Así se preparan los talleres de juguetes de madera en Monimbo para la purísima

Desde las 7 de la mañana cuatro artesanos se encuentran en pie de lucha dándole vida a su taller de juguetes de madera en Monimbó. Los clientes aumentan sus pedidos al acercarse la temporada navideña, sobretodo por la tradicional Gritería.

A 20 km al sur de Managua se encuentra el departamento menos extenso y más poblado del país, Masaya y sus 9 municipios, con la cabecera departamental del mismo nombre y ubicada a 29 km de la capital.

El departamento de Masaya, conocido como la Ciudad de las Flores, es también referencia por ser la cuna de artesanos humildes y trabajadores que día a día laboran en madera, cuero, barro, telas y piedras dando forma a magníficos artículos que son admirados tanto por clientes nacionales como extranjeros.

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De Masaya se destaca la arquitectura y en particular la religiosidad, la producción artesanal, la danza, la música de marimba, sus fiestas patronales y tradicionales, su gastronomía y por supuesto su gente, personas con un alta grado de sensibilidad y creatividad artística, laboriosos, creadores y también hacedores de los saberes y prácticas culturales.

Carlos Manuel López Palacios, un monimboseño de 40 años de edad que por circunstancias de la vida desde muy niño se dedicó a las manualidades y a la artesanía, sobre todo con el trabajo de la madera haciendo juguetes característicos de Masaya y de las celebraciones religiosas de la Gritería en Nicaragua, nos relata la jornada de un artesano y la importancia de su profesión en temporadas altas.

Aunque la venta de juguetes de madera como camiones, caballitos, carruseles, palomitas y carretillas – artículos que elabora- mantienen su demanda durante todo el año, principalmente en los mercados de referencia del país; en diciembre las ventas incrementan significativamente por lo cual los artesanos redoblan sus labores en el taller.

Desde las 7 de la mañana Carlos junto a otras cuatro personas se encuentran en pie de lucha dándole vida a su taller de juguetes de madera en Monimbó. Los clientes aumentan sus pedidos al acercarse la temporada navideña, sobretodo por la tradicional Gritería que se celebra en todo el territorio nacional. Es la temporada de mayor demanda para los artesanos.

De acuerdo al trabajo de Carlos, los costos de los productos van desde C$45 córdobas hasta C$250. En este taller se pueden hacer encargos al por mayor o al detalle. Las entregas de pedidos se hacen entre el 28 de noviembre y el 6 de diciembre.

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Por ser trabajos propios y representativos de los pueblos, los artesanos trabajan por producción, lo que equivale a jornadas laborales largas o cortas, en dependencia de la temporada y la demanda del producto. En este caso, Carlos, un hombre casado y padre de dos hijos, asume junto a sus trabajadores el volante del taller desde las 7 de la mañana, y finaliza entre las 7 y 9 de la noche.

«Como son talleres artesanales los muchachos entran a las 7 de la mañana, pero no hay horario de salida, lo más noche hasta las 9, porque es una temporada alta. Pero si quieren llegan a las cinco de la mañana porque también se trabaja por producción», dijo Carlos.

¿Cómo nace este taller de juguetes de madera en Monimbo?

Hace 37 años, Manuel Lopez Pavón (q.e.p.d), padre de Carlos, fundó el taller de juguetes de madera situado del «calvarito de Monimbó media cuadra al oeste», uno de los barrios más pintorescos y tradicionalistas de Masaya. La idea creció a partir de un interés económico y necesario de crear productos representativos de la ciudad para no perder su identidad.

Con el pasar de los años, el negocio de don Manuel pasó a ser trabajado por la familia, una herencia que permitió a su fundador hasta sus 69 años de vida, sacar adelante a sus siete hijos, de los cuales dos hoy trabajan en el taller y echan andar las enseñanzas de su padre.

Los primeros juguetes en crear fueron «carritos, palomitas, machetitos, bates», los cuales  se comercializaban, inclusive por vendedores ambulantes en las fiestas patronales del país, pero jamás se han visto exhibidos o a la venta en la vitrina de una juguetería o de una tienda en un centro comercial.

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Durante más de 10 años, el taller presentó sus productos en ferias internacionales en los países hermanos de Honduras, Costa Rica y Panamá, lo cual representó un alto alcance en ventas. Pero con el estallido social y política de 2018, y posterior con el inicio de la crisis sanitaria mundial provocada por la COVID-19, las ventas redujeron rápidamente.

En este taller se utiliza la madera de aceituno por su secado fácil y rápido al aire libre. Según Carlos, esta materia prima facilita el trabajo del artesano por su peso y textura, ya que rápidamente absorbe los colores que utilizan para darle el toque protagónico al producto como es el color rojo, amarillo y verde. Así finalmente el «decorado agarra un color vivo y llamativo».

«Nosotros como pequeños artesanos en juguetes de madera esperamos a la clientela que busca comprar estos productos para su purísima o para cualquier otro regalo a los niños», agregó el artesano.

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