Nicaragua bajo fuego: la tarea de construir una cultura de paz

Nicaragua ha sido un pa√≠s en constante conflicto pol√≠tico y social. Desde su independencia de Espa√Īa hace 199 a√Īos, se han desarrollado m√°s de 21 guerras o conflictos armados.

El saldo ha sido innumerables muertes, desempleo, pobreza, hambre y deudas impagables.

Solo el conflicto más reciente registrado entre 1979 y 1989, dejó más de 50 mil muertos, una deuda externa de casi 11 mil millones de dólares, una inflación del 33,000% y un nivel de pobreza que superaba el 61%. La guerra es cara por donde se mire.

Un estudio del INCAE indica que en 1987, el 30% del presupuesto nacional era consumido por el Ejército, que tenía más de 180 mil efectivos.

Guerrilleros celebran derrota de dictadura de Anastasio Somoza Debayle en julio de 1979. Archivo histórico/NI

Es luego de esa década de guerra, a partir de 1990, que se escribe la historia reciente del país, se dice que desde entonces Nicaragua vive en paz.

Pero‚Ķ ¬Ņqu√© es la paz? ‚Äď Para muchos parece un concepto f√°cil; la ausencia de guerra. Pero Johan Galtung, un soci√≥logo noruego, pionero en la investigaci√≥n de paz y conflictos, se√Īala que no siempre la falta de un enfrentamiento armado implica una verdadera paz.

Braulio Abarca, miembro del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca M√°s, comparte el concepto de Galtung. √Čl explica que, durante los √ļltimos 12 a√Īos, Nicaragua ha vivido en lo que para algunos podr√≠a ser llamado periodo de paz, sin embargo, solo es un momento de no confrontaci√≥n, logrado a cambio de la restricci√≥n de libertades p√ļblicas.

‚ÄúEs una paz (‚Ķ) donde nadie pueda hablar en contra de ellos (los gobernantes), donde no exista oposici√≥n, donde no hay libertad de expresi√≥n‚ÄĚ, nos dice Abarca.

Johan Galtung, sociólogo pionero en la investigación de conflictos y cultura de paz. Nueva Tribuna/NI

 

En su libro ‚ÄúSobre la paz‚ÄĚ, Galtung entiende este precepto como el no ejercicio de la violencia, y la violencia en un concepto m√°s abstracto; la privaci√≥n de los derechos humanos fundamentales.

En ese sentido, el autor explica que  la violencia no siempre es directa, es decir, ejercida a través de las armas o la represión, sino que muchas veces logra esconderse entre el tejido social, más allá de lo que podemos ver a simple vista. Es parte del sistema, es lo que él llama; la violencia estructural.

Mónica Zalaquett, es Directora del Centro de Prevención de la Violencia. Para ella, en Nicaragua lograr una cultura de paz implica un largo camino, porque muchas de las acciones violentas se han integrado a la cultura del país y se han juzgado como normales.

Firma del Acuerdo de Paz en Centroamérica en agosto de 1987. Foto: Archivo histórico

 

‚ÄúPara construir la paz se necesita desmontar una serie de creencias que conducen a la violencia, como por ejemplo, que una persona tiene m√°s valor que otra por determinadas caracter√≠sticas, como por el hecho de ser hombre o mujer, que los adultos valen m√°s que los ni√Īos, por razones de pertenencia a un sector econ√≥mico o los niveles de estudio que tiene‚ÄĚ, nos dice.

Para ella ‚Äúla ra√≠z de la violencia es creer que unas personas valen m√°s y por lo tanto, al creer eso se establecen relaciones de poder y de abuso de poder‚ÄĚ, manifiesta.

La violencia a través del poder

Pero ¬ŅC√≥mo esas creencias se traducen en violencia?

Al creer que un grupo es superior al otro, se priva a unos de derechos fundamentales sobre los intereses del otro.

En Nicaragua se manifiesta por ejemplo, a través de la falta de acceso a agua potable, a oportunidades de desarrollo, o en la discriminación y otro tipo de acciones que vulneran sobre todo a los más pobres o a los más excluidos.

