La economía de Nicaragua cerró 2025 con un PIB de 22.237 millones de dólares y un crecimiento del 4,9 %. A simple vista, una buena noticia. Sin embargo, el dato oculta una brecha cada vez más profunda mientras el país crece en cifras agregadas, el consumo de los hogares se desplomó del 8,8 % al 5,8 % de acuerdo a cifras brindadas por el Banco Central de Nicaragua (BCN).
El impulso vino de la construcción (17,3 %), el comercio (9,3 %) y el turismo (8 %). La inversión bruta en capital fijo saltó 21,3 %, con fuerte participación del sector público. Pero la demanda externa restó 4,1 puntos al crecimiento: las importaciones subieron 11,1 % y las exportaciones apenas 5,8 %. La agricultura cayó 2,9 % y la pesca se contrajo 10,2 %.
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— Nicaragua Investiga (@nicaraguainvest) March 14, 2026
El enfriamiento del consumo no es casual. Expertos lo vinculan directamente a una posible caída en las remesas, el oxígeno diario de miles de familias. El Banco Central dejó de publicar las cifras oficiales desde abril de 2025 y solo admitió una baja puntual de 30 millones de dólares. Esa opacidad coincide con la incertidumbre migratoria en Estados Unidos, principal fuente de envíos.
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Así, el crecimiento se sostiene en inversión pública y sectores puntuales, pero no llega al bolsillo de la gente. Las familias nicaragüenses perdieron capacidad de compra pese al aumento macroeconómico. Un modelo que crece en los balances, pero se enfría en las mesas de los hogares.
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