El control de Ortega en Nicaragua es incluso mayor que el de Maduro en Venezuela

El salvajismo con el que los Ortega tratan a los disidentes ha quedado evidenciado en un sinnúmero de informes de organismos defensores de derechos humanos.

Nicaragua, Venezuela y Cuba están catalogadas como las únicas tres dictaduras del hemisferio, pero aunque tienen ideologías y prácticas represivas similares, incluso entre ellas hay algunas diferencias bien marcadas en cuanto al control y las medidas represivas aplicadas contra los opositores.

El caso de Nicaragua ha llamado la atención por el nivel de crueldad que ha alcanzado, a tal punto que en octubre pasado el Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, no tuvo ninguna duda al asegurar que “es una de las peores dictaduras del mundo».

Asesinatos, encarcelamientos, amenazas, control de todos los poderes del Estado, corrupción, y obligar a cientos de miles de personas al exilio, son cosas en comunes entre el régimen sandinista, el chavista y el castrista.

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Pero cuando uno observa con mayor detenimiento se sorprende al ver que, por ejemplo, en el caso de Venezuela, el chavismo, aparentemente, no tiene el control absoluto de todo e inclusive existe una oposición interna, reprimida, pero la hay. El mejor ejemplo de ello es que Juan Guaidó sigue dentro del país y hasta fue proclamado “presidente encargado de Venezuela“. Sumado a ello, los opositores, pese a las amenazas y los ataques de los colectivos, hacen concentraciones, campañas y hasta terminan ganando gobernaciones.

Son cosas innimagibles de ver en la Nicaragua de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ortega desde septiembre del 2018 prohibió las marchas o concentraciones de opositores y quienes se atrevieron a hacerlo fueron brutalmente reprimidos y encarcelados.

A diferencia del dictador venezolano Nicolás Maduro, que no ha encarcelado a Juan Guaidó, el líder sandinista previo a las votaciones del 7 de noviembre del 2021 lo que hizo fue cancelar las personerías jurídicas a los partidos políticos molestos y encarceló a prácticamente todos los aspirantes presidenciales. Los que no cayeron presos tuvieron que huir del país.

Peor que Somoza

Algunos activistas nicaragüenses destacan que lo que vive el país actualmente es más brutal de lo que se vivió durante la dictadura somocista.

“Es algo que no se había visto en décadas. Somoza nunca llegó a tener el poder que tiene ahora Ortega y el nivel de represión ni decirlo. Los sandinistas se enfrentaban a Somoza con las armas, en este caso estamos hablando de una lucha cívica”, expresó bajo anonimato una activista opositora.

Esta asegura que quizá solo Cuba sea igual que Nicaragua, pero que debido al hermetismo de la isla hay cosas que pueden estar sucediendo y el mundo las desconoce.

Efectivamente hace 10 años, precisamente en enero del 2012 se registró la muerte del opositor cubano Wilman Villar tras una huelga de hambre de 50 días. Villar tenía 31 años y había sido condenado a cuatro años de cárcel. En el 2010 Orlando Zapata Tamayo también falleció luego de una huelga de hambre de 85 días.

Los Ortega solo admiten «vasallos»

En el caso de Nicaragua, al igual que en Cuba y Venezuela, hay un intento de acallar a la población. El 18 de enero fue condenado a 7 años y medio de cárcel por propagación de noticias falsas el opositor Donald Alvarenga. Analistas consideran que lo que busca Ortega es intimidar a los nicaragüenses que aún continúan “resistiendo” en las redes sociales.

“Esto nos da una idea del nivel de terrorismo de Estado, el nivel al que se ha llegado en Nicaragua. Estamos ante una dinastía familiar, ante una dictadura militar que ya no permite el más mínimo movimiento ni respiro de nadie que no esté con ellos”, explica la activista de derechos humanos, Haydée Castillo.

De acuerdo a Castillo los Ortega han implantado una especie de sistema feudal “donde todos nicaragüenses tienen que servir de vasallos y subordinarse a la voluntad de la pareja dictatorial”.

El salvajismo con el que los Ortega tratan a los disidentes ha quedado evidenciado en un sinnúmero de informes de organismos defensores de derechos humanos y en miles de testimonios de opositores.

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Sistema se organizó desde el 2007

Según la investigadora Elvira Cuadra, el sistema de represión y control social Ortega la organizó no más retomó el poder en el 2007, pero lo «puso a funcionar a plena capacidad a partir del 2018”.

Refiere que ya antes del 2018 el dispositivo funcionaba pero las muestras de descontento no estaban tan extendidas ni eran multitudinarias. En este sentido, la represión y control “se usaban de manera selectiva”.

«Desde entonces hasta ahora Ortega ha implementado una política de represión sistemática que ya lleva 14 fases y que tiene diferentes expresiones. Esas expresiones van variando a lo largo del tiempo en cada una de las fases, va adoptando nuevas formas y tiene como principal objetivo contener o eliminar cualquier forma de descontento, cualquier expresión de descontento que venga de parte de la ciudadana, así como eliminar cualquier posibilidad de acción de la oposición democrática”, explica.

Subraya que sobre la población se impuso una vigilancia constante y se ha restringido gravemente la capacidad de las organizaciones oposición para realizar cualquier actividad. «Uno de los pilares fundamentales de esa lógica represiva de los Ortega Murillo es restringir los derechos fundamentes que tiene que ver con los derechos de libertad de expresión, libertad de movilización, no es casual por eso que se prohíba y se impongan restricciones por parte de la policía para realizar manifestaciones públicas, por eso se persigue a los periodistas y a los medios de comunicación independiente, por eso se está atacando y cancelando la personería jurídica de las organizaciones sociales en Nicaragua», enfatiza.

Los centros de tortura sandinistas

El principal órgano represor del que dispone el dictador es la Policía, una institución que legalmente es “nacional” pero en la práctica los mismos agentes se definen como “sandinistas” y leales a Ortega y Murillo.

En el caso del Ejército, a diferencia de Venezuela donde ha habido actos de rebelión armada, Avilés y los altos mandos se han mantenido leales y subordinadas al dictador.

La abogada e investigadora Martha Patricia Molina en diciembre pasado detalló que en las cárceles del país, las autoridades desde el 2018 han practicado 38 métodos de torturas contra presos políticos, entre los cuales están: el uso de tenazas para levantar uñas y arrancarlas, la asfixia con bolsas plásticas, la introducción de rifles por el ano, violaciones, intentos de estrangulamiento, desprendimientos de dientes, golpizas, etc.

La eliminación de toda disidencia interna parece ser un objetivo familiar y la celebración de votaciones, con partidos señalados de ser comparsa, es un recurso usado por ahora para dar visos de democracia.

El 15 de mayo del 2020 Juan Carlos Ortega, uno de los hijos del dictador, dijo claramente en Twitter lo que a él le gustaría ver en Nicaragua: “La democracia tiene múltiples interpretaciones. Usted conoce la Liberal Burguesa. Yo apuesto por la Democracia Directa basada en un Modelo de Partido Único”.

En el 2021 los Ortega Murillo prácticamente lo lograron.

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