El volcán Masaya, ubicado a solo unos 20 kilómetros de la capital nicaragüense, ha entrado en una fase de alerta tras registrar más de 20 sismos de alta frecuencia en las últimas horas. Estos temblores, de carácter tectónico, se originan por movimientos en fallas profundas bajo el edificio volcánico y han sido sentidos claramente en los departamentos de Masaya, Managua y Carazo.
De acuerdo a Wilfred Strauch, asesor del Ineter, se trata de «sismos de alta frecuencia, sismos tectónicos causados por movimientos de fallas debajo del volcán».
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Lo más inusual es que dos de estos eventos se registraron en Ciudad Sandino, en plena área metropolitana de Managua, algo que no ocurre con frecuencia en la capital. El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) ha emitido una advertencia clara, «este enjambre sísmico podría estar anunciando el ascenso de magma, lo que abre la posibilidad de una erupción o la apertura de un nuevo cráter en el complejo volcánico».
Wilfred Strauch, asesor científico de Ineter con más de 30 años de experiencia directa en el Masaya, no recuerda un episodio similar. “Es algo especial”, afirmó, y explicó que las fallas pueden activarse por dos motivos: el movimiento habitual de las placas tectónicas o el empuje del magma que intenta subir hacia la superficie. Por ahora, los expertos no pueden confirmar cuál de las dos causas predomina, pero ambas escenarios exigen máxima atención.
¿Por qué representa una amenaza real para Managua y sus alrededores?
Una eventual erupción o la formación de un nuevo cráter generaría no solo más sismos, sino también emisiones de gases tóxicos, caída de cenizas y posibles flujos piroclásticos que podrían alcanzar rápidamente la capital y ciudades cercanas como Masaya y Granada. Managua ya sintió directamente los temblores; cualquier escalada volcánica multiplicaría el riesgo para millones de personas que viven en un radio de menos de 30 kilómetros.
INETER mantiene un monitoreo permanente del volcán y de toda la actividad sísmica del país. Las autoridades piden a la población actuar con prudencia, evitar acercamientos innecesarios al cráter y seguir al pie de la letra las recomendaciones oficiales que se publiquen en las próximas horas. No se trata de alarmismo, sino de preparación ante un fenómeno que, aunque impredecible en este momento, ya ha cambiado el comportamiento habitual del Masaya.
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