El falso catolicismo de Rosario Murillo

Una socióloga considera que los discursos de Rosario Murillo se considera enviada por un Ser Supremo como mediadora de fuerzas sobrenaturales.

Cualquiera que no conozca a Rosario Murillo y escuche su diatriba de lunes a viernes a medio día, pensaría que la vicepresidenta es muy devota del catolicismo o de Dios como tal, sin embargo, analistas consideran que su menciones y referencias religiosas se tratan de una manipulación de la religión, e incluso de algo mucho peor.

Rosario Murillo siempre atribuye a Dios las pocas cosas buenas que pasan en Nicaragua o que son impulsadas por su gobierno. Los agradecimientos al Ser Supremo pueden llegar al hartazgo en un país cuya Constitución Política establece que su Estado es laico.

Una socióloga de la religión que prefiere omitir su nombre por temor a represalias y que ha estudiado la manera en que Murillo se refiere constantemente a la Santa Trinidad, menciona que todos los gobiernos, de izquierda o derecha, autoritarios o no autoritarios en Latinoamérica, «han utilizado la religión, los símbolos o conceptos religiosos para aumentar la autoridad política que dicen tener o que tienen».

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En lo que respecta a Nicaragua, la socióloga apunta que sus distintos mandatarios o figuras públicas han ocupado la religión como parte de su discurso, no solamente el de Daniel Ortega y Rosario Murillo y explica que la religión puede ser liberadora pero también puede confundir a las personas y como prueba menciona que «la historia del mundo está llena de crímenes en nombre de la religión».

Rosario Murillo ha usado la religión de manera «intensa, desbocada, permanente y muy exagerada. No hay monólogo de medio día durante estos doce años donde no se haya referido a Dios». Pero la vicepresidenta no habla solamente de Dios, si no también de Jesús, de la virgen María y demás santos de la Iglesia Católica a pesar de que su gobierno mantiene relaciones tensas con los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua que han criticado la represión estatal en contra de manifestaciones opositoras.

Más peligroso que la manipulación

La socióloga de la religión considera que el discurso de Rosario Murillo es mucho más peligroso que una manipulación de las creencias religiosas. Rosario Murillo «no solo manipula la religión, si no que está convencida de ser mediadora de fuerzas sobre naturales», detalla.

Murillo ha afirmado en sus alocuciones que Dios le ha hablado o que ha tenido alguna revelación de una fuera superior. «Lo más peligroso es la convicción que ella tiene de ser una persona con poderes sobre naturales que vienen del ámbito sobre natural en donde en la creencia generalizada existe Dios y existe el diablo», explica la estudiosa de la religión.

El peligro que señala la socióloga es que Murillo se considera llamada por una fuerza superior a ejercer el poder político y no por una elección democrática de la sociedad a como debe ser, y es por esta razón que la vicepresidenta «no conoce límites y no conocerá escrúpulos (…) la religión es un factor que empodera más al que tiene poder».

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El otro elemento que agrega peligrosidad a la creencia de Murillo es que la población inconscientemente le reconoce ese poder de superioridad a Murillo, quien se cree un persona especial y llamada a la misión de mandar. A la gente le molesta más que Murillo se reconoce «tan poderosa diabólicamente» comenta la socióloga y agrega que hay muchas personas que experimentan la crisis política como una lucha espiritual, entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo, y Rosario Murillo se considera la personificación de una de esas fuerzas.

Pero lo que le da poder a Murillo, también le da poder a quienes se oponen a su gobierno detalla la socióloga de la religión y explica que esta es una visión característica de sociedades atrasadas. «Nicaragua tiene que dar un salto no solo a la democracia, si no también a un pensamiento moderno», concluye la especialista.

Rosario Murillo y su acercamiento al catolicismo

Rosario Murillo decidió no ser llamada primera dama durante el primer gobierno de Daniel Ortega (1984 – 1990) por considerar que ese título era burgués, convencional y contrario a sus supuestos principios revolucionarios, así que prefirió que la llamaran «compañera».

Ahora, Murillo no parece repudiar el título de primera dama y mucho menos el de vicepresidenta de la República, así como otros cargos que ocupa en el Estado de manera oficial o por de facto en el Estado, como vocera del gobierno.

