Rosario Murillo, la mujer que ante la incapacidad o falta de Ortega asumiría, oficialmente, el poder

Daniel Ortega admite sin reparo alguno que Rosario Murillo es "copresidenta" de Nicaragua. Así llevan en el poder desde el 2007.

El 27 de diciembre de 1989, dos días después de la ejecución del dictador rumano Nicolae  Ceaucescu y de su esposa Elena, el diario español El País publicó un reportaje sobre esa pareja que había ejercido el poder de manera tiránica por más de 20 años. En una parte del reportaje se cuenta un chiste que circulaba en Rumania en los años setenta: «Nicolae Ceaucescu sueña por la noche y se despierta un poco asustado. ‘¡Elena, Elena, soñé que soy un rey!’. ‘Tranquilízate hombre’, contesta Elena. ‘Eres casi un rey’. Al cabo de un rato vuelve a soñar. ‘¡Elena, Elena, soñé que soy un emperador’. ‘Tranquilízate hombre, eres casi un emperador’. Después de una hora Nicolae despierta otra vez. ‘¡Elena, Elena, soñé que soy Dios!’. ‘Hasta aquí podemos llegar, Dios soy yo’, contesta Elena».

En el año 2022, en pleno siglo XXI, en la empobrecida Nicaragua el chiste bien aplicaría al izquierdista Daniel Ortega y a su esposa Rosario Murillo. Tachada de fría, sin escrúpulos y propensa a gritar e insultar, Murillo es vicepresidenta desde enero del 2017, pero en la práctica ha sido una especie de Primera Ministra desde enero del 2007 cuando Daniel Ortega regresó a la presidencia tras 16 años de gobiernos de derecha.

El líder sandinista primero la nombró Secretaria del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, pero ella desde siempre fue más que una vocera. Los nicaragüenses vieron con estupefacción y desdén cómo impuso en las instituciones del Estado un escudo psicodélico y las llenó de colores pasteles, en especial el rosado chincha.

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Pero mayor fue el escándalo cuando se vio a Murillo asumiendo funciones de Estado encabezando reuniones de gabinete, y regañando y pidiéndole explicaciones a los ministros y directores de entes del gobierno. Oficialmente ella era solo la primera dama, una figura decorativa.

Pero su poder creció tanto en estos 15 años que Ortega admite que Murillo es “presidenta” de Nicaragua. “Aquí tenemos dos presidentes, porque respetamos el principio de 50 y 50; o sea, aquí tenemos una co-presidencia con la compañera Rosario”, le explicó el 25 de octubre del 2021 al embajador de Rusia durante un acto de entrega de buses.

Ortega tiene 76 años, mientras que ella tiene 70. Pero de los dos el que parece más desgastado mentalmente es Ortega. Eso ha quedado en evidencia en los actos públicos, donde es común que se equivoque al hablar y a veces parezca que perdió el rumbo de sus ideas. En esos casos, siempre tiene a la par a Rosario Murillo, quien en algunos casos no tiene reparo en hacerle las correcciones sin importarle la presencia de las cámaras.

Físicamente tampoco es que el caudillo se encuentre mejor. El 22 de enero del 2020 lució indeleble en la vela de un exguerrillero sandinista cuando al bajar las gradas del Palacio Nacional se tambaleó y casi cayó si no fuera porque fue sujetado por los hombres fuertemente armados que siempre le acompañan.

Una mujer autoritaria

“El gabinete es manejado por ella. Su estilo es muy autoritario”, expresa Ligia Gómez, integrante de la organización Urnas Abiertas y exfuncionaria de Banco Central de Nicaragua.

Gómez afirma que Rosario Murillo infunde mucho temor en su entorno. “Ellos (los funcionarios) dicen lo que ella quiere oír, porque como es una persona tan poco accesible a oír otras propuestas, tratan de congraciarse siguiendo lo que ella dice, pero eso no quiere decir que estén de acuerdo o ella se pueda confiar, por eso es que se muestra tanto control de que les quitan pasaporte, que les controlan sus salidas, les controlan los discursos”, enfatiza.

