Así ha golpeado a Ortega la caída en desgracia o muerte de sus aliados y benefactores

Si Ortega apostaba por Rusia, con la guerra de Ucrania y las sanciones que azotan al régimen de Putin, seguramente debe estar evaluando su apuesta.

El 20 de octubre del 2011 en Sirte era capturado, vejado y ejecutado el dictador libio Muamar Gadafi. 42 de sus 69 años años de vida los pasó sojuzgando a su pueblo, mientras apoyaba a grupos terroristas o a amigos que compartían con él sentimientos antiestadounidenses. En Nicaragua Daniel Ortega veía impotente la caída del tirano. Gadafi había sido su benefactor durante años.

De acuerdo a investigaciones de diferentes medios de comunicación el enlace entre Ortega y Gadafi era Mohamed Lashtar, sobrino del dictador libio. Este fue una pieza clave para el líder sandinista durante sus años como opositor, ya que era el encargado de canalizar los fondos que Gadafi enviaba a los sandinistas «para sostener sus actividades privadas y campañas políticas», como también sus viajes al exterior, según un reportaje de El Mundo.

Ya en el poder, en el 2008 Ortega viajó a Libia y según un cable confidencial revelado por Wikileaks, el responsable libio de asistencia a Nicaragua, manifestó que Ortega “había llegado a llorar en los hombros” de Gadafi, pero que este ya no estaba dispuesto a realizar las contribuciones de antes.

Lasthar ha sido asesor privado de Ortega y delegado presidencial para África, Medio Oriente y Países Árabes.

Prudencia o pesadumbre, Ortega se refirió a la ejecución de Gadafi hasta el 10 de enero del 2012, casi tres meses después del sangriento hecho. «Si había acusaciones contra alguien había que procesarlos, porque lo que se daba era una guerra potenciada por una coalición de potencias agrupadas en la OTAN”, expresó Ortega.

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Tras la muerte de Chávez, sequía de petrodólares

Si la ejecución de Gadafi dolió a Ortega, casi año y medio después recibiría un golpe aún más fuerte. El 5 de marzo del 2013 América Latina se conmocionaba con la muerte del dictador venezolano Hugo Chávez.

Ortega con el tirano sudamericano compartía no solo una relación ideológica sino también fuertes lazos económicos.

Venezuela era para Ortega la “gallina de los huevos de oro”, gracias al acuerdo petrolero y la conformación de la empresa Albanisa, a través de la cual Chávez enviaba el oro negro a Nicaragua a pagarse un 50% en un plazo de 90 días y el otro 50% a 23 años de plazo, con dos de gracia. Todo esos fondos fueron administrados de manera privada por los Ortega y son, según investigaciones periodísticas, el origen de la inmensa fortuna que tiene la familia Ortega Murillo.

Según datos del Banco Central de Nicaragua, en el 2010 los “prestamos privados” de Venezuela a Nicaragua fue de 523.8 millones de dólares, subiendo a 577.2 millones en el 2011 y disparándose a 729.3 millones en el 2012. En el 2013 y 2014 se registraron buenos números con 654.2 millones y 686 millones, respectivamente. Sin embargo, en el 2015 empezó un drástico declive alcanzando ese año 386.1 millones,  248.6 millones en el 2016, 102.4 millones en el 2017 y apenas 27.2 millones en el 2018. En el 2019 y el 2020 esos “préstamos” se redujeron a cero.

Caída de la cooperación venezolana. Cortesía VOA

Si se observa, la cooperación venezolana a Ortega empezó a declinar con la muerte de Hugo Chávez y el ascenso al poder de Nicolás Maduro, cuyo régimen fue golpeado severamente por las sanciones y por la caída del precio del petróleo.

Economistas como Enrique Sáenz han advertido que una parte de la deuda externa de Nicaragua corresponde al endeudamiento privado vinculado al acuerdo petrolero con Venezuela. Esa cifra sería de unos cinco mil millones.

Efectivamente, el 7 de febrero del 2022 el Banco Central de Nicaragua informaba que al tercer trimestre de año pasado la deuda externa del país ascendía a “14,308.3 millones de dólares, de los cuales 7,616.9 millones de dólares correspondieron al sector público y 6,691.4 millones de dólares al sector privado”.

