El Carmen «se traga» más casas y negocios: Así refuerza Ortega y Murillo su seguridad

Alrededor de 31 negocios y cerca de 350 viviendas han sucumbido ante las fauces de el perímetro de seguridad instalado por Daniel Ortega en El Carmen. El temor de Ortega es tan grande que hasta mandó a sellar los alcantarillados.

El Carmen, la impenetrable residencia de Daniel Ortega, no tiene prácticamente nada que ver con lo que se esperaría del despacho del presidente de un país. Las altas murallas, garitas de seguridad, hombres fuertemente armados en decenas de puestos de control o bien, patrullando por los alrededores con perros rastreadores de explosivos, hacen que El Carmen se asemeje más a la fortaleza de un señor de la guerra.

En todo caso, El Carmen es el centro neurálgico del poder en Nicaragua. Desde allí emanan los discursos que diariamente, de manera “religiosa”, Rosario Murillo transmite a sus simpatizantes a través de los medios oficialistas, y desde allí salen las órdenes con que la familia Ortega trata de mantener el control absoluto sobre leales y opositores. En esa «mezcolanza de Estado-partido-familia», a como lo llaman los críticos, también está la Secretaria del FSLN.

El Carmen lo componen unas dos manzanas de terreno, en donde vive Ortega, Murillo, sus hijos y sus respectivas familias. Allí mismo está un campo deportivo, oficinas, el nuevo ”kiosko” y la “sala blanca”, desde la que Ortega graba sus mensajes a la nación o bien donde recibe a visitantes. Pero también están cerca las instalaciones de Canal 13 y Canal 4, propiedad de la familia presidencial.

A lo largo de los años igualmente han ido adquiriendo algunas propiedades de los alrededores, como por ejemplo, una amplia casa que estaba frente a Canal 4 que la derrumbaron desde sus cimientos para convertirla en parqueo exclusivo de ese canal. Cerca de Canal 4, a unos 70 metros al este, también cuentan con una propiedad de aproximadamente media manzana que es usada como parqueo por los medios oficialistas, los visitantes de El Carmen o bien del Departamental del FSLN que se ubica en unos metros al oeste del Canal 4.

En el sector, a una cuadra del Parque El Carmen, se encuentra Difuso Comunicaciones, la polémica empresa de publicidad dirigida por Juan Carlos Ortega. Tanto la empresa como Juan Carlos fueron sancionados por Estados Unidos en julio del 2020 bajo la acusación de lavado de dinero.

Los caprichos de los hijos Ortega-Murillo

Toda esa amalgama de propiedades y el interés de Ortega de sentirse “seguro” hizo que tras retomar el poder en el 2007 se reforzaran los puestos de control policial y la presencia militar en la zona. Pero a raíz de las protestas antigubernamentales del 2018, el perímetro de seguridad se amplió. Es decir, si antes era incómodo ingresar o vivir en las inmediaciones de la residencia de los Ortega, a partir de ese año la situación se volvió peor.

Es que Ortega tiene décadas de haber cerrado para uso exclusivo de su familia y sus colaboradores, las calles más cercanas a su residencia, particularmente la que está frente al parque El Carmen. Sin embargo, esa es una zona residencial en donde habitan tanto simpatizantes de él como opositores, además que hay empresas y locales comerciales que igualmente se ven afectados por el “recelo” de Ortega con su seguridad.

Los negocios digeridos por El Carmen

Desde la casa donde habita Daniel Ortega y Rosario Murillo hasta donde inician los puestos policiales, donde cuestionan a cada persona que entra y sale, hay un radio de 500 metros, y en todo ese diámetro de un kilómetro hay al menos 35 retenes ubicados alrededor de la residencia de la pareja en el poder.

En este espacio que abarca 469.522 metros cuadrados hay más de 350 viviendas que se han visto afectadas por la expansión perimetral que Daniel Ortega instauró para mantener una alta vigilancia policial a su «seguridad». Incluso unidades de transporte urbano colectivo que solían pasar por donde hoy hay retenes tuvieron que buscar rutas alternas para poder seguir brindando sus servicios.

Ubicación de retenes policiales en El Carmen.

Dentro del perímetro también hay negocios que se han visto afectados al quedar dentro de las barreras que el caudillo sandinista usa para defenderse.

Según un recorrido realizado por Nicaragua Investiga, al menos 31 establecimientos han sido digeridos por la expansión de El Carmen, y entre ellos hay lugares de hospedaje, talleres automotriz, institutos de idiomas, centros de imprenta, restaurantes y veterinarias, pero también lugares de alquileres de viviendas.

