La lujosa vida de Juan Carlos Ortega en Instagram

 Juan Carlos Ortega

Exhibir parrilladas con carnes de finos cortes, viajes a la playa o bebidas alcohólicas importadas desde Estados Unidos contradicen el discurso socialista del hijo presidencial, pero también chocan con la realidad del segundo país más pobre de Latinoamérica.

 

En el segundo país más pobre del continente, una familia entera gobierna, y todos han mostrado de una u otra forma sus exigentes gustos. Rosario Murillo, solo bebe agua de los alpes franceses «Perrier», Daniel Ortega exhibe vehículos blindados de casi 300 mil dólares cada uno, Laureano Ortega tiene una colección de Rolex y monta unos millonarios conciertos de ópera con poco público, Camila ama la ropa de diseño y la joyería fina. No parecen lineamientos del socialismo, pero casi todos esconden lo más que pueden sus ostentosas vidas.

Solo una de las figuras familiares rompe esa regla; Juan Carlos Ortega Murillo es quien más expone su vida de lujos en las redes sociales, y para hacerlo prefiere el Instagram, con menos usuarios que otras como Facebook o Twitter, donde se expondría más abiertamente a las críticas de los usuarios.

El dueño de canal 8 de televisión y Difuso Audiovisuales, parece no preocuparse por esconder la vida de placeres que goza gracias a los beneficios de tener unos padres que llevan más de 40 años saboreando ingresos estatales, a pesar que el discurso oficial se declara anti consumista, anti capitalista y completamente socialista.

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Su cuenta de Instagram es todo un deleite de la alta cocina, vida en la playa y prácticas de rock para esos conciertos que se financian con dinero público y que tienen muy poca audiencia.

Juan Carlos exhibe con mucha frecuencia tardes de parrilladas con sus amigos rockeros o la degustación de finos platillos con cortes exclusivos de carnes y decoraciones con finas especias, a pesar que eso parecería una burla a la realidad de la mayoría de nicaragüenses, que debe hacer malabares para ajustar el salario mínimo promedio de 6 mil córdobas, y aguantar la inflación del país, es decir, el aumento de precios de los alimentos que superó el 6% en 2019.

 

 

En sus ratos de placer Juan Carlos también muestra su afición por las bebidas alcohólicas, aunque contribuye a generar riqueza a la familia Pellas comprando cerveza nacional regular, no deja de adquirir sus reservas más añejas y costosas, y no le fallan la Heineken, o la Samuel Adams, y en una de las tantas fotografías anuncia que acompañara su parrillada con un Whisky Jack Daniel´s.

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Jack Daniel´s, es una marca de lo que los Ortega se esmeran en llamar “el imperio” y es filtrado en carbón de arce sacarino dandole un color y aroma distintivo, según informan en su sitio web oficial. Es considerado el Whisky americano por excelencia y es reservado para quienes pueden pagar entre 50 y 225 euros que suelen costar sus diversas presentaciones.

Aunque Juan Carlos Ortega no tiene un trabajo como tal, ha creado todo un engranaje para sacar dinero del Estado sin mayor esfuerzo.

En 2010 logró comprar Canal 8 con fondos venezolanos, según ha denunciado Estados Unidos en diversos informes y más tarde, logró adquirir equipos de última tecnología para montar Difuso Audiovisuales, una productora de videos que consigue contratos millonarios con ministerios y entes estatales para producir sus anuncios publicitarios. Una vez que estos anuncios están listos, Juan Carlos les cobra nuevamente a estas entidades para transmitirlos en canal 8.

Juan Carlos además logra a través de Difuso, generar ingresos millonarios colocando publicidad en los buses rusos que fueron donados hace diez años para modernizar el transporte público de Managua, pero que Ortega vendió a los transportistas.

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En tanto esto sucede la Alcaldía de Managua y el INSS han endurecido sus mecanismos de presión para cobrar los impuestos a los ciudadanos a través de procesos judiciales con el fin de reunir más dinero para mantener las operaciones del Estado ante la reducción de la cooperación internacional y sobre todo, la pausa de la ayuda venezolana, país que ahora está en su peor momento.

 

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