El papel de los grupos de oposición a dos años del estallido social en Nicaragua

Un sin número de organizaciones y movimientos sectoriales han surgido como oposición desde que estalló la crisis sociopolítica en abril del 2018.

Una de las más importantes es la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), nacida al calor de las protestas y en medio de la necesidad organizativa que planteó el primer diálogo nacional. Sin embargo, dos años de conflicto parecen haber fragmentado sus bases y muchos actores critican su desempeño frente a la actual crisis.

«El papel de la Alianza Cívica ha sido bastante cuestionable» considera Augusto Centeno, representante de uno de los movimientos estudiantiles. Centeno menciona que el sector privado, representado por los empresarios, «ha cooptado» a esa organización

El sector privado trabajó por 11 años en alianza con Ortega en un modelo al que llamaron de diálogo y consenso. Foto: NI

El analista político y sociólogo Oscar René Vargas opina que “la Alianza Cívica es un dique” para las demandas sociales,  debido a que sus actores han rechazado cualquier propuesta que incluyera una huelga general hasta que saliera Ortega del poder.

No siempre fue así. Al principio, cuando hasta las mismas bases sandinistas miraban a Ortega perder la presidencia debido al inmenso furor social ocasionado por los primeros asesinatos de estudiantes, los empresarios convocaron a algunas de las manifestaciones más grandes, como la del 23 de abril, que partió desde la Rotonda de Metrocentro hacia la Upoli. 

También se convocó a tres paros nacionales, aunque los dos últimos bajo una fuerte pugna entre los empresarios y los demás sectores representados en la Alianza Cívica. 

Yaser Morazán, activista de derechos humanos recuerda el enorme apoyo popular que tenía la organización en un primer momento. 

Sin embargo dice que con el tiempo la Alianza Cívica «se empezó a gestionar bajo modelos corporativos», y se excluyeron las propuestas y demandas populares, de tal forma que la gente fue sintiéndose cada vez menos representada.

El activista indica que el proceso de «cooptación», se dio en medio del «silencio cómplice» de muchos activistas sociales y eso provocó la separación de algunos que tenían posiciones más radicales sobre los cambios que querían ver. 

El 22 de septiembre de 2018, Daniel Ortega amenazó con enviar a la policía a las empresas si se volvía a convocar a un paro nacional y desde entonces ese método de protesta se detuvo. El 19 de diciembre de 2019, el mandatario recordó al sector privado «cómo ellos disfrutaron y se enriquecieron con los programas del Alba» y amenazó con publicar las pruebas.

Imágenes del primer paro nacional convocado por la Alianza Cívica. Foto. NI

«Todos sabíamos que en un determinado momento los intereses del gran capital iban a terminar primando dentro de esa naturaleza multidisciplinar y mulitisocial», dice el analista político Fidel Ernesto Narváez. 

Narváez cree que dentro de la Alianza Cívica, las fricciones internas iniciaron porque «habían unos sectores socialmente más exigentes que otros», y mientras unos abogaban por preservar el mismos modelo político y económico y solo hacer cambios superficiales, habían otros sectores como el campesino, el estudiantil y el trabajador, que pretendían una refundación de Nicaragua. 

Pero José Pallais representante de la Alianza Cívica, dice que esa es una opinión «sesgada» y asegura que «el sector privado es una minoría en el pleno de la Alianza, es una minoría en el Comité Ejecutivo y tampoco están sosteniendo posiciones contrarias a la decisión de unirnos en la Coalición o cesar la campaña de denuncia internacional», expresa Pallais. 

El político indica que se ha pretendido dar esa percepción sobre la Alianza Cívica, como un esfuerzo del oficialismo de restarles credibilidad o de otros grupos que «creen que a Ortega se la va a destruir atacando a los mismos elementos de la oposición cuando lo que se necesita es que nos unamos todos», indicó. 

La  Alianza Cívica ha estado como contraparte del gobierno en dos negociaciones. En la última se lograron establecer acuerdos que hasta la fecha no han sido cumplidos por Ortega, además de la excarcelación de una mayoría de presos políticos.

Pero la organización cuenta algunos avances, como un proceso de construcción de unidad que nadie miraba posible antes de la crisis de abril, un debilitamiento político y económico de Ortega y un desprestigio y aislamiento internacional de su gobierno, asegura Pallais.

UNAB, el segundo intento 

El 4 de octubre de 2018 un nuevo bloque de oposición pretendía aglutinar a más sectores y ser más representativo. Se anunció entonces, la Unidad Nacional Azul y Blanco.

Sus integrantes la compararon con al extinta Unidad Nacional Opositora UNO, que derrotó a Daniel Ortega en las elecciones de 1990. Formaban parte de ella, la Alianza Cívica, el Frente Amplio por la Democracia y más de 41 movimientos sociales y políticos, pero la falta de resultados terminó por generarle tantas críticas como a la Alianza Cívica.

Uno de los mayores cuestionamientos que se le ha hecho a todos los grupos de oposición es «la cultura del comunicado», y la falta de acciones directas contra Ortega.