Gómez, quien fue secretaria política del Banco Central, recuerda que Murillo daba orientaciones en las reuniones de gabinete y luego estas le llegaban a los secretarios políticos.

De la misma forma, Murillo acostumbra “hacer unas circulares y al menos una vez a la semana teníamos que recibir y leer esas circulares, donde estaba lo que ella estaba pensando con su estilo así cantinflesco que repite y repite”, asegura la ex funcionaria. “Allí se ponían el tipo de ideas que ella quería que se empezaran a propagar por las instituciones y los barrios”, señala.

Responde las llamadas de Ortega y hasta lo corrige en público

La influencia de Murillo sobre Ortega es a tal nivel que ella es la que maneja hasta las llamadas que recibe. El exmayor del Ejército, Roberto Samcam, reveló recientemente en una entrevista con La Prensa, que después del encarcelamiento de la exaspirante presidencial Cristiana Chamorro, el expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, llamó al teléfono personal de Ortega y fue Murillo quien atendió. “Ortega está desvinculado del mundo exterior”, manifestó Samcam.

Lo mismo se podría decir de la correspondencia presidencial. Murillo envía y recibe cartas y pronunciamientos a nivel de jefes de Estado. El estilo de redacción y las referencias esotéricas o espirituales en esos documentos son más propias de ella que de Ortega, un hombre conocido por ser bastante “limitado” al respecto.

¿Qué dice la Constitución?

Aunque se señale que Murillo es el detrás del trono, la Constitución Política es clara al señalar en el artículo 144 que “el Poder Ejecutivo lo ejerce el Presidente de la República, quien es Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Jefe Supremo del Ejército de Nicaragua”, y en el artículo 145 que el Vicepresidente “desempeña las funciones que le señale la presente Constitución Política, y las que le delegue el Presidente de la República directamente o a través de la ley”, sustituyendo a en el cargo al Presidente, “en casos de falta temporal o definitiva”.

El artículo 149 también especifica que son faltas definitivas del Presidente (o Vicepresidente) “la incapacidad total permanente declarada por la Asamblea Nacional aprobada por los dos tercios de los Diputados”. Es decir, pese a que Ortega no tuviera facultades para seguir gobernando deberá ser aprobado por una Asamblea controlada por él mismo, y en todo caso quien asumiría el cargo sería Murillo, y si esta también fuera inhabilitada, le correspondería asumir a Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, otro de los leales al régimen.

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Dos personajes complementarios

En el imaginario de los militantes sandinistas e incluso entre los opositores se ha llegado a creer que Murillo es la principal responsable de la crisis política que vive el país, sin embargo, no todo es blanco y negro.

“No es cuestión de edad solamente, Ortega nunca ha tenido grandes luces, intelectualmente hablando. En los ochenta terminó sobresaliendo porque sus compañeros comandantes terminaron por escoger a alguien que no les hiciera sombra. Además eso que pasa ahora no es nuevo, siempre ha divagado, en los ochenta sus discursos eran aburridos, se confundía al hablar. La elocuencia no es que sea una de sus virtudes. El que encantaba masas era Tomás”, asegura un analista bajo condición de anonimato.
Este considera que el dictador no es hombre al que le gusten las cosas administrativas y que por esa razón es que delegó esa parte del ejercicio del poder en Rosario Murillo, quien parece disfrutarlo.

“Yo no me atrevo a decir que Ortega es manejado a su antojo por la señora Murillo. Al contrario, se complementan. Él cuenta con el liderazgo en las bases sandinistas que a ella le falta, él tiene una larga trayectoria política y proyección internacional que a ella le falta. Él prefiere delegar ¿y qué mejor que delegar en su mujer?”, subraya.

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