¿Refundación de la ONU? Las asignaturas pendientes de la 77 Asamblea General

En más de 70 años de historia, el salón plenario de las Naciones Unidas en Nueva York ha sido escenario de momentos memorables en el camino prometido de preservar la paz y construir un mundo mejor para todos. Siete décadas después, el organismo, una vez símbolo de la victoria del multilateralismo, pasa por momentos críticos mientras busca lidiar con un mundo cada vez más convulso.

«Las Naciones Unidas han luchado y siguen luchando por el progreso y el bienestar de la humanidad (…) Sin embargo, teniendo en cuenta la manera fundamental en que ha cambiado el mundo en los últimos siete decenios, existe una necesidad clara de reformar las Naciones Unidas y sus principales órganos», dijo Sam Kahamba Kutesa, presidente del sexagésimo noveno período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en una crónica escrita a propósito del aniversario 70 de la ONU.

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«La Asamblea General debe revitalizarse. El Consejo de Seguridad debe reformarse. Y el Consejo Económico y Social debe revigorizarse. Además, es preciso reforzar la relación entre la Asamblea General y el Consejo de Seguridad», añadió.

Han transcurrido siete años, y el clamor sigue en pie. Hace solo tres años, por ejemplo, un presidente latinoamericano aprovechó su turno en la ONU, y teléfono en mano, se hizo un selfie con la única intención de demostrar que más gente lo vería en Twitter que en la Asamblea.

Fue el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien sonriente mientras se hacía una foto, dijo: «Créanme, muchas más personas verán esta selfie que las que escucharán este discurso».

“El mundo ha cambiado y la Asamblea General sigue siendo la misma», continuó entonces Bukele. Esta semana, el joven mandatario repitió su crítica en la sesión de apertura de la 77ª reunión anual de la ONU. “Hace tres años estuve aquí, en este mismo podio en las Naciones Unidas. En ese tiempo les dije que este formato ya era obsoleto. Ahora tres años después, lo es aún más”, afirmó lapidario.

Las numerosas ausencias de jefes de Estado en la 77 Asamblea General de la ONU y las críticas de los asistentes parecen indicar que el organismo multilateral está pasando por un mal momento.

“El formato de la Asamblea General de la ONU es algo aburrido. En realidad, no sabemos cuánta gente está prestando atención”, dijo a reporteros a Bukele esta semana al salir de la sesión plenaria.

Expertos consultados coinciden en que las sesiones de este año dan muestra clara del poco entusiasmo frente a lo que antes era una reunión imprescindible.

“Durante las primeras décadas de fundada, la ONU representaba la esperanza de muchos países de lograr un foro donde se resolvieran de manera efectiva numerosos problemas regionales como agresiones militares, ambiciones hegemónicas, aspiraciones de independencia y soberanía”, explicó a la Voz de América el analista Sebastián Arcos, profesor de la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

Arcos recordó cómo durante la Guerra Fría las Naciones Unidas se volvieron un campo de batalla entre EEUU y la Unión Soviética, además de servir de tribuna para regímenes de izquierda que “fueron muy efectivos en usar la ONU para popularizar y propagar sus ideas”.

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“Esta manipulación constante de las instituciones internacionales contribuyó mucho a su descrédito, sumado a la incapacidad orgánica de la ONU en resolver problemas específicos”, aclaró el director asociado del Instituto de Estudios Cubanos de la FIU.

Para Arcos un buen ejemplo es el Consejo de Derechos Humanos. “Ha terminado convertido en un club de violadores sistemáticos de esos derechos”, dijo.

Poco lustre y débil liderazgo

En general, los expertos coinciden, que esta 77ª Asamblea General, la primera en forma completamente presencial después de la pandemia de COVID-19, ha tenido poco lustre. Fuera de los esperados discursos de los presidentes de EEUU, Joe Biden, y de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, el único autorizado a enviar una intervención pregrabada, poco ha entusiasmado dentro del programa de esta cita.

Lejos han quedado momentos históricos como el discurso de siete horas del fallecido Fidel Castro, las discusiones acaloradas y la presencia de polémicas figuras como el expresidente Donald Trump, cuya intervención causó risas en el usualmente serio auditorio.

