar de él haber fundado el partido.

«Los que habíamos subido en los años 75, 76, estábamos cuestionando la pasividad de la guerrilla, nos cuestionábamos entre nosotros, silenciosamente, porque era muy peligrosos, hacerlo muy en alto, mirábamos que la Guardia se nos estaba echando encima y que no actuábamos», relató al Programa «Mi Vida, Mi Historia», dirigido por la periodista Jennifer Ortiz, el ex combatiente sandinista Hugo Torres.

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Los divisionistas llamaron a Carlos Fonseca para definir su papel dentro de la lucha y fue así que bajo presión, Carlos Fonseca regresa de su exilio a Nicaragua para llegar hasta la montaña de Zinica en busca de Henry Ruiz, dirigente de la facción GPP del FSLN.

A esas alturas, la lucha era por liderazgo, cuenta el General en retiro Humberto Ortega, al programa «Mi Vida, Mi Historia».

«Es una división producto de muchas incomprensiones en cuanto a las posiciones de lucha a seguir, y también yo diría, luchas de poder dentro de nosotros, de liderazgo, porque ese Frente de 1969 a ese 1975, ya era otra cosa, ya el Frente tenía una proyección internacional muy grande», dijo Ortega.

Los dirigentes de las tres facciones se habían dado cuenta que llegaba financiamiento para la lucha y que ser el rostro popular de ese proceso bien podría representar grandes ventajas. Así que pretendían sacar de la jugada política a un envejecido Carlos Fonseca, luego que este diera vida a la organización.

«Carlos Fonseca sube a la montaña, lo cual era un atentado a su seguridad, él pecó como humano al dejarse llevar por la presión de los cuadros de dirección de las otras facciones del Frente que estaban cuestionando su liderazgo y al haber dado ese paso de tratar de propiciar esa reunión», relató Hugo  Torres.

Carlos Fonseca junto a varios de los integrantes del FSLN, antes de que estos se convirtieran en divisores del partido. Foto: redes

 

Henry Ruiz, dijo a Mónica Baltodano en su libro «Memorias de la Lucha Sandinista» que a él no le avisaron nunca que Carlos Fonseca llegaba a buscarlo a la montaña en la que él estaba internado y cree que todo se trató de una especie de complot para sacarlos a ambos de la dirección.

-«Mi opinión es que Carlos no debió haber entrado nunca… en el fondo lo que querían era colgar a Carlos allá en la montaña, y que ahí estuviera como yo, aislado, esa el la verdad», dijo el ex guerrillero.

Fonseca sabía que no estaba en condiciones de subir a un lugar tan inhóspito, pero su capacidad de liderar al Frente Sandinista estaba en duda. Subió a la montaña y el 8 de noviembre de 1976 encontró la muerte a manos de la Guardia Somocista.

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El mismo Anastasio Somoza ofreció declaraciones poco después del asesinato, cuestionando la decisión de Cuba de obligar a Fonseca a cumplir la demanda de sus divisionistas de ir en busca de la unidad.

«Los cubanos habían enviado a Carlos Fonseca en una actitud criminal a la muerte, porque era un hombre que sin anteojos estaba perdido y mandarlo a la montaña, equivalía en esas circunstancias, a querer deshacerse de él», dijo el dictador.

Carlos Fonseca había nacido con una miopía aguda y los médicos que advirtieron que si seguía leyendo iba a quedar ciego, pero él se negó a vivir sin aprender y siguió perdiendo la visión paulatinamente hasta llegar al punto de casi no ver nada en el momento de su muerte.

Daniel Ortega carga el féretro de Carlos Fonseca Amador, a quien su facción obligó a internarse en las montañas en difíciles condiciones. Foto tomada de: La Prensa/archivo

 

«Creo que ese fue un error muy grave de la dirigencia del FLSN de esa época, por haber cuestionado ese liderazgo, en medio de esas circunstancias siempre se dan pugnas de liderazgo, pugnas de poder que la final lo que nos dice es que somos seres humanos, llenos de pasiones con mezquindades  y a veces flatos de visión, porque haber obligado a Carlos Fonseca a  dar ese paso, significó haber perdido al principal referente de la revolución, político, ético y moral, creo que la historia a lo mejor hubiera tenido, una versión distinta con Carlos Fonseca vivo», reflexiona Hugo Torres.

En 1978, las tres facciones del FLN se unieron. En una estrategia astuta de Humberto Ortega, por quedarse con el liderazgo ante las disputas con Tomás Borge y Luis Carrión por tomar el cargo principal, deciden nombrar al tímido Daniel Ortega en lo que suponían sería una pieza de fácil manejo, pero su hermano terminó absorbiendo a las otras facciones y  haciéndose con el control absoluto del partido.

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