La socióloga e historiadora Gema Santamaría, en su texto académico «La Revolución en Rosa: Rosario Murillo, la primera dama que «copreside» Nicaragua»explica que Rosario Murillo utiliza el discurso religioso como «un acto claramente político e instrumental».

Santamaría compara a Rosario Murillo con la expresidenta Violeta Chamorro, quien para 1990 promovía la paz, unidad y reconciliación utilizando un tono religioso después de una década de guerra entre los sandinistas y la contra revolución. Diez años después en 2001, «Murillo favoreció el uso de un tono religioso católico y centró el mensaje de ambas campañas presidenciales (de Ortega) en la promesa de unir a las familias nicaragüenses», detalla la experta.

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La Dra. Santamaría apunta que Rosario Murillo prácticamente fue invisible en la década de los 90s, cuando el FSLN gobernaba desde abajo y Daniel Ortega no podía alcanzar el poder por la vía electoral. Fue hasta en 2001, cuando Murillo se hizo cargo del área de comunicación de la campaña electoral de Ortega que ganó un poco más de credibilidad, aunque ya tenía puntos menos después de que le dio la espalda a su hija Zoilamérica Ortega Murillo cuando acusó a Daniel Ortega de haberla abusado sexualmente.

Desde ese momento, en 2001, fue que el FSLN empezó a ocupar el color rosa, las flores y pancartas multicolores en cada evento público del partido. «El amor es más fuerte que el odio» fue el eslogan que impulsó Murillo para esa campaña el cual buscaba «superar la imagen divisiva y facciosa del partido, a la cual se atribuían las dos derrotas electorales de Ortega  en 1990 y 1996» analiza la Dra. Santamaría.

Por otro lado, el hecho de que Murillo haya adoptado el color rosa era para dejar en el olvido las referencias dolorosas de los colores originales del FSLN y que la oposición ocupaba para atacar a los sandinistas en aquel entonces, «rojo de sangre, negro de muerte».

La socióloga rememora que Chamorro impulsó medidas y políticas conservadoras como la penalización del aborto o la propuesta de Ley contra la sodomía. Ambas políticas fueron apoyadas por el difunto Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien incluso encabezó manifestaciones para expresar el respaldo de la Iglesia Católica.

Murillo por su parte utilizó al catolicismo como parte de la campaña electoral de Ortega, al contraer matrimonio por la Iglesia Católica en 2005 y quien presidió esa boda fue justamente el Cardenal Obando y Bravo, quien veinte años atrás demonizó a Daniel Ortega y a la Revolución Sandinista desde el púlpito.

Rosario Murillo se manifestaba en contra de la despenalización del aborto y durante la campaña electoral apoyo la aprobación de un nuevo Código Penal que pretendía penalizar el aborto aún cuando la vida de la madre estuviera en riesgo. La pena era de tres años de cárcel.

En 2007, cuando Ortega ya estaba en el poder, la cercanía de Murillo con el Cardenal Obando se institucionalizó cuando el gobierno lo nombró presidente de la Comisión de Verificación, Reconciliación, Paz y Justicia, y así fue como se afianzó la proximidad entre el gobierno sandinista y la Iglesia Católica, aún contradiciendo lo que establece la Constitución Política en cuento a la separación de Iglesia y Estado.

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Sin embargo, Santamaría también establece diferencias entre Murillo y la expresidenta Chamorro en cuanto a sus creencias religiosas, pues considera que el discurso de Murillo está sujeto a constantes cuestionamientos de buena parte de la opinión pública del país.

La experta considera que la religiosidad, o más bien el catolicismo de Murillo, tiene una versión esotérica que se contrapone a la postura virulenta que tomó el sandinismo contra la iglesia católica en los años 80s, y que ha retomado ahora en medio de la crisis política, mientras que el de Chamorro siempre fue por devoción, tanto pública como privadamente.

Para la socióloga de la religión que prefiere el anonimato, Daniel Ortega está muy lejos de todo lo que Murillo profesa y dice acerca de la religión. Los demonios que carcomen la mente del mandatario son otros, la cárcel, la muerte, la guerra, las armas, la imposición, son algunos de estos, considera la socióloga. «No creo que Daniel Ortega tenga ninguna ideología religiosa firme en su vida», expresa

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