‚ÄúHay una violencia pol√≠tica, una violencia ligada al poder; la violencia intrafamiliar y basada en g√©nero, la misoginia, la homofobia, este tipo de odio dirigido hacia las poblaciones diversas (‚Ķ) son parte de la violencia asentada en nuestra psiquis‚ÄĚ, nos dice Braulio Abarca, activista de derechos humanos.

Siendo que la violencia es parte de toda la estructura social, el país es vulnerable al conflicto.

La reciente crisis sociopolítica iniciada en abril de 2018 da cuenta de ello.

Para muchos expertos, esa violencia latente es herencia de nuestro pasado conflictivo. Vivimos varias guerras, pensando que el combate y la muerte eran el camino hacia la paz. Esa creencia sigue siendo parte de nuestra herencia cultural, sumado a todas las dem√°s formas de violencia que la guerra trae consigo.

Las dos guerras m√°s recientes

Mauricio D√≠az, es exdiplom√°tico y analista pol√≠tico. √Čl recuerda que los breves per√≠odos de paz que ha tenido nuestro pa√≠s han sido fr√°giles, una paz m√°s bien lograda a la fuerza.

‚ÄúLa paz que impone el somocismo es la paz de los cementerios, una paz donde el poder estaba en la boca de los fusiles de la Guardia Nacional y es el per√≠odo de los culatazos, de los muertos‚ÄĚ, rememora.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional prometía el fin de todo aquello. Pero los muertos y la destrucción que dejó en el país la cruzada armada que permitió la salida de Somoza, en realidad no trajo la tan ansiada paz.

La historia da fe de que la represi√≥n entonces contin√ļo, se crearon grupos de vigilancia para mantener bajo control el descontento social, se censur√≥ medios de comunicaci√≥n y la guerra regres√≥ tan solo meses m√°s tarde.

Nicaragua llegó al momento más terrible de su historia con esa guerra de una década, pero Daniel Ortega, entonces en el poder, no cedía.

√ďscar Arias, presidente de Costa Rica en ese entonces, recuerda que la intransigencia no era solo de Ortega, Estados Unidos se empe√Īaba en apoyar la guerra en Nicaragua. En ese entonces Arias propon√≠a un acuerdo de paz en toda centroam√©rica.

‚ÄúLa presi√≥n de Estados Unidos hacia Don Napole√≥n Duarte, hacia el Presidente Ascona de Honduras, era tan fuerte para que no apoyaran una soluci√≥n diplom√°tica, negociada, pac√≠fica a los problemas centroamericanos‚Ķ pero yo puse mucha presi√≥n sobre ellos, porque ten√≠amos en nuestras manos el destino de millones de centroamericanos‚ÄĚ, relata.

Firma del Acuerdo de Paz en Centroam√©rica en agosto de 1987. Foto: Archivo hist√≥rico √ďscar Arias.

La ausencia de una cultura de paz ha sido un factor determinante para que otros pa√≠ses justifiquen su intromisi√≥n en asuntos internos, asegurando que necesitan intervenir para poder mediar en el conflicto y traer de regreso la paz, pero¬† por lo general esa intromisi√≥n, termina en la b√ļsqueda de sus propios intereses, y no en los intereses de la naci√≥n.

Es así como llegó al poder, por ejemplo, el filibustero William Walker, tras el llamado del partido liberal para derrocar a los conservadores en 1855. Es decir, una sociedad en conflicto termina convocando la intervención extranjera.

La paz aparente

Los diez a√Īos de guerra no pusieron fin al conflicto. Solo se logr√≥ esto a trav√©s de un acuerdo de paz. Los llamados acuerdos de Sapo√°, se firmaron en agosto de 1987 por todos los pa√≠ses centroamericanos que tambi√©n viv√≠an conflictos armados.

