Retomar las calles, la tarea de alto riesgo de la oposición

El 28 de septiembre de 2018, el gobierno de Daniel Ortega declaró “ilegales” las marchas, luego de enormes manifestaciones que pusieron en jaque su gestión.

“Responderán ante la justicia, las personas y organismos que convocan a estos desplazamientos ilegales, desde los cuales se han promovido y se intentan promover, acciones delictivas destructivas y criminales”, señala la nota de prensa de la Policía que fue circulada por medios oficialistas.

El anuncio fue considerado como violatorio de los derechos humanos y de la misma Constitución Política que establece la libertad de reunión, manifestación, expresión y circulación a los ciudadanos.

La CIDH consideró que le medida “inhibe el ejercicio de derechos inherentes a una sociedad democrática”.

Desde entonces, Nicaragua se encuentra bajo un estado policiaco que responde con premura a cualquier llamado a la manifestación y ejecuta medidas represivas que han mermado las convocatorias opositoras.

Para la oposición no ha sido posible volver a llenar las calles y algunos sectores creen que esta es la única forma de ejercer presión interna y obligar a Ortega a negociar una salida pacífica y pronta a la crisis sociopolítica.

Recientemente el comentarista político Jaime Arellano y el consuegro de Daniel Ortega, Dolores Blandino, llamaron a una manifestación para el 25 de febrero, fecha histórica cuando se cumplen 30 años de las elecciones libres y transparentes que llevaron al poder a Violeta Barrios de Chamorro y acabaron con una década de guerra.

“Las marchas no se pueden parar”, dijo Arellano, y explicó que esta convocatoria persigue exigir la liberación de al menos 61 manifestantes que continúan detenidos y que ahora “sienten que no estamos haciendo el mismo esfuerzo que se hicieron por los otros presos políticos para su liberación”.

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Arellano explicó en rueda de prensa que retomar las calles es una necesidad y que a pesar del asedio policial es posible si “todos los departamentos y municipios” hacen manifestaciones al mismo tiempo, porque eso desbordaría la capacidad represiva del Gobierno.

“El pueblo ha demostrado que tiene la valentía, el coraje y la imaginación para hacer esto (llenar las calles)”, dijo Arellano.

El derecho a la manifestación fue cercenado a los nicaragüenses en septiembre de 2018 con una prohibición policial. Foto: Nicaragua Investiga ©

Murillo no da tregua a las marchas

Poco después de su conferencia, Arellano y Blandino estaban rodeados de policías en sus casas y tienen la orden de no salir bajo ningún argumento, por lo que llevan tres días bajo encierro.

Rosario Murillo advirtió durante la retoma de posesión del General Julio César Avilés como jefe del Ejército, que no permitirán que “se altere la paz nuevamente”, asegurando que un intento como este, en alusión a las marchas, sería “tocar a Dios con las manos sucias”, por lo que está claro que a pesar de lo mal que se vea a nivel internacional, para los Ortega-Murillo es importante no volver a tener manifestaciones masivas al precio que sea.

El fin de semana Dolores Blandino, padre de la pareja de Juan Carlos Ortega, la ex influencer de moda Xiomara Blandino, pidió por medio de sus redes sociales a Monseñor Silvio Báez orar por él y por Arellano, ante las amenazas claras de sus familiares políticos.

“Posiblemente el lunes (hoy) nos envíen a una celda, nos han pedido que depongamos el llamado a manifestarnos”, indicó el empresario.

La experta en seguridad Elvira Cuadra, considera que el gobierno ha impuesto “un estado de excepción de facto” y reconoce el valor de la ciudadanía que a pesar de los altos niveles de represión, han continuado acciones de protestas, aunque sean “más pequeñas y microlocalizadas”, pero que mantienen vigentes las demandas de justicia y libertad.

Los estudiantes han sido uno de los sectores más activos, improvisando métodos de protesta en medio de la represión. Foto: Nicaragua Investiga ©

El precio de retomar las calles

Sin duda alguna, bajo el contexto actual es innegable que hacer un esfuerzo por retomar las calles tendría un costo enorme; más presos políticos, heridos, perseguidos, e incluso muertos ¿vale la pena asumir el riesgo?

La activista Madeline Caracas considera que sin duda, la manifestación es necesaria como método de lucha y advierte que dejar de hacerlo permitirá “normalizar la violencia y la represión”.

Pero también está clara que existen muchos riesgos de asumir ese derecho y es para ella completamente comprensible que existan quienes prefieran no exponerse.

“No necesariamente son indiferentes, la población está cansada, está con miedo y no es para menos, tenemos más de 400 personas asesinadas, en algún momento tuvimos más de 600 presos políticos, los riesgos son altos, la gente tiene que protegerse de alguna manera”, indica Caracas.

La líder estudiantil expresa su admiración por aquellos que bajo su propio riesgo deciden manifestarse, así como su respeto por los que eligen otros métodos de expresión.

Asociación Madres de Abril exigen justicia por el asesinato de sus hijos en Nicaragua. Foto: Jorge Mejía Peralta.

Caracas asegura que “hay una gran responsabilidad de las organizaciones”, y que estas deben mejorar su capacidad organizativa y sus medidas de seguridad ante este tipo de convocatorias para transmitir cercanía y confianza a la población.

Elvira Cuadra, experta en seguridad explica que por ahora es imposible pensar en marchas masivas como las convocadas en 2018, pero considera que los “pequeños actos” son valiosos, como el boicot a empresas y servicios vinculados a la familia Ortega-Murillo y sus testaferros, así como la desobediencia civil.

Foto principal: Nicaragua Investiga ©

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