Nicaragua sin memoria histórica: El vicioso círculo de construcción y demolición de monumentos

En Nicaragua es latente una cultura de constante construcción y demolición de monumentos, lo cual dificulta la conservación física de la memoria histórica del país.

Al visitar el centro histórico de Managua, es común percibir cierta nostalgia por lo que alguna vez fue, y ahora varios de esos espacios han quedado limitados a ser recordados por fotografías o a través de una maqueta.

Madelyn Pérez, arquitecta y experta en temas de patrimonio, considera que este fenómeno se debe a que existe una inquietante búsqueda de identidad, sobre todo del Managua, que no le permite apropiarse de las fechas y momentos históricos.

Millones a la basura ¿ o a los bolsillos de Ortega?

Los monumentos en los espacios públicos suponen ser un registro de esos hechos históricos, pero al no existir un registro, las administraciones locales se apropian de esos espacios para sus propios intereses.

“Los gobiernos de turno se aprovechan de la visión que como ciudad hemos tenido, es un trabajo conjunto, porque no hemos tenido una buena gestión, pero tampoco hemos tenido una visión como nicaragüenses”, asegura Pérez.

Por ello es que se han construido y quitado tantos monumentos, los gobiernos de turno aprovechan la falta de interés, y esto no ha dado un tiempo prudente para realmente apropiarse de esos espacios “ya te estabas enamorando del lugar y luego lo quitan, entonces ya no es tuyo, ya te lo cambiaron, y cuando lo hacen naturalmente las rechazamos”.

La rotonda Hugo Chávez es considerada un punto de referencia en Managua. Foto: Nicaragua Investiga

Este rechazo es lo que según Pérez se denomina como “abandono subconsciente”.

“El abandono es el principal deterioro y daño que puede tener un monumento” comparte la experta.

Y agrega que es similar a lo que sucedió con la concha acústica, no fue sino hasta que ya se vio la necesidad de que no la demolieran, que se le volvió a brindar atención a esta pieza, pero antes de ese momento se mantuvo en el olvido.

Por lo que la conservación depende no solo de las autoridades, sino también de los ciudadanos.

Una historia estancada

Uno de los principales problemas en la historia nicaragüense es que esta se ha quedado estancada en un único momento, la revolución.

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“Nos hemos quedado estancados en el eterno duelo” menciona Pérez, y también destaca que “esa eterna conmiseración y victimización como nicaragüenses nos está llevando a estancarnos”.

Muchos de los monumentos que se han desaparecido ha sido por motivos políticos, y al final esto solo dificulta que las personas conecten con estos elementos identitarios.

El arquitecto y experto en temas culturales, Bismarck Martínez, comparte que los políticos “conocen el poder que tiene el símbolo de una pieza de arte”, por ello no es la primera vez que un gobierno desaparece algo que no vaya acorde al discurso que desea instaurar.

“Cualquier pieza de arte o patrimonial que vaya en contra del discurso no es bienvenida, por eso nuestra tarea es poder reservarla” destaca Martínez.

Además, la constante demolición y construcción de monumentos, no solo afecta la memoria histórica y la identidad social, sino que también representa grandes costos para el país.

Martínez destaca que los patrimonios son una importante fuente de ingresos en países europeos, donde los espacios no son abandonados ni destruidos, sino que, al contrario, son restaurados y aprovechados para el turismo.

La vieja catedral de Managua es uno de los pocos edificios que han quedado de la antigua capital. Foto: Nicaragua Investiga

Nuevos espacios de valor tras protestas de 2018

Durante las protestas de abril se ocuparon diversos espacios que ahora se han convertido en lugares que narran los fuertes acontecimientos de 2018.

Espacios como la iglesia de la Divina Misericordia, o las casas que fueron abandonadas por los exiliados, ahora encierran en sus paredes un nuevo valor y cuentan nuevas historias.

Y aunque hay personas que se identifican con estos nuevos espacios y otras que no, esto no significa que estos deban ser destruidos.

La iglesia de la Divina Misericordia habla de la brutal represión estatal contra opositores y la misma institución católica. Foto: Nicaragua Investiga

“La historia es la historia, y hay momentos que sean para bien o sean para mal, son parte de nuestra esencia” asegura Pérez.

Por lo que, en un momento de profunda polarización política, aún es incierto conocer que sucederá a día de mañana con todos estos nuevos monumentos, o con los que fueron construidos por el actual gobierno.

¿Deben borrarse ciertos elementos?

Durante las protestas de abril, miembros de la sociedad civil derribaron y quemaron varios árboles de la vida como símbolo de protesta, tal y como sucedió en los 70 con la caída de la estatua de Somoza.

Dichas acciones fueron un simbolismo del rechazo a la postura impositiva y autoritaria de la gobernanza actual.

Sin embargo, Pérez alerta que no por ello deberán ser eliminados todos los monumentos.

“Sería una tragedia que por el hecho de haber sido utilizado el monumento Alexis Argüello, este se botara, porque entonces ¿dónde queda lo que significó él como gloria del deporte nicaragüense?” advierte.

Asegura que como sociedad “no hemos logrado una madurez creativa, una madurez donde reconozcamos el arte, donde reconozcamos incluso que hay cosas que duelen que es importante mantenerlas, sino no existiría un campo de concentración como Auschwitz”.

Los árboles de la vida fueron incendiados en varios puntos de Managua durante las protestas antigububernamentales. Foto: Nicaragua Investiga

Y recuerda que incluso la antigua Catedral de Managua, es un “monumento a la muerte”, ya que en ella se refleja la hora exacta en que murieron muchas personas, sin embargo, se conserva por el mismo valor sentimental que carga.

“La arquitectura no es solamente una maqueta para admirar, es ver, escuchar, sentir, palpar tu historia, no solo es el cuento, sino también el estar ahí y poder revivirlo” destaca.

De igual forma, Martínez señala que sería “atroz” que alguien destruyera en un futuro estos lugares “por el hecho de querer borrar esa parte de la historia”.

Considera que las sociedades deben de exhibir sus cicatrices y recordarlas, y siempre contextualizarlas, porque si no, “nos volvemos huecos”.

“Obviamente el dolor se conecta, pero desde el conocimiento científico, sociológico, desde las investigaciones culturales, artísticas y patrimoniales, se puede definir a qué se le puede dar valor patrimonial” agrega Martínez.

Y comparte que lo ideal sería pensar “¿qué memoria le vamos a dejar a nuestras futuras generaciones?”

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