Dos a√Īos m√°s tarde, se logr√≥ convocar a elecciones. La victoria de Do√Īa Violeta Barrios de Chamorro supon√≠a una nueva etapa en la vida pol√≠tica del pa√≠s; una transici√≥n hacia la paz definitiva. El fin del militarismo, sin embargo, esto no fue realmente as√≠.

En su primer discurso tras la entrega de la banda presidencial, Daniel Ortega grit√≥ ante una multitud de sus simpatizantes – ‚Äú¬°Vamos a gobernar desde abajo!‚ÄĚ La consigna estuvo seguida de un ejercicio violento de la oposici√≥n.

‚ÄúSu per√≠odo se ve frustrado por asonadas, violencia, huelgas impulsadas desde abajo. Pienso que tambi√©n el Gobierno de Bola√Īos quiso impulsar un poco la promoci√≥n de la cultura de paz, pero se vio impedido por el pacto y repacto de Ortega y Alem√°n que agarraron el Estado como un bot√≠n y se han dedicado a promover sus liderazgos‚ÄĚ, nos dice Mauricio D√≠az, analista pol√≠tico.

D√≠az considera que ning√ļn gobierno hasta ahora se ha preocupado por alentar y promover una cultura de paz, principalmente en las escuelas donde se promueve la guerra como s√≠mbolo de hero√≠smo. ‚ÄúNo se ha llevado a las escuelas el conocimiento de h√©roes c√≠vicos, sino que se ha promovido el militarismo, los liderazgos armados, los l√≠deres que hacen revoluciones, no hemos logrado consolidar un pensamiento que nos permita dotar a las generaciones del futuro de una visi√≥n c√≠vica‚ÄĚ, expresa D√≠az.

Para este analista este tipo de formación sobre lo que un héroe patrio significa ha promovido el caudillismo, uno de los principales obstáculos para la formación de una cultura de paz, pues son los caudillos, los que en miras de proteger sus propios intereses impulsan guerras y conflictos sociales.

A eso se suma el trauma posguerra, que nos conduce siempre irremediablemente al conflicto.

Heridas abiertas; lecciones no aprendidas

Martha Cabrera es psic√≥loga, y por muchos a√Īos se ha dedicado a indagar sobre c√≥mo la guerra afect√≥ las emociones de las personas e incidi√≥ en su filosof√≠a de vida. El trabajo parece tener efectos individuales, pero ella asegura que el trauma posguerra de un individuo puede reflejar las heridas de todo un pa√≠s.

‚ÄúLa guerra es el fen√≥meno m√°s brutal que le puede pasar a una sociedad‚ÄĚ, relata Cabrera durante una conferencia ofrecida en el a√Īo 2015 en el marco del TedEx Nicaragua.

‚ÄúLa secuelas de una guerra duran varias generaciones, as√≠ que la intolerancia pol√≠tica, refleja que nosotros somos un pa√≠s con la historia atorada en la garganta‚ÄĚ, dice contundentemente.

Ella desarrolla un proceso en diferentes partes del pa√≠s, ¬†donde las personas pueden ser capaces de compartir un espacio para narrar sus historias de guerra y desde ah√≠ fue posible hacer un mapeo en el que despu√©s de 40 a√Īos ¬†sali√≥ a luz los efectos de aquella guerra: abuso sexual, abandono, maltrato, muerte, migraci√≥n, exilio y pobreza.

‚ÄúUn campesino de Nueva Segovia reclam√≥, ¬Ņporqu√© vienen hasta ahora?, yo regres√© loco de la guerra‚ÄĚ, cuenta Cabrera entre l√°grimas.

Para esta especialista el fin de la guerra sin un proceso de sanaci√≥n colectiva permiti√≥ asentar la cultura de la violencia, porque todos esos traumas del conflicto se trasladaron a la forma de vivir de los nicarag√ľenses y se ramificaron en la estructura social tal y como lo describe Galtung en su teor√≠a de la violencia indirecta.

Si la guerra se hubiera entendido como el fenómeno brutal que Cabrera describe, quizá la reacción social más lógica sería nunca volver a ella y definir un modelo para una cultura de paz en el país.

