La historia de éxito de un nica migrante en Costa Rica: «vine con esas ganas de seguir adelante»

Edgard Blanco, de 23 años, se exilió en Costa Rica en 2018. En el exilio está triunfando: va a terminar su carrera en Ciencias Políticas, mientras trabaja en una empresa. Esta es su historia:

Edgard Blanco López salió de Nicaragua de manera obligada con un futuro incierto. Fue expulsado de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) por manifestarse en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en 2018. Pero en el exilio ha triunfado: está por terminar su carrera universitaria y tiene un trabajo bien remunerado.

El joven, de 23 años, decidió exiliarse, como muchos otros, un 3 de octubre de 2018 en Costa Rica. Llegó al país dejando atrás el cuarto año de la carrera de Relaciones Internacionales, que cursaba en la UNAN-Managua. Pero el exilio le ha servido de alguna manera para reinventarse y salir adelante, como muchos otros nicaragüenses.

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Cuenta que al principio el  exilio le fue duro como a todos. “Pero lo importante es que uno viene con esas ganas de seguir adelante y probarle a la vida que uno tiene potencial, y ese potencial no podía ser desperdiciado y tampoco destruido por un régimen dictatorial”, dice a Nicaragua Investiga mientras se preparaba para ir a trabajar.

El joven también dedica parte de su tiempo espera terminar su carrera el próximo año. Foto | Cortesía

Cuando llegó a Costa Rica sintió la necesidad de seguir adelante con sus estudios y no quedarse estancado, porque era lo único que en ese momento le “podía levantar la moral”. Lo primero que hizo fue buscar dónde estudiar y así visitó varias universidades pasando por todas las “paredes burocráticas” para solicitar información.

Llegó a la Universidad de Costa Rica (UCR), actualmente una de las mejores en Centroamérica, y logró entrar como estudiante internacional, ya que cuando solicitó el ingreso le indicaron que para eso debía ser estudiante regular y hacer el examen de admisión.

“Pregunté si había otra forma y me dijeron que como estudiante internacional. Me atendieron muy bien y me facilitaron un montón de trámites burocráticos, como algunas cosas de la universidad anterior”, dice. Ingresó a la UCR en 2019 como estudiante internacional y al año siguiente pasó a ser estudiante regular, lo que es más cómodo para él. 

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Espera terminar su carrera el próximo año

“Tengo un promedio bastante bueno en este momento. Ha sido muy complicado adaptarse al sistema diferente que tiene la universidad, es una universidad buenísima con catedráticos muy buenos y puede generar oportunidades mucho mejores para mí en un futuro”, cuenta el joven.

El universitario, que ahora estudia la carrera de Ciencias Políticas y espera terminar el próximo año, explica que le satisface recibir una educación libre donde se puede expresar libremente y que a la vez está aprendiendo valores democráticos.

En el transcurso de los años se ha involucrado en el movimiento estudiantil costarricense de la universidad y fue parte del consejo superior estudiantil por el Partido Factorial, en la UCR. Dentro de esta organización universitaria ha ejercido influencias con otros estudiantes de la universidad que se involucraron.

“Hemos hecho lo que se puede para llevar las demandas de los nicaragüenses dentro de la Universidad de Costa Rica”, resalta. 

Tiene un buen trabajo

Edgard tiene su horario dividido entre los estudios y el trabajo. Por la mañana recibe clases y entre las tres de la tarde hasta las 10:30 de la noche lo dispone para una empresa llamada Align Technology de Costa Rica S.R.L, que se dedica a la fabricación de artículos ortodónticos, en este caso alineadores dentales.

Pero no fue fácil para él conseguir un empleo. “Yo estuve buscando trabajo un buen rato porque el trámite de identificación es muy complejo y tarda. A mí me tardó seis meses para que me dieran mi identificación y después tres meses más para darme el permiso laboral”, relata y cuenta que la Fundación Mujer le brindó un curso de nivelación de inglés avanzado para clasificar en call center.

“Lo intenté y como no tenía permiso laboral no pudieron realizar contratos, aunque logré pasar las pruebas”, dice.

Este no era su momento. Recuerda que en una de las ferias que organizó la Fundación Mujer con la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se encontró con Align Technology.

Edgard Blanco trabaja para una empresa llamada Align Technology. Foto | Cortesía

“No requieren experiencia, necesitaban personas con dominio de inglés. Yo traté de aplicar en 2019, sabía que iba a ser complicado estudiar y trabajar, pero dije que tengo que intentarlo todo”, comparte. Agrega que lo llamaron a una entrevista, realizó todas las pruebas y clasificó.

Comenta que dentro de esta empresa el trato es cordial y no hay distinción de ningún tipo. “Han sido una empresa comprensiva con mi situación migratoria. Mi salario es igual al de cualquier persona que trabaje ahí. Dentro de la empresa he tenido cierto desempeño sobresaliente. Cuando uno viene como migrante viene con más fuerzas para superarse. Esas fueron las que me motivaron”.

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Fue sobresaliente y lo pasaron a nivel dos con el cargo CAD Designer, en donde se ocupaba de brindar soporte a las personas que están haciendo producción virtual con diseños en 3D. Luego lo ascendieron al programa de desarrollo individual llamado IDP Project.

“He ido creciendo poco a poco y ahora soy nivel tres en 3D dental treatments CAD Designer. La verdad es que yo me siento bastante contento con estos logros”, dice el joven quien dedica su tiempo libre para pasar con amigos, familia y la política estudiantil. “Es un poco complejo, pero sí se puede trabajar y estudiar”, acotó.

Un informe de ACNUR titulado “Tendencias Globales, desplazamiento forzado en 2021”, recopiló que el año pasado, unas 102,000 personas huyeron de Nicaragua y buscaron asilo en Costa Rica. La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dijo recientemente que la migración de los nicaragüenses es un hecho sin “precedentes”, porque es mayor de los que se registraron en la década de 1980, durante la Revolución Sandinista.

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