Llegó a España sin nada desde Nicaragua y ahora espera graduarse y viajar a Marruecos

Andrea Salablanca, de 24 años, es una nicaragüense que espera terminar la carrera de Relaciones Internacionales en una Universidad en España, para luego concluir sus prácticas en Marruecos. Esta la historia:

Andrea Fernanda Salablanca Guido no se ha dejado vencer por nada que pueda arrebatarle sus sueños de recibirse en una universidad. Cuando tenía 21 años, estaba a unos meses de culminar su carrera universitaria y cerrar un ciclo en su vida, pero fue expulsada en septiembre de 2018 de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), donde estudiaba Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por sumarse a las protestas antigubernamentales.

La UNAN y el régimen que lidera Daniel Ortega y Rosario Murillo le arruinaron sus metas. Ella se vio obligada a exiliarse en España y empezar una vida desde cero. Ya han pasado cuatro años de lucha y a pesar de todo la alegría ha vuelto: Está terminando sus estudios en la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Loyola, en Sevilla.

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Cuando llegó a ese país europeo lo primero que hizo fue solicitar asilo político y poder encontrar una universidad que la becara. Pero la incertidumbre llegó de nuevo porque pasaban los meses y no encontraba esta oportunidad.

Supo de la Universidad Loyola Andalucía gracias al apoyo de la Asociación Nicaragüense en Sevilla, que atiende a los exiliados. “Tuve la bendición de poder encontrar gente en el camino, como esta institución que me abrió las puertas y me acogió como si fuera de aquí (de España)”, cuenta ahora a sus 24 años mientras está esperando terminar algunas clases de la carrera de Relaciones Internacionales.

“Ahora estoy haciendo prácticas en la oficina de relaciones internacionales de la universidad. Es una oportunidad que me han dado a parte de ser becaria”, detalla y agrega que ha sido una experiencia “maravillosa” en la que ha conocido mucha gente y red de contactos.

“En el exilio es importante encontrar una red de apoyo y yo en la universidad he logrado encontrar esa red. Y no solo de profesores, sino de compañeras de trabajo. No soy como una becaria más que llega un par de horas, un par de meses. Me apoyan también en lo emocional, son como mamás postizas para mí. Así les digo”, relata.

Andrea Salablanca viajará a Marruecos en agosto de este año para hacer sus prácticas profesionales. Foto | Cortesía

Planea viajar a Marruecos

Andrea tuvo las opciones de elegir el lugar para continuar ganando experiencia en su campo. Ella optó por ir a Marruecos para hacer prácticas en la oficina de relaciones internacionales de una universidad, que duran al menos cinco meses. Su viaje está planeado para agosto de este año.

“Ese viaje es con el Programa Erasmus y voy por parte de la universidad”, dice con alegría, aunque resalta que fue irónico ya que sus compañeras le dijeron que venía de un entorno conflictivo para entrar a otro. 

“Cuando regrese solo vengo a graduarme y después veo qué hago. Tengo algunos planes en mente de dónde quiero ir, pero tengo que pensar también en mi familia”, comenta.

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La joven manifiesta que su alegría tiene sentimientos encontrados, porque “cuando uno está en el exilio es toda una montaña rusa, son muchísimas emociones las que sentís. Pero creo que una vez que logre cerrar este ciclo, que es la carrera, me sentiré muy llena, ya me siento muy llena”.

Esa felicidad la siente también por su familia porque considera que es algo que estaban esperando con ansias. “Ellos ya están ahorrando para poder costear el viaje y venir a mi graduación. No es un ciclo solo mío, sino de toda la gente que está a mi alrededor como mis excompañeros de trabajo en Nicaragua, mis amigos. Todos ellos se sienten sumamente orgullosos hasta dónde he llegado actualmente”, comparte.

Andrea Salablanca tiene actualmente 24 años y estudia Relaciones Internacionales. Foto | Cortesía

Dice que después de la carrera quizás se enfoque en sacar un Máster porque sus notas han cambiado mucho desde que está fuera de Nicaragua, al ver y conocer de cerca la necesidad de los migrantes en general.

“Estoy muy interesada en poder trabajar en organizaciones como las que me han apoyado en todo mi proceso de exilio. Quiero ir un poco a terreno y por eso quiero ir a Marruecos, porque quiero ver como es la migración africana para poder colaborar con esas personas, que probablemente viven en un entorno todavía más complicado del que yo vivo”, concluyó.

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