El olvido, una receta para la guerra

Para lograr la paz en 1990, se pens√≥ en una √ļnica salida; el olvido.

La recién aprobada Ley de Amnistía abrió viejas heridas sociales.  Más de 50 mil muertos de la pasada guerra nunca recibieron justicia.

Una generación completa fue reclutada contra su voluntad, comunidades enteras bombardeadas y desplazadas, como las miskitas, en la llamada Navidad Roja. Secuestros, torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales. Todo, quedó enterrado en una ley de amnistía aprobada en 1990.

En ese entonces se decidi√≥ elegir entre la justicia o la paz. ¬ŅSon acaso conceptos que pueden existir de manera individual?

Zoilamérica Narváez, opina que no. Ella es socióloga, pero también conoce de cerca el poder. Es hija de Rosario Murillo, vicepresidenta del país.

Zoilamérica cree que la paz verdadera se logra solo después de obtener justicia y verdad. Es por eso que rechaza la Ley de Amnistía aprobada recientemente, ya que considera que a largo plazo, las consecuencias son nefastas para el país y atentan contra la posibilidad de asentar una prolongada y sólida cultura de paz.

‚ÄúEn nuestra historia como pa√≠s el no investigar cr√≠menes ha implicado posteriormente aparecer a responsables de delitos transformados en diputados, en nuevos personajes pol√≠ticos y aparecer en el escenario burl√°ndose de la memoria y del dolor causado a los nicarag√ľenses‚ÄĚ, expresa.

Su apreciaci√≥n no dista mucho de la realidad que hoy vivimos, de hecho, Daniel Ortega es un personaje que ha estado presente desde sus 14 a√Īos de edad en la vida pol√≠tica de Nicaragua. Otros muchos personajes pol√≠ticos conflictivos tambi√©n tienen d√©cadas de ocupar cargos de poder, a pesar de haberse involucrado en delitos graves.

‚ÄúLas c√ļpulas pol√≠ticas a lo largo de nuestra historia y en particular en el contexto de los 80 quisieron utilizar la figura de la reconciliaci√≥n en aquel momento como una manera de pasar la p√°gina y evitarle al pa√≠s dolor, el rencor del reconocimiento de lo que hab√≠a pasado‚ÄĚ, manifiesta Zoilam√©rica.

Sin embargo aceptar este concepto de paz permitió que en Nicaragua se creara una cultura de olvido y de silencio, de tal forma que para los perpetradores, se hace muy sencillo luego librarse de las consecuencias de sus actos.

Bajo esta premisa, una gran parte de nuestra historia que ha quedado enterrada en la memoria de quienes la vivieron, y que a√ļn hasta hoy no se atreven a revelar, porque los culpables no solo siguen libres e impunes, sino que son parte del c√≠rculo de poder pol√≠tico y econ√≥mico del pa√≠s.

Casos como las confiscaciones, por ejemplo, que se sucedieron tras la salida de Somoza del poder y que solo beneficiaron a ciertos personajes, fueron algunos de los delitos que nunca se investigaron ni se juzgaron.

Crímenes, torturas y desapariciones de la dictadura somocista también siguen siendo grandes enigmas en nuestro tiempo.

Recordar, para rescatar lecciones

Ejemplos como los que anteriormente hemos descrito revelan que cuando las vivencias se entierran las lecciones también se olvidan.

‚ÄúCuando se dieron los acuerdos de Sapo√° se debi√≥ haber creado ah√≠ mismo una comisi√≥n de recuperaci√≥n de la memoria hist√≥rica, en Nicaragua no hicimos el ejercicio que hicieron por ejemplo en Guatemala, de crear una comisi√≥n que registrara, que rescatara y escribiera las violaciones a los derechos humanos realizadas por las fuerzas armadas‚ÄĚ, dice Mauricio Diaz, analista pol√≠tico.