Un lugar donde se dan robos

Quienes viven o han vivido en el sector expresan su gran incomodidad ante las constantes revisiones policiales e irónicamente aseguran que no se trata de un lugar muy seguro que se diga, ya que ante un robo o asalto es en vano acudir a pedir ayuda a los agentes: Ellos están exclusivamente para resguardar a Ortega y su familia y no para garantizar el bienestar de los vecinos.

“Cuando vivíamos allí te pedían el nombre, todos los datos. Cuando iba a hacer mis compras al mercado y quería regresar en taxi tenía que pedir permiso (a los policías) para que le dieran entrada”, explica bajo anonimato una señora que vivió en los alrededores de El Carmen.

Ella recuerda que a su marido le robaron la bicicleta y que cuando fue a exponer lo sucedido a los agentes del retén, estos no hicieron nada y lo mandaron a interponer la denuncia a la delegación distrital. “Lo más ridículo es que habiendo retenes, policías, no hayan puesto atención de que se había perdido la bicicleta estando allí adentro (del perímetro de seguridad)», subraya.

Afirma que los policías no hicieron nada y que fue su marido el que encontró cerca del lugar al ladrón y la bicicleta.

La exvecina de los Ortega señala que veía pasar a policías antimotines haciendo rondas de «seguridad» por lo menos tres veces al día.

Una búnker rodeado de vallas y «miguelitos»

Nicaragua Investiga también habló con personas que visitan el lugar y estas aseguran que tras las protestas antigubernamentales del 2018, Ortega primero mandó a levantar más barricadas y que conforme ha pasado el tiempo esto incluso se fue extendiendo a más cuadras de distancia.

«Ahora yo para poder llegar a la de familiares tengo que pasar al menos unos cuatro retenes, y antes de pasar esos retenes ya podés ver la presencia de policías de civil y policías uniformados motorizados que andan constantemente merodeando la zona», afirma uno de los entrevistados.

En cada uno de esos retenes hay al menos tres policías armados, incluyendo oficiales y de la Dirección de Operaciones Especiales (DOEP).

Retén ubicado en el perímetro de seguridad de El Carmen. FOTO: Nicaragua Investiga

«Cada retén tiene sus vallas, y antes de las vallas tienen unos miguelitos (abrojos) que son gigantescos, la altura es más que la llanta de un vehículo. Después de las vayas están piedras canteras al lado derecho y al lado izquierdo», explica.

Si una persona quiere pasar las vallas y los oficiales la consideran «sospechosa» es interrogada sobre el lugar hacia el que se dirige. Se requiere ser preciso con la información que se les suministra, ya que si te notan nerviosismo «ellos suelen preguntarte un poco más».

Luego de cruzar los retenes, la situación se vuelve más tensa. «Vos mirás cada cierto tiempo patrullas, camionetas, motorizados de civil y motorizados de uniforme que andan también comprando en las ventas o están allí platicando, es decir, toda la zona está repleta de centinelas al servicio de Ortega», subraya.

Las medidas son tan extremas que incluso los vecinos del sector si salen en bicicletas a dar vueltas, son interrogados. «Los barrios aledaños a la residencia de Ortega prácticamente se han convertido como en el patio trasero de su casa», refiere.

Con las protestas del 2018, el transporte público de la zona también se vio afectado. Por ejemplo, la ruta 262 que pasaba a orillas de la residencia del líder sandinista tuvo que ser desviada.  «Ahora la ruta hizo una nueva línea que terminó perjudicando a muchas personas, generó molestia, pero no pasó nada porque no podías levantarte a quejarte por lo que pasó en el 2018», expresa uno de los entrevistados.

En el caso del servicio de taxi, muchos taxistas le aclaran a la gente que del primer retén no pasan, pese a que esta le aseguran que solicitarán el ingreso a los policías.

Luces en el cauce

Ortega es tan estricto con su seguridad que mandó a alumbrar el cauce que pasa a un costado de su residencia y mandó a sellar el alcantarillado, según una fuente del lugar.

«El temor de Ortega es tan grande que hasta mandó a sellar los alcantarillados. Los alcantarillados no tienen las aberturas normales, están sellados el metal con al menos unas dos o tres pulgadas de grueso con concreto, y los cauces que están aledaños las personas que andan recolectando chatarra o plástico, allí no pueden andar, es prohibido. Te quedás asustado que hay faroles que alumbras unos dos o tres metros el cauce que pasa al lado de la casa del presidente y que conectan con los sectores del vecindario», subraya el entrevistado.

