Periodistas de La Costeñísima temen correr el destino de otros medios clausurados en Nicaragua

BLUEFIELDS, NICARAGUA – A las cinco de la mañana Kalua Salazar, jefa de prensa de La Costeñísima, una emisora del Caribe Sur de Nicaragua, se prepara para una nueva jornada de trabajo. Temerosa, camina rápido hacia su centro de trabajo para dar inicio al noticiero.

Las últimas semanas no han sido del todo buenas para esta periodista, después que trabajadores del gobierno la acusaron de supuestas injurias y calumnias. Patrullas policiales y civiles se apostan continuamente en las afueras de la emisora.

Kalua es la segunda periodista que ha sido demandada en La Costeñísima. Sergio León, fundador de la radio fue el primero, pero el proceso judicial no avanzó porque en junio de este año murió tras contagiarse de COVID-19.

“Lo mataron finalmente. El estrés y persecución lo convirtieron en una persona muy enferma”, lamenta Kalua, quien no duda en responsabilizar a agentes del gobierno por agravar la salud de su fallecido jefe.

La Costeñísima representa mucho para los habitantes del Caribe Sur de Nicaragua, a 300 kilómetros de Managua, por la diversidad con la que cuenta en su información. Sus noticieros son transmitidos en español, pero también tienen varios programas en dialectos indígenas, como misquito y rama kriol, para llegar a las comunidades de la zona.

A las 5:30 de la madrugada inicia operaciones este medio con un noticiero que es escuchado religiosamente por los lugareños en los mercados, tiendas y sobre todo en los hogares de las comunidades indígenas y afrodescendientes.

La emisora se encuentra en una zona casi céntrica de la ciudad. Su fachada da la impresión de que se trata de una casa particular. “Por temor, don Sergio nos ubicó aquí”, dice la jefa de prensa.

Historia de La Costeñísima

Según los familiares y amigos de Sergio León, éste vio la necesidad de formar un medio de comunicación independiente que llenara las necesidades de las comunidades indígenas.

“Acá estaban solicitando un medio de comunicación independiente que velara por sus derechos, pero que además llevara esas voces a las comunidades y se pudieran exponer a un ámbito más amplio. Que se llevara una agenda local, regional y nacional”, explicó Kalua.

La Costeñísima se expandió en 2016 a la televisión e Internet.

“Fue un salto bien importante porque ya no era solo una radio comunitaria, sino había televisión y eso nos ayudaba de alguna forma llevar la voz a más lugares y poder de alguna manera que, la Costa Caribe sea tomada en cuenta”, dice Ángel Castillo, trabajador del medio.

Actualmente hay 10 personas trabajando en la emisora. La mayoría son mujeres. Muchos de ellos ven como una familia a La Costeñísima.

“Todos se han formado aquí. La radio ha sido nuestra escuela, nuestra casa. Hemos aprendido de todo un poco en coordinación de don Sergio, quien luego de dos meses no está con nosotros. Continuamos con esa labor que con tanto amor y paciencia nos dejó”, añade Castillo, trabajador de La Costeñísima TV.

Ataques contra La Costeñísima

Pese al crecimiento y fidelidad de la audiencia, este medio ha sufrido asedios, campañas de desprestigio, y amenazas de muerte a sus reporteros. Según sus colaboradores, las acciones gubernamentales son una represalia por informar de la crisis sociopolítica que, estalló en abril del 2018 y por el brote del nuevo coronavirus que el gobierno intentó minimizar.

“Desde 2018 nos venían asediando, pero luego con lo del COVID-19 abrimos cancha (espacio en la radio) a médicos y profesionales y todo se recrudeció”, rememora Kalua.

Los periodistas temen que este medio tenga el mismo final que el Canal 100% Noticias y Confidencial, los cuales fueron clausurados en diciembre de 2018, meses después de las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega.

De hecho, ven el mismo patrón que precedieron las confiscaciones a dichos medios: patrullas policiales, amenazas y agresiones.

Los periodistas señalan que en Bluefields, ciudad donde opera La Costeñísima, “se ha roto” el límite de respeto hacia los periodistas, pues uno de ellos fue asesinado de un balazo en la cabeza cuando transmitía en un Facebook Live las protestas antigubernamentales de 2018.

Kalua y el resto de los reporteros han recibido amenazas de números desconocidos a sus teléfonos personales, y a las mismas redes sociales de La Costeñísima, donde les advierten que de seguir informando como lo hacen pasarán a manos del estado.

“Tras el asesinato de Ángel Gahona esto vino a recrudecerse porque ya se había roto esa línea donde había un derecho y como esa línea se había roto, venía la represión hacia el medio, con el fin que, con esta crisis económica y política, el medio cerrara por miedo e intimidación de la policía”, dice Kalua, quien considera que si este medio desapareciera la población quedaría a expensas de la propaganda oficialista.

La periodista independiente Neyda Dixon, comentó a VOA que La Costeñísima representa una voz para la ciudadanía, y cuenta que en muchas ocasiones los pobladores en vez de poner denuncias ante las autoridades lo hacen a través de este medio.

“Actualmente La Costeñísima es como un medio vanguardia. Es donde la gente denuncia, se informa y es un medio abierto. Si desaparece sería algo muy lamentable”, dice Dixon.

La misma opinión tiene Ángel Castillo que lleva años trabajando en dicho medio. “Yo no me veo trabajando en otro lugar. Aquí he estado y estaré hasta donde se pueda”.

Gobierno de Ortega sostiene que hay libertad de expresión

No obstante, los funcionarios del gobierno del presidente Daniel Ortega insisten en que hay libertad de prensa en Nicaragua. Incluso los diputados oficialistas han dicho que lo que realmente hay “es libertinaje”.

Uno de ellos es el diputado Luis Barbosa, quien dijo a la Voz de América que en Nicaragua se abusa de la libertad de prensa y cuestiona lo que llama “parcialidad de los medios”.

“Aquí dicen lo que quieren los medios y nadie les dice nada. Dijeron en una ocasión que el presidente había muerto y no era cierto. Se dice de todo y después dicen que no hay libertad”, señaló Barbosa.

La VOA intentó solicitar una entrevista con Nahima Díaz Flores, nueva directora del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), pero ni siquiera se le permitió la entrada al edificio estatal.

Organizaciones de periodistas en Nicaragua han advertido de una nueva ola de ataques contra los medios de comunicación en el país. Después de 2018 más de 40 reporteros se fueron al exilio.

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