¿Existen posibilidades de especializarse en Nicaragua? Esto dicen los expertos

Los estudios de formación continua suelen ser limitados para los nicaragüenses, no solo por sus altos cosos, sino también por la politización y la incompatibilidad con el mercado laboral.

Una vez finalizada la carrera universitaria, muchos jóvenes inician a evaluar la posibilidad de continuar desarrollando sus competencias y elevar su perfil profesional a través de la realización de un posgrado, maestría o diplomado. Sin embargo, ¿qué tan accesibles son estos programas de estudios en Nicaragua?

Guillermo Medrano, especialista en Planificación Educativa, destaca que el funcionamiento del Consejo Nacional de Rectores “es inoperante”, lo cual reduce el control y la autorregulación. Por lo cual, es común observar como los rectores y vicerrectores —que tienen la autonomía para proponer y crear un posgrado o maestría— pueden llevarlo a cabo con facilidad, «sin necesidad de mucha preparación ni planificación, y muchos ven estas especializaciones solo como un tema de relaciones públicas», lo que afecta la calidad de estos programas.

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Especializaciones son altamente costosas

Por otro lado, el experto asegura que “en este país lo que manda o marca la diferencia para poder acceder a algo después de la educación universitaria es el dinero, «pueden estudiar los que tienen para pagar»”.

El economista Marco Aurelio Peña reconoce que las especializaciones resultan costosas en relación a los salarios nominales en Nicaragua. “Para alguien que gane unos US$400, pagarse una especialización o un curso de posgrado pues tiene que hacer un esfuerzo, renunciando o reduciendo otros gastos; simplemente una especialización podría costarte US$1,500 dólares, ya ni digamos los programas de maestría que en una universidad privada te puede costar hasta US$8 mil”.

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Incluso con una beca, el costo de una maestría podría reducirse apenas a los US$2,500, lo que para una persona con un salario de US$400 significaría un desembolso mensual de US$104.1 por 24 meses; “nadie va a dejar de comer ni de comprar la medicina por estudiar, porque primero priorizamos las necesidades básicas, y lamentablemente en este contexto que vivimos la educación no está como una de las prioridades después de que vos salís con un título de licenciatura”, agrega Medrano.

Si para muchos nicaragüenses ya resulta difícil costear sus estudios universitarios y sacar el título de pregrado, el llevar estudios de formación continua resulta un sacrificio mayor y que no muchos pueden llevar a cabo debido a la demanda de tiempo y recursos.

Especialidades no se rigen por el mercado laboral

De igual forma, Peña asegura que aunque actualmente ya hay varias universidades en Nicaragua que ofrecen diplomados, posgrados y maestrías, “no siempre estas universidades detectan las necesidades del mercado”.

“El mercado nicaragüense es un mercado de tamaño modesto, es un mercado pequeño de servicios profesionales en comparación con otras economías, y que le falta complejidad y sofisticación, entonces eso hace que salgan demasiados profesionales, pero no puedan ubicarse, porque a veces ni encuentran un trabajo en el ramo de su licenciatura o ingeniería, ahora menos en un trabajo especializado”, alega.

Medrano destaca que esa es una de las funciones del Consejo Nacional de Rectores, “de conocer, de demandar, buscar y dar respuesta a las necesidades del país; ver que están exigiendo más las empresas o el mercado laboral”. Sin embargo, esa labor no es realizada.

El experto en temas educativos destaca que quienes logran hacer el sacrificio de pagar una especialidad o maestría se dan cuenta, que tras dos años de estudios no sucede “nada, porque las puertas del mercado laboral siguen iguales, entonces también existe un poco de desmotivación para poder invertir en la educación de uno, porque después el marco laboral sigue igual, estático”.

El economista toma de ejemplo como un abogado en otros países “puede darse el lujo de no litigar y especializarse solo en el tema de consultoría y consejería jurídica, y dentro de ello especializarse en la materia de derecho de familia, pero en Nicaragua “difícilmente un abogado se va a dar ese lujo, sino que tiene que hacer «de todo un poco», se puede especializar en derecho de familia, pero termina asumiendo un caso de derecho de propiedad y por allá uno que otro caso de derecho penal”.

Favores personales y mala remuneración, los “malos hábitos” nicas

Para Peña, las complejidades asociadas con los estudios de especialización involucran tanto la parte institucional como algunos “malos hábitos” que se han adoptado en Nicaragua.

“Si llegan dos CV, uno de un profesional general y el otro con un perfil especializado, ¿qué es lo que podría ocurrir? que el profesional especializado sea descartado ya sea porque el otro aceptaría una oferta de salario mucho más baja o bien porque tiene palanca o conecte”, señala.

En Nicaragua prevalecen dos principales “malos hábitos” —como los denomina el economista— que no permite que aquellos profesionales que con sacrificio lograron alcanzar estudios de especialización puedan disfrutar de los frutos de su esfuerzo.

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Por un lado, “el profesional especializado termina en el subempleo o termina en un trabajo en el que a pesar de ser compatible con su educación está infravalorado, es decir que le pagan menos de lo que debería de ganar por sus años de escolaridad, eso es algo muy usual en Nicaragua”.

Y por otro, “hay un alto grado de partidización política en las universidades públicas y eso también va en menoscabo de la calidad de los docentes y de la enseñanza que va a recibir el postgraduante; no estás contratando al más calificado sino por favores personales”.

En ese sentido, Medrano alega que, aunque las universidades públicas ofrecen estudios de formación continua, dichas oportunidades “quedan entre ellos mismos, las maestrías, los posgrados, las especializaciones quedan entre los mismos profesores y no hay oportunidades para que la gente aplique por conocimientos, por capacidades o por méritos”.

Oportunidades fuera

Para quienes la idea de continuar con sus estudios profesionales tras culminar la carrera universitaria resulta difícil de ejecutar, existen otras alternativas que pueden ayudar a los interesados.

Algunas universidades ofrecen una amplia gama de becas, o bien existen fundaciones que ayudan a los profesionales a financiar una maestría o especialización con el fin de que continúen profundizando sus conocimientos. Sin embargo, estas piden que el estudiante asuma igualmente una parte del costo.

Las limitadas oportunidades para especializarse dentro del país empujan a cada vez más jóvenes a buscar alternativas de becas para llevar a cabo estudios de formación continua en el extranjero.

“Estamos volviendo a una nueva fuga de cerebro, en los más de cien mil nicaragüenses exiliados la mayoría son jóvenes y esos son talentos que el país está perdiendo. Lamentablemente ahorita la migración se está volviendo como una alternativa para sobrevivir y salvaguardar el pellejo”, señala Medrano.

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