Nicaragua es uno de los pocos países de Centroamérica que no ha trabajado en recuperar su memoria histórica. Archivo histórico/NI

Para un grupo de j√≥venes que crearon una iniciativa educativa sobre temas pol√≠ticos llamada ‚ÄúHora Cero‚ÄĚ, esto es completamente cierto y por eso promueven una serie de videos educativos para instruir a la gente sobre el tema de justicia transicional.

‚ÄúEs un concepto abstracto‚ÄĚ, nos dice Ludwing Moncada, uno de los j√≥venes que forma parte de esta iniciativa. ‚ÄúLa justicia transicional incluye conceptos como derecho a la verdad, derecho la justicia y el principio de garant√≠a de no repetici√≥n‚ÄĚ, nos explica.

Lo que pretenden es lograr que la gente vincule siempre el concepto de paz a estos otros principios porque para ellos, es la √ļnica manera de lograr que esa paz sea duradera y que con el tiempo se convierta en una cultura o filosof√≠a de naci√≥n.

‚ÄúHist√≥ricamente Nicaragua ha pasado de guerra en guerra con leyes de amnist√≠a y procesos que son borr√≥n y cuenta nueva, la primera transici√≥n pac√≠fica se da en el 90 y esto no contempl√≥ procesos de justicia transicional, no hubo espacios de memoria para recordar a las v√≠ctimas, no hubo comisi√≥n de la verdad que pudiera esclarecer los cr√≠menes que se cometieron durante ese per√≠odo de guerra y no hubo mejora en la institucionalidad para fortalecer al Estado, de modo que no se pudieran cometer nuevamente esos cr√≠menes que se cometieron‚ÄĚ, explica Moncada.

Para Mauricio D√≠az, la receta para lograr instaurar una cultura de paz en el pa√≠s es dif√≠cil. A√ļn pa√≠ses como Guatemala, Honduras o El Salvador que s√≠ avanzaron hac√≠a un proceso m√°s cercano a la justicia transicional y rescate de la memoria hist√≥rica tienen tarea pendiente y siguen siendo vulnerables a conflictos pol√≠ticos y sociales violentos.

Pero él cree que el secreto y el primer paso debe ser prohibir la reelección presidencial en todas sus formas.

‚ÄúTenemos el deber de volver a la alterabilidad en el poder (‚Ķ) este ha sido el principio de la mayor√≠a de conflictos o guerra en nuestro pa√≠s‚ÄĚ, advierte.

Para él también hay otras cosas que agregar, como la prohibición del nepotismo, castigar y perseguir la corrupción de manera firme y determinada.

Pero lograr eso necesitaría del apoyo de los grupos de poder, y eso sería muy difícil. Mónica Zalaquett, cree que la respuesta debe nacer desde las iniciativas ciudadanas.

‚ÄúMediante amplios procesos de formaci√≥n, de educaci√≥n, campa√Īas educativas, un trabajo diligente a trav√©s de los medios de comunicaci√≥n y redes sociales e ir generando a nivel comunitario las capacidades locales para que las personas puedan irse educando unas a otras en cultura de paz‚ÄĚ, explica.

Zalaquett considera que el tema de cultura de paz debe incluirse en la curricula escolar.

Nicaragua enfrenta un nuevo desafío histórico para solucionar una de sus mayores crisis socio-políticas por la vía pacífica. Foto oficial/NI

Para esta especialista la actual negociaci√≥n que se establece con el supuesto prop√≥sito de llegar a la paz, no tendr√° √©xito mientras exista la jerarqu√≠a ‚ÄúNo hay posibilidades de di√°logo cuando estamos bajo la l√≥gica autoritaria, porque el di√°logo parte del hecho que le das valor a la palabra de la otra persona, pero cuando existe una jerarqu√≠a, los que est√°n arriba no le dan el valor a la palabra de los que ellos suponen, est√°n abajo‚ÄĚ, afirma.

Braulio Abarca del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca M√°s, expresa que es necesario que cada nicarag√ľense tenga en mente la filosof√≠a de Mahatma Gandhi, en cuando a comprender que ‚ÄúNo hay camino para la paz, la paz es el camino‚ÄĚ.

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