La dura realidad que enfrentan los trabajadores en la millonaria industria de las zonas francas

Los trabajadores se enfrentan a jornadas de entre 10 y 12.5 horas diarias con un breve receso de entre 40 y 30 minutos para almorzar.

La industria manufacturera representa unos 138,631 empleos directos en Nicaragua, una de las masas laborales más grandes del país, que por su magnitud no está exenta de las presiones laborales a sus trabajadores, así como otras injusticias y falta de oportunidades de crecimiento.

Ingresar a trabajar a una maquila puede ser fácil para personas que ya tiene experiencia en el uso de máquinas industriales, de hecho existe una alta demanda de este tipo de mano de obra, sobre todo en el sector textil-vestuario. Sin embargo, esto corta la inspiración para quienes desean aplicar a un empleo por primera vez, pues son pocas las empresas que ofrecen la oportunidad de capacitación y entrenamiento desde cero.

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Una vez se presenta al sitio de trabajo entrega la cédula, explica a qué operación aplica y espera a ser llamado, si alguien le recomendó, ya lleva una ventaja y hasta puede quedarse laborando ese mismo día, pues, según las denuncias, en las zonas francas también se mueve mucho el favoritismo.

La industria que atrapa sueños

Fabiola Benavidez lleva casi la mitad de su vida laborando en las zonas francas en el área de calidad, inició desde los 19 años con la esperanza de poder culminar sus estudios universitarios. La idea era que ese trabajo solo sería un trampolín para alcanzar sus metas, desafortunadamente la falta de oportunidades en el país la han obligado a permanecer en ese tipo de labores durante una década.

“Tomé esta opción porque era la única oportunidad de trabajar a esa edad debido a que apenas estaba en la universidad y no tenía ningúna experiencia laboral y ese fue el único medio de poder pagar mi universidad, soy licenciada en Administración Turística y Hotelera desde el 2016”, explica.

Las historias de profesionales en las maquilas abundan. Hay caso de psicólogos, contadores, administradores, maestros, periodistas y otras profesiones. Jóvenes que por pagarse sus estudios acaban quedándose atrapados en ese tipo de trabajo y otra gran mayoría de profesionales que al no encontrar empleo en sus áreas acaban en los calurosos galerones de las maquilas.

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Ana Canales tiene una historia similar a la de Fabiola. También vio como opción para pagar sus estudios las zonas francas, pero debido a las nulas opciones de ejercer el periodismo, en 2017, tras culminar su carrera, se vio obligada a continuar en la misma empresa en la que ya suma más de 7 años de laborar.

“En principio fue para terminar mis estudios universitarios y bueno porque en ese momento era super accesible para estudiar y trabajar a la misma vez. No puedo ejercer mi profesión porque el periodismo hoy en día es muy poco respetado y hay muy pocas oportunidades», afirma.

Ambas tienen una larga trayectoria en un sector que tan solo el año pasado significó $3,378,006.4 millones en exportaciones, según los datos del Banco Central de Nicaragua. Pero pese a estar en la misma industria difieren en algunas percepciones.

Cansancio y maltrato

Para Fabiola, tras su paso por cinco empresas del sector textil, la experiencia laboral no ha sido muy buena. Expresa que es un trabajo “súper cansado y pesado” y que muchas veces los horarios pueden ser buenos para quienes viven cerca, pero no así para quienes tienen que viajar a otros municipios o departamentos porque deben madrugar y luego regresar noche a sus hogares.

“En algunas ocasiones sacrificamos tiempo libre para poder laborar horas extras, algunas veces exigidas y otras voluntarias. El clima laboral no siempre es bueno, casi siempre hay casos de maltrato, discriminación, preferencias y acosos acompañados de amenazas de cancelación”, señala.

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Ana, por su parte, ha tenido un trato muy diferente en la zona franca donde ha laborado, expresa que el ambiente laboral es muy bueno, que ha recibido buen trato de parte de sus jefes inmediatos y superiores y que nunca ha sentido que la obligan a realizar horas extras.

“No siempre es estresante y los horarios son accesibles, las horas extras no son exigidas. En estos 7 años que tengo de laborar en esta empresa el trato ha sido muy bueno, hago mi trabajo tranquila y sin tener al jefe a la par apurándome, nunca he sufrido ningún tipo de acoso”, indica.

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Todo trabajo puede ser cansado y estresante, pero no cabe duda que uno de los más pesados es el de las maquilas, donde los trabajadores se enfrentan a jornadas de entre 10 y 12.5 horas diarias con un breve receso de entre 40 y 30 minutos para almorzar.

Ese tiempo de almuerzo no siempre se toma completo. Ya que los operarios hacen grandes sacrificios para cumplir las altas metas de producción. Solo para ejemplificar, en camisetas básicas las metas van de 240 a 382 docenas diarias, unas 1,200 o 1,836 docenas semanales, es decir, a diario pasan en manos de un grupo de colaboradores de distintas operaciones entre 2,880 y 4,584 camisetas que las empresas venderán cada una entre $2.55 y $8.93 en mercados como Estados Unidos o Europa.

“Es un trabajo que demanda mucho tiempo y eso es desgaste físico, pocas horas dormidas y descansadas, sacrificamos a la familia, amigos, hijos, padres e incluso nuestra vida espiritual. Se trabaja bajo una presión de cumplimiento de metas y estándares bastante difícil de alcanzar y esto lo relacionan con los incentivos y remuneración para el personal. El salario es bajo, muy bajo, por lo particular el área de calidad es la menos pagada y la que penalizan por todo”, comenta Benavidez.

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Otra de las quejas es que no todas las empresas brindan las condiciones de higiene necesarias. En Managua por ejemplo, muchas naves de producción se encuentran en viejos galerones que llevan años sin remodelarse, los baños no siempre están en buen estado.

Fabiola Benavidez dice que el agua que se toma en algunas maquilas no siempre es potable y que la comida que se vende en los comedores tampoco es saludable, lo que con el tiempo acarrea enfermedades.

Salarios bajos

El tema de los salarios es otro problema, pues en la industria de las zonas francas alcanza un mínimo de C$7,498.46.

Si bien en los últimos años han tenido un incremento salarial de un 8% anual, desafortunadamente, debido a las alzas en los productos básicos, los trabajadores del sector no ven ningún alivio.

A medida que los salarios incrementan, también lo hacen los impuestos, es así como los trabajadores de las maquilas han visto mermar sus salarios por el incremento de las deducciones de INSS y de IR (Impuesto sobre la Renta) en este año, hasta tal punto de obligar la renuncia de muchos trabajadores que se quejaban del alto cobro de este último, pues aducían que el aumento se les iba en pago de IR.

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Ana Canales cuenta que como medida a esta situación ha tenido que apretar el bolsillo. “Me adapto al salario, porque bien se sabe que entre uno más gana la deducción del IR y el INSS será mayor”, reflexiona.

Pese a lo cansado, estresante y agotador que puede ser el trabajo en las maquilas, ambas obreras del sector se sienten satisfechas, pues han logrado culminar sus estudios, una meta alcanzada aunque no la ejerzan. Agregan que por lo menos tiene un salario fijo para sustentarse y apoyar a sus familias. En el caso particular de Ana, la siguiente meta es tener casa propia, algo en lo que ya está trabajando junto a su esposo.

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