Aunque los negocios privados continuaron con normalidad, la caída de la cooperación venezolana significó también fuertes recortes en varios programas clientelistas como el Programa Productivo Alimentario y Usura Cero. El régimen siempre dijo que se desarrollaban gracias a la solidaridad del “pueblo y gobierno de Venezuela”,  a través de los fondos del ALBA, Sin embargo, hay que señalar que finalmente estos pasaron a ser asumidos por el Presupuesto General de la República. Un informe de la FAO cita a Ortega afirmando que en el 2008 había recibido de Venezuela 16 millones de dólares para el programa Hambre Cero.

Para dar un ejemplo de esto, basta decir que en el 2016 el presupuesto para el Programa Productivo Alimentario fue de 484,87 millones de córdobas, un año después se redujo a 348.33 millones de córdobas.

Sobre estos dos programas, hay que decir que desde el 2008 Taiwán dio importantes donaciones para poder mantenerlo activo y que llegaran a los beneficiarios.

La muerte de Fidel Castro

El 25 de noviembre del 2016 Ortega volvió a ver cómo moría otros de sus referencias ideológicas. Se trató del dictador cubano Fidel Castro. A diferencia de los años 80 la importancia de Castro para Ortega era más ideológica que material.

En todo caso, el déspota cubano ya había cedido el poder a su hermano Raúl Castro y este ha mantenido sus fuertes nexos con los sandinistas, pero que se maneje, no son económicos.

Rusia, la apuesta que le estaría saliendo mal

Rusia era para el tirano sandinista una esperanza y desde que retomó al poder en el 2007 había hecho ingentes esfuerzos por mejorar los lazos militares, comerciales y de cooperación científico-técnico con el régimen de Vladimir Putin. Para ver el tema de cooperación y economía, incluso se instaló la Comisión Mixta Rusia-Nicaragua, encabezada por Laureano Ortega. Pero a decir verdad, salvo las donaciones y compra de trigo ruso y buses y carros, el intercambio comercial es bajísimo. En el 2020 las exportaciones de Nicaragua a Rusia sumaron con costo 12 millones de dólares.

Otra cosa en la que sí ha destaco esa relación es el intercambio militar y en la dotación de equipos bélicos rusos al Ejército de Nicaragua, y en la instalación de un Centro de Capacitación de lucha contra el crimen Organizado y en la inauguración de un Sistema de Monitoreo Satelital, GLONASS.

La invasión rusa a Ucrania ha puesto en jaque al Kremlin de Moscú por las sanciones internacionales. Foto AFP
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Con la invasión a Ucrania la apuesta de Daniel Ortega por Rusia parece complicarse. Estados Unidos, Europa y otras potencias occidentales y asiáticas están sancionando a funcionarios y oligarcas rusos, así como también a bancos y a otros sectores de la economía de ese país, haciendo que en pocos días empiece a tambalearse.

Rusia es país inmenso y si bien tiene enormes recursos naturales, no puede hacer alardes de un nación inmensamente rica. Su poder radica en su maquinaria militar y atómica y en la influencia geopolítica que Putin ha tratado de expandir. Económicamente puede decirse que es una potencia mediana, ya que con 1.483 billones de dólares en el 2020 se ubicaba en el lugar número 12 a nivel mundial, sin embargo, el problema radica en que es un país con más de 140 millones de habitantes.

China ¿otra apuesta que podría salir mal?

En diciembre del 2021 de manera sorpresiva, el régimen sandinista cortó con Taiwán y firmó el restablecimiento de relaciones diplomáticas con China. Se trata de una superpotencia económica en la que Ortega alberga grandes esperanzas y desde un inicio ha hecho esfuerzos por afianzar una cooperación y un intercambio económico sólidos.

Sin embargo, hay que advertir que con los chinos no siempre es una relación de «ganar-ganar», sino que generalmente el intercambio comercial se caracteriza por una balanza abrumadoramente a favor de la nación asiática. A mediados de febrero, el economista Enrique Sáenz advertía que en el 2021 El Salvador vendió a China el equivalente a 75 millones, pero compró  productos por el valor de 2,500 millones de dólares. «¡Tremendo déficit!¿Cómo nos irá a nosotros?», se preguntaba el economista.

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