Crónica de un día bajo fuego: Ataque a la iglesia Divina Misericordia

A medio día del viernes 13 de julio de 2018 empezó una de las jornadas de ataque paramilitar más prolongadas y angustiantes de la crisis sociopolítica de Nicaragua.

Fueron más de 18 horas de conmoción. Los estudiantes que se atrincheraban en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, en protesta por la violencia estatal y el asesinato de varios jóvenes eran replegados por paramilitares. Una primera transmisión en vivo por Facebook de uno de los estudiantes alertó a la población.

«Nos están atacando los paramilitares, nos acaban de disparar, nos tienen rodeados», reporta el joven en el video que de inmediato se viralizó.

Más tarde las transmisiones registraron la determinación de los paramilitares que portaban un sofisticado equipo de ataque. Meses después, en febrero de 2019, los videos permitieron al equipo de Bellingcat, un sitio especializado en investigaciones sobre zonas de guerra, identificar la portación de al menos cinco tipos de armamento; escopetas lanzagranadas M-79, ametralladoras PKM, rifiles AK, pistolas automáticas y fusiles de largo alcance.

El informe de Bellingcat hace una reconstrucción cronológica del ataque a partir de los múltiples videos difundidos por redes sociales tanto por los estudiantes como por los atacantes y constata «el uso extenso» de los paramilitares para desarrollar el operativo.

«Entraron con todas las de la ley, entraron con una PKM», relata Kevin Solís, estudiante de la UNAN, sobreviviente del ataque. Kevin dice que al escuchar las balas todos los atrincherados se replegaron en busca de la Iglesia Divina Misericordia, ubicada a un costado de la universidad, para refugiarse en lo que creían era un lugar que nunca atacarían.

Los disparos se oyen a lo lejos, y cada vez con más frecuencia hasta convertirse en ráfagas.

Kevin Solís, Jonathan López y Pedro Estrada, sobrevivientes del ataque a la Iglesia Divina Misericordia. Foto: NI

Mientras  eso ocurría , los dirigentes estudiantiles estaban reunidos junto con una delegación de la Comisión de Seguridad que se había instalado en la primera mesa de diálogo y acordaban entregar el recinto, pero no hubo tiempo, ya la orden había sido orientada desde «la presidencia», dice Jonathan López, dirigente estudiantil que participaba de las negociaciones y que corrió para unirse a su grupo en la zona de ataque al escuchar los disparos.

«Estaban rafagueando, no solo era en el sector de la rotonda, sino arriba del estadio de futbol, al lado de la mezquita que está en el portón seis (…) y escuchábamos cómo las balas pasaban», relata López.

Kevin recuerda que no tenían armas de fuego para defenderse, sino «un par de lanzamorteros».

El Padre Raúl Zamora, párroco de la Iglesia Divina Misericordia, cuenta que al ver la desproporción del ataque él mismo salió en su camioneta a recoger a algunos jóvenes que habían quedado en medio de las barricadas completamente acorralados por las ráfagas.

«Mamá pérdoname, salí a defender mi patria, te amo», grita Valeska Sandoval en una transmisión en vivo en la que se despide de su familia al verse completamente rodeada y sin posibilidades. Aquella imagen despertó la solidaridad de grupos religiosos y de sociedad civil que rápidamente se movilizaron para ayudar, pero no pudieron más que observar a lo lejos de un amplio perímetro de seguridad resguardado por policías, mientras los paramilitares perpetraban el ataque.

La Iglesia Divina Misericordia recibió múltiples disparos de paramilitares.

A las 7 de la noche, la UNAN está completamente evacuada, pero los paramilitares no parecen satisfechos y han atacado la iglesia.

«Trasladamos cuatro heridos, tenemos tres aquí y necesitamos urgente la ayuda internacional para poder seguir ayudando a esta gente que está siendo herida en esta masacre que hace el gobierno contra nosotros», dice el doctor Carlos Duarte, quien se movilizó a la zona para asistir a los heridos, acción que más tarde le costaría el despido y el exilio por amenazas, según dijo de la propia Ministra de Salud Sonia Castro.

La Conferencia Episcopal negociaba con el gobierno para tratar de liberar a los estudiantes, pero solo lograron que dejaran libre a dos periodistas internacionales, también atrapados cuando cubrían los eventos; Joshua Partlow de The Washington Post e Ismael López de BBC Mundo.

Padre Raúl Zamora, Párroco de la Iglesia Divina Misericordia. Foto: NI

A las cuatro de la madrugada del día siguiente, tras 16 horas de ataque, la violencia recrudeció. Fue entonces cuando mueren Geral Vásquez y Francisco Flores, las dos víctimas mortales de esta sangrienta jornada.

«Yo lo encontré agonizando, prácticamente con un disparo en la cabeza, fue muy duro, difícil, lo traté de ayudar espiritualmente, pero a los cuantos minutos murió»- relata el Padre Zamora, tras asegurar que la mirada de miedo y angustia de Geral jamás ha abandonado su mente desde entonces.

«La mayoría de los chavalos estaban resignados a lo peor, que era la muerte, vos ibas a ver en la madrugada a algunos despidiéndonos, diciendónos fue un gusto haber estado aquí con vos», cuenta Jonathan López.

Policía cercó el perímetro para facilitar el ataque paramilitar y evitar asistencia. Foto: El País CR.

Pedro Estrada, logró sobrevivir al ataque y hoy nos cuenta la historia, pero esa madrugada creyó que ese sería el último día de su vida. Llamó a su madre y se despidió de ella con nostalgia.

«Ahí me disculpa por causarle este dolor, pero lo estoy haciendo por ver una Nicaragua libre», le dijo poco antes de soltar en llanto.

Pedro solo estaba a un par de horas de recibir la mejor noticia en mucho tiempo. Las negociaciones al fin habían dado frutos. La Iglesia había gestionado la salida de los jóvenes. Varios buses llegaron en su auxilio para llevarlos a la Catedral de Managua a reunirse con sus familias, fue un recorrido corto, pero eterno en sus recuerdos. Ese día su vida volvió a empezar.

Vea la versión audiovisual de este reportaje aquí ?

 

 

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