Jesus Tefel, parte del Consejo Político de la Unidad Nacional dice que los comunicados son un medio para mantener informada a la ciudadanía de las posiciones oficiales de las organizaciones, pero asegura que más allá de eso hay acciones concretas.

«Hicimos nuestro mayor esfuerzo por mantener la llama de la protesta activada (…) convocamos a piquetes, pintas, de todo intentamos hacer, pero la represión está diseñada para darle al ciudadano suficiente terror como para no salir de su casa», asegura.

Reprograman audiencia inicial contra activistas de la UNAB

Según Tefel a pesar que parece que los resultados son negativos para la movilización social, «eso también nosotros se lo cobramos al régimen con la visibilización y la denuncia de todas las violaciones de derechos humanos» y dice que el resultado es el descrédito del gobierno a nivel internacional. 

«Estados Unidos no sanciona solo por sancionar», dice Tefel en alusión al trabajo de cabildeo que las organizaciones como UNAB, la Alianza Cívica y la diáspora han realizado para documentar el irrespeto a las libertades públicas.

Coalición Nacional, la tercera ¿la vencida? 

En un tercer intento por lograr un grupo de cohesión, la UNAB se separó de la Alianza Cívica para después unirse ambas a la llamada Coalición Nacional.

El anuncio del bloque opositor  fue ampliamente cuestionado desde el principio, por incluir al Partido Liberal Constitucionalista, seriamente ensombrecido por su pasado de corrupción y pactos políticos.

Además hay más cuestionamientos porque aunque aseguran que las demandas de justicia y reparación siguen siendo parte de su agenda, la prioridad ahora son unas reformas electorales y un proceso de elecciones que no deja por fuera a Ortega como candidato.

Hasta hoy, no ha logrado diseñar estrategias claras para obligar a Ortega a una transición democrática y sus divisiones y conflictos internos son cada vez más evidentes.

coalicion
Lanzamiento de la Coalición Nacional. Foto:NI

Félix Maradiaga parte del Consejo Político de la UNAB leyó este sábado un comunicado en el que emplazan a Ortega a dejar el poder  de forma inmediata. El comunicado es parte de una petición conjunta de todas las organizaciones que integran la Coalición, pero nadie de la Alianza Cívica estuvo presente. 

Maradiaga también reconoció que poco se ha discutido como Coalición sobre cómo podría ser la ruta de salida de Ortega «reconocemos que es una Coalición en construcción», aseguró, y dejó claro que no han tocado el tema de una posible Junta de Transición, pero que sí tienen  «hay un plan clarísimo de  cuáles deberían ser los fundamentos» para ese proceso, sin embargo este plan nunca ha sido presentado oficialmente. 

La activista de Derechos Humanos Haydeé Castillo, quien se encuentra en el exilio, comparte muchas de las críticas a la oposición.

Castillo considera que los intereses de cada organización aún forman parte del problema para consolidar una unidad real.

«Creo que a la fecha no hubo un diálogo franco ni sincero entre las diferentes partes. Tampoco hubo un análisis de fondo y transparente para explicar al pueblo el porque la Alianza Cívica se separó de la UNAB, y en esas condiciones, cuando se pensaba que esas dos fuerzas podrían ser el núcleo fundacional de esa Coalición, el núcleo ya iba un poco fracturado, nació fallido», dice la activista en relación a las diferencias obvias que ha habido entre las dos organizaciones más sólidas de la oposición.

Para Castillo, bajo esas condiciones de fractura interna era muy difícil pensar que la Coalición «podía convocar al resto de actores a sumarse».

Nuevos grupos de oposición han surgido este año. Foto: NI

Aunque Castillo ve que los problemas estructurales no han cambiado y que a nivel político «estamos como antes de abril», sí considera que la mayor transformación fue a nivel social , ya que ahora la ciudadanía es más activa y vigilante del poder, incluso del que está representado en la oposición.

Pero para ella no todos es cuestionable, también ve avances originados a raíz de los esfuerzos de los grupos opositores y se visibiliza según dice, en la pérdida del gobierno de las calles y la falta de legitimidad, pero cree que la férrea posición de Ortega demanda un papel más confrontativo de las organizaciones como la Alianza y la UNAB.

«Necesitamos una oposición mas arriesgada, mas arrojada que piense en alto, que demande junto al pueblo la salida, la sustitución de este régimen, claro que eso tiene consecuencias, pero si queremos pasar al otro lado del río necesariamente hay que mojarse, no hay de otra», expresa. 

Los nicaragüenses continúan desafiando estado policiaco. Foto:NI

A pesar de las críticas a los grupos que representan a la oposición el espíritu de abril sigue vivo, dice Fidel Ernesto Narváez y recuerda que en 2018, «sin una jerarquía partidaria» el nivel de autoconvocatoria espontánea fue uno de los mejores logros sociales de esa crisis, y consideró que no debemos centrarnos en esperar la dirección de los grupos de poder, sino en lograr que sean las personas las que marquen la agenda. 

Pallais por su parte recuerda que Ortega nunca estuvo más débil como ahora desde que retomó el poder en 2007 y que «tenerlo arrinconado políticamente»  es un logro que asegura «no hay que menospreciar». 

Foto principal: Oficial/AC

 

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