El Gobierno de Costa Rica confirmó esta semana la invitación y participación de la delegación de «alto nivel de Nicaragua» en los actos de traspaso de mando presidencial el próximo 8 de mayo, cuando la presidenta electa, Laura Fernández, asuma la jefatura de Estado. La asistencia del canciller nicaragüense, Valdrack Jaentschke, ha encendido las alarmas en diversos sectores debido a los graves señalamientos internacionales que pesan sobre su figura.
La invitación, defendida por la cancillería costarricense como parte del protocolo diplomático estándar entre naciones con relaciones vigentes, ocurre en un clima de profunda tensión. Apenas unas semanas atrás, un informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU (GREHN) identificó a Jaentschke como el principal coordinador de una red de represión transnacional.
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Protocolo vs. Seguridad
La presencia del diplomático sandinista en suelo costarricense es vista con extrema preocupación por la numerosa comunidad de exiliados nicaragüenses en San José. Según los hallazgos presentados por la ONU en marzo pasado, Jaentschke habría dirigido una estrategia de vigilancia e inteligencia diseñada específicamente para perseguir a voces críticas fuera de Nicaragua, utilizando la estructura diplomática como fachada.
«La presencia de Valdrack Jaentschke en la toma de posesión de Laura Fernández en Costa Rica no es un gesto protocolario, sino una señal alarmante. Se trata de un operador político-diplomático, de inteligencia y de redes de espionaje de la dictadura sandinista, vinculado a un modelo de represión transnacional que persigue y vigila a opositores, periodistas y defensores de derechos humanos fuera de Nicaragua. Su participación sugiere que perfiles con este historial pueden encontrar legitimación en democracias consolidadas, lo que obliga a una reflexión regional: no se puede normalizar el autoritarismo ni ignorar la lucha documentada de una ciudadanía en resistencia», indica Enrique Martínez, activista político exiliado en Costa Rica.
El dilema de la nueva administración
Para la administración entrante de Laura Fernández, quien ganó las elecciones con un discurso enfocado en el orden y la seguridad, la asistencia de Jaentschke representa su primer gran desafío en política exterior.
El actual canciller costarricense, Arnoldo André, indicó que Nicaragua participará al más alto nivel, manteniendo la línea de «cortesía internacional» que ha caracterizado la relación con el vecino del norte, pese a las fricciones políticas.
La oposición costarricense ha cuestionado si el ingreso al país de un funcionario vinculado operativamente a labores de inteligencia militar y política representa un riesgo para la soberanía nacional.
Para Enrique Martínez, Jaentschk «no es un actor pasivo: forma parte de un engranaje que recolecta información, mapea actores y extiende influencia, abriendo incluso la posibilidad de nuevos atentados contra opositores refugiados en Costa Rica y riesgos para actores locales».
Por lo que llama a Costa Rica a «valorar esta decisión con responsabilidad, por la seguridad de su ciudadanía y de los nicaragüenses que han encontrado refugio en su territorio».
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