En esta edición también se notan los vacíos dejados por mandatarios de países clave en Latinoamérica como Nicaragua, Venezuela, Cuba, México y Panamá; los tres primeros debido a las sanciones impuestas por EEUU. Otras grandes potencias como Rusia y China tampoco están representadas por sus jefes de Estado. Los que sí han asistido han coincidido en la cada vez menor influencia de la ONU en la arena internacional.

“La ausencia de un número grande de mandatarios latinoamericanos y las críticas que ha recibido la organización universal de varios de los ausentes expresan un estado de escepticismo ante la promesa hueca de un multilateralismo que produce muy poco para la región”, explicó por su parte a la VOA Arturo López-Levy, doctor en Estudios Internacionales por la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

En esta edición también se notan los vacíos dejados por mandatarios de países clave en Latinoamérica como Nicaragua, Venezuela, Cuba, México y Panamá; los tres primeros debido a las sanciones impuestas por EEUU. Otras grandes potencias como Rusia y China tampoco están representadas por sus jefes de Estado. Los que sí han asistido han coincidido en la cada vez menor influencia de la ONU en la arena internacional.

“La ausencia de un número grande de mandatarios latinoamericanos y las críticas que ha recibido la organización universal de varios de los ausentes expresan un estado de escepticismo ante la promesa hueca de un multilateralismo que produce muy poco para la región”, explicó por su parte a la VOA Arturo López-Levy, doctor en Estudios Internacionales por la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

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Temas locales en la ONU

López-Levy dijo que es ilustrativo cómo la mayoría de los presidentes latinoamericanos que han hablado en la Asamblea General, como el chileno Gabriel Boric, el peruano Pedro Castillo y el propio Bukele se han focalizado en usar el podio internacional para destacar agendas domésticas como el plebiscito constitucional en Chile, el respeto a los mandatos electorales, y el rechazo a la crítica internacional a algunos de los métodos de enfrentamiento a las bandas en El Salvador.

Y resaltó el hecho de que en su estreno en la ONU, el mandatario colombiano Gustavo Petro fue el único que ofreció “un discurso más centrado en la coordinación multilateral de respuestas al cambio climático, repensar el tema de las drogas, los daños relativos a los combustibles fósiles y el apoyo al proceso de paz en su país, sin que su discurso haya motivado una respuesta constructiva de apoyo sustantivo en la ONU por la diplomacia estadounidense”.

Renovación de una ONU “florero”

Si en algo han coincidido la gran mayoría de jefes de Estado y cancilleres asistentes a la 77ª Asamblea General, es que la ONU necesita una “profunda y urgente renovación” de sus mecanismos. Los llamados a una reestructuración integral de entes como el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos han sido los temas más tratados en esta cita, junto al casi unánime rechazo a la guerra en Ucrania.

Los participantes, entre ellos el presidente Biden, no han escatimado críticas contra el Consejo de Seguridad y el “desmedido uso del derecho al veto”, que debería ser “una excepción no una norma”, según expresara el líder del Consejo Europeo, Charles Michel, quien el viernes cuestionó la legitimidad del mecanismo dado que Rusia sigue como miembro permanente aún después de su “guerra de invasión” contra el Estado ucraniano.

Biden propuso una ampliación de la membresía del Consejo y dijo que apoyaría las candidaturas de países de África, Latinoamérica y Asia.

El canciller de México, Marcelo Ebrard, insistió por su parte en la necesidad de una mayor “transparencia, eficacia, rendición de cuentas, y la participación equitativa en los trabajos del Consejo” en reflejo de la posición de su presidente, Andrés Manuel López Obrador, uno de los mayores críticos del organismo internacional, que ha rechazado asistir a una reunión de un “aparato burocrático que se está quedando como florero” y que a su juicio “cuesta mucho”.

A pesar de sus repetidos llamados al cambio, la mayoría de los países afirmaron estar dispuestos a salvar a la organización, que de desaparecer, dejaría sin voz a decenas de naciones pequeñas que solo pueden hablar frente a la escena mundial una vez al año en la Asamblea.

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El propio Nayib Bukele reconoció el alcance de sus palabras como “una de las naciones más pequeñas de Latinoamérica”.

“Vine hasta acá, a pararme en este podio, en un formato en el que ya no creo, para decir algo que lo más probable es que, de todas maneras, no cambie la forma en la que los países poderosos ven a los demás. Pero tal vez cambie la forma en que los países en vías de desarrollo nos vemos a nosotros mismos. Si después de estas cortas palabras, he logrado eso», afirmó. «Entonces valió la pena”.

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