Algo que llama la atención de las personas es que aunque los miembros del Ejército que también resguardan a Ortega no están a la vista, cuando hay relevo, los policías, especialmente los de la DOEP, marchan. «Ellos van en fila india. Al menos son tres o cuatro filas, y lo va dirigiendo un capitán», expresa un testigo.

Una prisión donde Murillo reina

Pocas personas se atreven a hablar de las intimidades que pasan puertas adentro de El Carmen. Una de estas es Zoilamérica, hija de Rosario Murillo.

Esta socióloga, exiliada en Costa Rica,  señala que en El Carmen nadie se salva  del despotismo de su madre.

«Todo el que ha visitado el Búnker del Carmen, conoce de esos arrebatos de soberbia y vulgaridad por parte de Rosario Murillo. ¡Ahí no se salva nadie!… Hijos, familia, oportunistas o sicarios, habrán recibido una bofetada con palabras. Ahí dentro, es el reino del silencio. Todo mundo calla y obedece. Gobierna casa y país con la misma violencia verbal de siempre, que hoy ha convertido en política de Estado», aseguraba Zoilamérica en sus redes sociales en diciembre del 2019.

Para Zoilamérica esa casa no es de gratos recuerdos, ya que ella denunció haber sufrido abusos sexuales del líder sandinista.

«Todo el que ha visitado el Búnker del Carmen, conoce de esos arrebatos de soberbia y vulgaridad por parte de Rosario Murillo», dice Zoilamérica Ortega Murillo. Foto archivo NI

Origen de la fortaleza

Tras derrocar al dictador Anastasio Somoza el 19 de julio de 1979, los sandinistas no solo tomaron posesión de los poderes e instituciones del Estado sino que empezaron a quedarse con valiosas propiedades y mansiones, fueran o no de los Somoza y sus allegados.

Una de esas preciosas mansiones era del banquero Jaime Morales Carazo y de su esposa Amparo Vázquez. A Daniel Ortega y a Rosario Murillo les gustó la casa y se la quedaron. Meses después de la toma del poder por los sandinistas, Amparo llegó a su casa para recuperarla. Encontró a Rosario Murillo con un bata de ella. Los revolucionarios se negaron a devolver la casa que se habían robado.

Ortega y Murillo habían argumentado para expropiar esa casa la supuesta afiliación somocista del empresario. Fotos de Amparo y Jaime junto a Somoza y Hope Portocarrero en una recepción eran las “pruebas” que los “incriminaban”.

Según archivos periodísticos, Ortega no corrió a instalarse en la casa de Morales Carazo, sino que durante meses vivió entre el hotel Camino Real y la casa de su suegro. La Junta de Gobierno le buscaba una casa, pero ninguna lo convencía. “Quiero algo sin lujos”, argumentaba. Irónicamente le gustó la casa que le consiguieron: La lujosa mansión de Morales Carazo.

¿Qué estudiaron Daniel Ortega y Rosario Murillo?

En marzo del 2001 Ortega insistía en que no podía regresar lo que no le pertenecía, para evitar que miles de sandinistas fueran despojado de lo que les había entregado la «revolución. «El expresidente Ortega no piensa regresar su casa a Morales Carazo, ya que sería una señal para que a miles de nicaragüenses también les quiten lo que obtuvieron con las leyes de la propiedad (aprobados por el FSLN)», dijo Silvio Mora, portavoz del FSLN, según una nota publicada ese año por el diario La Nación, de Costa Rica.

Ortega tenía esa casa como «símbolo» de la «reforma» sandinista sobre las propiedades.

Morales Carazo y su esposa Amaro reclamaron durante décadas la devolución de su casa. En el 2005 se conoció que habían llegado a un acuerdo con Ortega para poner fin a la disputa. Meses después el exbanquero apareció como fórmula de Ortega de cara a las presidenciales del 2006.

En junio del 2017, un Ortega controlando todos los poderes del Estado, hasta se atrevió a bromear sobre el caso ante la élite empresarial  durante la conferencia anual de la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas de América Latina y el Caribe (Aaccla, por sus siglas en inglés). «Aquí está Jaime Morales Carazo, un banquero. Su casa es mi casa”, dijo en referencia a la mansión que le había robado a Morales Carazo. Los empresarios soltaron la carcajada. Entre los que se puso a reír estaba José Adán Aguerri, entonces presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). Hoy este es uno de los presos políticos del régimen.

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