Más de ocho iglesias han sido profanadas en las últimas semanas

En las últimas semanas los templos católicos han venido siendo objeto de profanación por personas desconocidas.

El hecho que más ha consternado a los nicaragüenses fue el «acto terrorista» que dejó en ruinas y calcinada la capilla de La Sangre de Cristo que esta en el interior de la Catedral de Managua.

El atentado ha sido calificado como «delicuencial» por Waldemar Stanislaw Sommertag, nuncio apostólico en Nicaragua.

Stanislaw Sommertag ha pedido una «investigación seria, cuidadosa y transparente» a la Policía Nacional.

Pero las investigaciones han seguido el dictamen anticipado de la vocera del gobierno, Rosario Murillo, quien aseguró que fue por una veladoras.

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Los ataques no han cesado después del ataque a la Catedral, pues en menos de 72 horas hubo al menos dos actos de profanación en diferentes puntos del país.

El 2 de agosto un hombre desconocido rompió la urna de Jesús en la parroquia Santa Rosa de Lima, en León. Antes de salir huyendo el sujeto lanzó una piedra cerca del sacerdote que oficiaba la misa.

Ese mismo día una persona desconocida entró a la Iglesia La Asunción en Ocotal y se robó el Cirio Pascual.

«Con mucha tristeza constatamos nuevamente el reiterado irrespeto y profanación de la Santa Eucaristía, así como el terrorismo y el constante asedio a diversos templos católicos en fechas recientes«, reveló este 3 de agosto la Arquidiócesis de Managua.

El sacerdote Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel, de Masaya, ha dicho firmemente que se tratan de «ataques dirigidos, escalonados a nuestros templos católicos«.

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Ataque a templos en comunidades

El 29 de julio, un sujeto, aún sin identificar, profanó la capilla Nuestra Señora Perpetua del Socorro, ubicada en la comunidad Los Brenes, en Nindirí, Masaya.

«Dicho acto fue realizado con saña y odio pues no solo robaron la custodia y el copón, sino que quebraron imágenes, ultrajaron el sagrario, pisotearon las hostias, quebraron bancas, ocasionaron daños a muebles puertas y tubería y no bastándoles con estos ultrajes, hicieron sus necesidades fisiológicas sobre lo que pudieron», denunció el párroco Jesús Silva.

El 25 de julio, el párroco Pablo Villafranca, de la capilla El Carmen, del templo Nuestro Señor de Veracruz, denunció el sacrilegio y robo ocurrido la madrugada de ese día.

La alcancía del santísimo y la virgen estaban totalmente destruidos, y el Sagrario profanado y tirado en el piso.

El 13 de julio un hombre entró a la Catedral de Jinotega y sustrajo uno de los ángeles de plata de la capilla.

La Diócesis de Jinotega divulgó un video en las redes sociales donde se visualiza el hombre que cometió el robo mientras los feligreses estaban rezando el rosario.

El 30 de junio el sacerdote José Iván Centeno denunció un robo en el templo católico Nuestra Señora de Fátima, ubicado en el municipio de Wiwilí, Nueva Segovia.

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El 13 de abril fue profanada la parroquia Inmaculada Concepción de María, ubicada en la comunidad Los Brasiles.

Los autores de la profanación cometieron el sacrilegio de decapitar la imagen de la virgen y la de Cristo crucificado, fue manchada con pintura blanca.

Impunidad policial

De todas las profanaciones y robos que ha venido sufriendo la Iglesia católica, solamente hubo un detenido, quien fue Félix Martin Martínez.

«Con respecto al robo en el templo católico, el jefe policial dijo que la denuncia sobre el hecho fue puesta a través del número telefónico 118 el 13 de abril a la 1 de la tarde», reveló el Comisionado General, Sergio Gutiérrez, Segundo Jefe de la Policía de Managua a los medios oficialistas.

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La Iglesia católica ha tenido tensas relaciones con el gobierno del presidente Daniel Ortega después de la represión estatal de abril de 2018.

Los sacerdotes estuvieron en desacuerdo de la forma de cómo operó la policía y paramilitares. Paralelamente, fueron testigos y mediadores en el Diálogo Nacional.

Los templos fueron centros refugios para los jóvenes que eran perseguidos o intentaban salvaguardar su vida, así fue el caso del ataque sin piedad a la parroquia Divina Misericordia, lugar donde permanecieron jóvenes, periodistas sacerdotes bajo más de 12 horas de ataque.

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