Unidad, el gran reto que no resuelven los opositores para enfrentar a Ortega

Una buena parte de la oposición a Daniel Ortega se encuentra exiliada y desde fuera de Nicaragua trata de organizarse, fortalecerse y superar los escollos.

La oposición nicaragüense inicia el 2022 severamente golpeada, con sus principales dirigentes encarcelados, y sin que la población nicaragüense se sienta realmente representada por esta, pese a que organizaciones como la Alianza Cívica, la Unidad Nacional Azul y Blanca (UNAB) y algunos de sus figuras mediáticas son frutos de las protestas antigubernamentales del 2018.

Los activistas y miembros de la oposición organizada ni siquiera pueden expresarse libremente dentro de Nicaragua y al igual que muchos ciudadanos han optado por silencio o mantener un perfil bajo para evitar ser encarcelados, señalados por violar la Ley de Ciberdelitos, la Ley de Soberanía o la Ley de Agentes Extranjeros aprobadas por Daniel Ortega en el 2020, para tratar de acallar a la disidencia.

Una buena parte de la oposición se encuentra exiliada y desde fuera de Nicaragua trata de organizarse, fortalecerse y superar los escollos que han surgido en más de tres años, recuperar la confianza de la población y poder ser un solo frente de lucha ante la dictadura para buscar una salida pacífica a la crisis política, liberar a los opositores encarcelados y restablecer las libertades públicas.

Hasta el momento, una de las únicas organizaciones que ha hablado de los retos que tiene de cara al 2022 es la UNAB. Esta organización insiste en la importancia del diálogo, pero subraya que no puede ser “cualquier diálogo” como tampoco “bajo las condiciones de la dictadura”.

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En este sentido, asegura que continuará “trabajando en el fortalecimiento territorial, en la acción internacional y en la creación de confianza con diferentes actores de la oposición en aras de una confluencia que aglutine a todas las personas dentro y fuera de Nicaragua».

La UNAB asegura que ha “entendido el mensaje del pueblo nicaragüense” y que sabe que la derrota de Ortega “se logrará con la concertación de esfuerzos claros que tras­ciendan siglas, credos y clases”.

Pero,   las promesas de unidad también han venido de la contraparte opositora, el ilegalizado partido Ciudadanos por la Libertad (CxL).

Kitty Monterrey ha permanecido fuera de la palestra pública tras ser cancelado su partido CxL. Archivo NI

A lo largo del 2021, de cara a las votaciones del 7 de noviembre, su presidenta Carmella María Rogers Amburn, conocida popularmente como Kitty Monterrey, se mostró reacia a concertar la unidad aduciendo su rechazo a la “izquierda” representada por UNAMOS (MRS), aglutinada en la UNAB. Pero una vez que en agosto el Consejo Supremo Electoral (CSE) liquidó al partido y ella fue despojada de su nacionalidad y obligada a exiliarse prometió trabajar para aglutinar a la oposición en un solo bloque.

Hay que “hacer consciencia ante la comunidad internacional que estamos logrando aglutinar en una sola posición de oposición, a toda esta diáspora nicaragüenses que están exiliadas en diferentes partes del mundo”, declaró el 10 de agosto en una entrevista con Telenoticias de Costa Rica.

“Tal vez de una sola vez podremos decirle al mundo: aquí estamos unidos ante una dictadura. Esta es la estrategia y nuestro plan”, afirmaba.

En noviembre pasado, previo a las votaciones, declaró a VOA que “hoy la conyuntura es muy diferente” y que no había dado declaraciones desde su arribó a Costa Rica “para entender quiénes somos los que estamos en el exilio y qué tipo de consenso se puede alcanzar”.

“Me he encontrado que aquí ya no hay división a estas alturas, porqué la coyuntura es otra, no estamos en un proceso electoral, estamos en un proceso de Nicaragua contra la dictadura», indicó Rogers.

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La Alianza Cívica y sus luchas intestinas

No obstante, de las palabras a los hechos hay un buen trecho y la unidad parece muy lejos. Un ejemplo de ello es la Alianza Cívica, inmersa en las últimas semanas en luchas intestinas con públicas expulsiones y graves señalamientos de unos a otros.

El 13 fue expulsado el Movimiento 19 de Abril. Sus líderes Valeska Valle y Jasson Salazar denunciaron que la expulsión fue obra de María Asunción Moreno, Allan Guerrero, Daisy George, Anely Pérez, Yunova Acosta y Dolly Mora. Denunciaron que Moreno y George se habían autoproclamado coordinadora general y directora ejecutiva, respectivamente.

Pocos días después también fueron expulsados de esa organización Noel Valdez, Geraldine Jarquín, Martha Alvarado, Gabriela Castillo, Tamara Ruiz y Gema Sevilla.

Dolly Mora dio por finalizado el caso y declaró a medios de comunicación que “dentro de la Alianza” quedaron en “que no vamos a hablar de ese tema”.

Luego de eso circularon audios de las acaloradas reuniones que evidenciaban las luchas intestinas a lo interno de una organización que por algún tiempo gozó de la aceptación del pueblo nicaragüense, luego de que cientos de personas fueran asesinadas por el régimen.

Solo unidos

El sociólogo, economista y analista político, Óscar René Vargas es enfático al subrayar que «sólo con un frente unido de la oposición se podrá combatir los embates de la dictadura».

El también economista y analista, Enrique Sáenz señala que la oposición a Ortega es ese más del 80% de la población que rechaza al régimen y que tras las farsa electoral del 7 de noviembre las organizaciones opositoras se apuntaron «una rayita», «un saltito» cuando a una sola voz coincidieron en que había que «declarar la ilegitimidad de la dictadura».

«Eso fue un paso adelante si consideramos lo que había ocurrido en el período previo, los pleitos por casillas, por candidaturas, por lista de diputados, pero ahora falta dar un paso más largo frente al desafío que representa que Ortega esté en el poder», dijo recientemente en el programa Café con Voz.

En este sentido, saludó que existan distintas iniciativas en Costa Rica, Estados Unidos y en Europa, pero dijo que lo que no es positivo es que sean cauces «en la misma dirección pero separados». Advirtió que esto conlleva el peligro de que se reproduzca «la fragmentación, la división y las pugnas» ya registradas.

Otro analista que habló bajo anonimato también destaca la importancia de la unidad fuera de cualquier interés personal o de grupo.

«La oposición organizada no está a la altura del sacrificio que han hecho miles de familias. Cuando pensaron que Ortega los iba a dejar correr en las elecciones afloraron con más fuerzas las disputas de unos y otros, sus intereses. ¿A qué apostaban? Ellos lo sabrán, pero a los ojos de los nicaragüenses quedaron muy mal parados. La única forma de conciliarse con la gente, de ganarse la confianza nuevamente, es uniéndose, articulando esfuerzos», afirma.

«¿Se habla de un diálogo para solucionar la crisis? Pero, en caso que Ortega quiera dialogar, negociar o lo que sea con alguien ¿con quien lo va a hacer?», cuestiona.

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