El poliamor en Nicaragua: Relaciones afectivas más allá de dos personas

El poliamor es uno de los modelos que hace referencia a la relación con varias personas a la vez, en un contexto donde todas las partes involucradas son conscientes de la situación. Para los poliamorosos, la pareja no es el eje central para intercambiar conductas afectivas e íntimas.

La monogamia heterosexual es el modelo relacional predominante en la sociedad y Nicaragua no es la excepción. Sin embargo, existen otro tipo de relaciones amorosas que se han venido popularizando en la actualidad que rompen totalmente con el esquema planteado por esta.

El poliamor es uno de los modelos que hace referencia a la relación con varias personas a la vez, en un contexto donde todas las partes involucradas son conscientes de la situación. Para los poliamorosos, la pareja no es el eje central para intercambiar conductas afectivas e íntimas.

Este tipo de afectividad no-monógama tiene diversas clasificaciones en dependencia de los criterios consensuados por las partes. Estas pueden ser jerárquicas, es decir qué hay una relación central y luego un conjunto de relaciones secundarias; puede tratarse de una polifidelidad, donde las relaciones íntimas están reducidas a un círculo y fuera de este el contacto sexual no está permitido; o de una anarquía relacional, en la cual las personas involucradas no cuentan con ningún tipo de restricción.

¿Infidelidad?

Este tipo de dinámicas no están relacionadas con las infidelidades, pues en estas todo vínculo ha sido previamente consensuado. Aunque en Nicaragua no son un fenómeno común y de hecho es más recurrente que existan parejas “monógamas” que tienen relaciones fuera de esta sin consentimiento previo de la otra parte según refieren expertas consultadas.

La socióloga Martha Munguía reconoce que lo más alejado a la monogamia, y que más se conoce y acepta socialmente en el país, son las parejas en donde una de las partes tiene a la vez otra relación pero no por algo acordado.

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Aunque agrega que en algunas épocas se conoció de grupos que tenían relaciones con dos parejas a la vez. Esta práctica es conocida como swinging o intercambio de pareja, la cual a diferencia del poliamor se limita a un tiempo determinado.

“Ser humano es anti-monogamia”

Expertos se han dedicado desde hace varios años a estudiar los patrones de relación del ser humano y estos han concluido en que ni la biología ni la antropología sugieren que la monogamia sea un estilo de vida natural, por el contrario, el psicobiólogo David Barash establece en su libro El mito de la monogamia que “la biología humana tiende por naturaleza a la poligamia”.

La sexóloga Auxiliadora Marenco coincide en que “el ser humano es anti monogamia” pues sostiene que el amor o el enamoramiento dura muy poco. “En la teoría se dice que lo más que dura es dos años y posterior a eso comienza a caer o a transformarse en un amor más realista o menos romántico, entonces en ese momento que no estés listo de vivir ese amor menos hormonal caes en la tentación de perder el entusiasmo del enamoramiento y caer en la rutina”.

Munguía comparte que la monogamia que ha existido en la historia de la humanidad es ante todo un diseño patriarcal “que ordenó así las relaciones porque se tenía que definir claramente de quién eran los hijos, porque en dependencia de eso iba a ser la distribución de la herencia de todos los bienes”.

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La pareja se institucionaliza ya que de esta vendrá la familia, se heredan los bienes y se asegura la continuidad del “orden social”. Además, también entra en juego el control de la religión a través de la monogamia, las cuales prohíben modelos fuera del matrimonio tradicional.

Por otro lado, influye el constructo social en donde las mujeres son vistas como “castas” y en cambio es celebrado el hecho de que un hombre estando en una relación monógama tenga otra pareja. Socialmente las relaciones desiguales son aceptadas, reprimiendo una parte y celebrando a otra.

Poliamor en la práctica

Marenco considera que “los seres humanos somos bien complejos” y por la forma en que se ha enseñado la idea del matrimonio esto conlleva a errores como creer que este “nos da una carta de posesión, de propiedad, de la otra persona”, entonces cuando la pareja mira a otra persona “entramos en pánico de que nos roben la propiedad y en vez de razonar o de ver qué está pasando o de llamar la atención para que el otro caiga en la cuenta, atacamos y se arman juegos de competencia o de poder”.

Para la especialista, “por muy liberal que sea el pensamiento, en el fondo nadie quiere compartir lo que es su propiedad, y en algún momento puede funcionar y en otro se puede perder el control y terminas peleando”. Considera que estas decisiones a veces pueden tomarse en un momento en que no se está emocionalmente preparado para manejarlo y al tener intercambios de parejas se pueden generar presiones.

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“Cómo somos moldes de viejos esquemas, a nivel de civilización y de modernismo podemos crear nuestras hipótesis, nuevas posibilidades de relación, pero el molde siempre permanece porque tiene siglos de existir entonces termina siendo un debate entre lo que vos queres cambiar y lo que ya está hecho, a veces se logra a veces no” detalla.

La sexóloga considera que “vivir un amor pluralista es una utopía” pues siempre existen posibilidades de celos, conflictos y separación; pero al mismo tiempo insiste en que “los seres humanos por naturaleza no somos monógamos, el sexo te impulsa a acercarte a lo que te gusta, el que decide es solamente uno, porque ese es tu compromiso y está manipulado en el altar y las buenas costumbres”.

Este resulta un tema polémico tanto en el ámbito de la sociología como en la psicología, y el problema es que existen limitados estudios sobre si el poliamor garantiza la eliminación de problemas que se dan en las relaciones monógamas. Al menos desde los estudios de género, este ha servido para cuestionar el tema del amor romántico y demostrar que las relaciones de pareja son socialmente aceptadas por motivos de poder.

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