El terremoto de 1972: la tragedia que ocurrió hace 48 años en Navidad

La ciudad de Managua, que tenía tres vías principales, calles de lujos, bancos y comercios al estilo colonial, nunca volvió a ser la misma luego de 48 años de aquel fatídico terremoto.

Era un sábado 23 de diciembre de 1972. Se respiraba un aire decembrino y el comercio enloquecía en ofertas especiales: faltaban pocas horas para Noche Buena, pero ese día nunca llegó, se detuvo entre los temblores de una Managua que dejó de existir en segundos. Un sismo de 6.2 grados en la escala de Richter destruyó Managua a eso de las 12:35 de la noche, dejando casi el 75% de las casas y edificios en escombros.

Aquella tragedia dejó más 10 mil muertos y centenares de heridos. Se tiñó de gris la Navidad para muchos sobrevivientes. La ciudad de Managua, que tenía tres vías principales, bancos y comercios al estilo colonial, nunca volvió a ser la misma luego de 48 años de aquel fatídico terremoto.

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El flujo eléctrico se interrumpió tras el sismo, los conductos de agua colapsaron, el caos, los llantos y una sensación de irrealidad se cubrieron con una inmensa polvareda causada por los escombros al caer y que tardó horas en desvanecerse por completo antes de dejar visible a los ojos la destrucción. Para ese entonces Managua tenía la Avenida Roosevelt que conectaba todos los puntos principales de la ciudad hasta llegar a las orillas del Lago Xolotlán. En dicha avenida había casas y edificios de varios pisos, pero se desplomaron y se incendiaron: desaparecieron las calles céntricas circundantes al Gran Hotel y la célebre 15 de Septiembre.

«Son tantos los años que han pasado y es la experiencia más terrible que he vivido», nos cuenta Ángela Saballos, quien tenía aproximadamente 26 años cuando ocurrió el terremoto.

Con 76 años de edad aún se conmueve al relatar lo que vivió.

El terremoto de 1972 destruyó Managua completamente.

Se había pronosticado el terremoto

Ángela Saballos recuerda que para ese periodo había tiempos de sequía en el país, y el calor era insoportable y rememora que el destacado ingeniero civil, Carlos Santos Berroterán, pronosticó el terremoto de Managua de 1972.

Santos Berroterán llegó a la conclusión que para el terremoto de marzo de 1931, que tuvo una magnitud de 5.6 grados Richter y causó la muerte de 1.100 capitalinos, el invierno anterior había sido poco copioso, pues habían caído solo 480 milímetros de lluvia cuando lo normal para Managua es de entre 1.200 y 1.500. Igual sucedió en diciembre de 1972, cuando en el invierno que recién había pasado llovió poco y los milímetros de agua fueron apenas de 420.

«No me gusta competir con las autoridades del INETER porque ellos son muy celosos, pero según mis observaciones hay cierto períodos para la ocurrencia de los terremotos que se han registrado en Managua», expuso cuando recibió la medalla de doctorado Honoris Causa, que otorga la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

Recuerda que en 1972 dijo que había una probabilidad que ocurriese un sismo fuerte, basado en las condiciones de sequía de la temporada a lo que él llamó «aurora sísmica», la cual consiste es un resplandor de color rojizo-naranja que se puede observar justo encima de alguna falla, pero a cierta distancia de la ciudad cuando se tiene una vista panorámica.

«Además yo sentía muchos temblores premonitores, es decir microsismos, ya que mi casa está ubicada muy cerca del Colegio Teresiano, por donde pasa una de las fallas de la Centroamérica», destacó Berroterán. Sin embargo claramente la ciencia aún no encuentra la forma de predecir este tipo de fenómenos.

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«Se cayó el mundo»

Ángela Saballos trabajaba en La Prensa para ese entonces. Minutos antes que sucediera el terremoto del 72 fue a la antigua Catedral de Managua a ver un grupo de personas que protestaban en contra de la dictadura de Somoza. Estaba en casa de unos amigos, cuando «se cayó el mundo».

Minutos después del sismo corrió entre los escombros: «era una desesperación, un polvazal, todo mundo pegaba gritos», relata. La gente decía: «‘¿qué es esto? ¿Qué pasó? El fin del mundo», se preguntaban y contestaban los sobrevivientes en medio de la zozobra. Desconcertados por el fenómeno natural, no tenían ni idea de lo que pasaba, pues «no lo habíamos vivido» antes, dice Saballos.

«Esta era una casa de taquezal que cayó sobre todos nosotros. No había salida. ¿Qué hacemos? «, gritaban los sobrevivientes que se encontraban debajo de los escombros. Entre ellos mismos se sugirieron que no encendieran ningún fósforo para evitar una explosión por alguna filtración que tuviese el tanque de gas de la cocina.

Cuando finalmente logró salir de los escombros junto a otras personas, se encontró con la desolación más terrible que han visto sus ojos. Dice que esa noche «había la luna más bella del mundo y lo que iluminaba ya en ese momento eran cadáveres sobre la acera«, relata Saballos.

Ángela Saballos conserva un retrato de lo que fue Managua antes del terremoto de 1972. Foto | Cortesía

Atónita al ver aquella escena como salida de una película fatalista, vino a su mente su hija. Ella corrió varios kilómetros para llegar a Las Palmas, lugar donde se encontraba su primogénita, aquel camino era interminable por las montañas de escombros que dejó el sismo.

«Llegamos a la Iglesia San Antonio que quedaba a mitad de camino. Alguien se apiadó de la desesperación nuestra y nos llevó (en un carro). Mientras tanto los alaridos, los llantos. Yo pasé cerca de la casa de una persona que quería muchísimo y se le murió ahí su niña», afirma Saballos. En ese mismo lugar encontraron por fortuna al otro hijo de esta persona que tenía varios meses de edad, pero murieron al menos siete primos porque estaban reunidos en ese hogar esperando la Navidad.

A punto de llegar donde se encontraba su hija, miró el Templo Mormón de La Palmas completamente desplomado: «entonces yo dije: ‘¡mi hija muerta!’ No queda más», pensó Saballos. Ella reaccionó de esta forma porque la estructura de esta capilla quedaba casa de por medio donde se encontraba la niña.

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Pero el hogar de Ángela Saballos resistió al terremoto y enfrente de su casa estaba su suegra con la niña en sus brazos. Cargó a su hija y entró a la casa porque no «le pasó absolutamente nada». «Solamente se abrió la puerta del refrigerador y se cayó una leche», recuerda.

Cuenta que en al menos cinco días no conversó con nadie sobre lo ocurrido, «lo único de lo que tenía capacidad era chinear a mi niña y ocuparme de ella».

«El horror que vivimos es increíble. Es algo que te marca; y después toda la historia de tu vida, donde anduviste, creciste, que fuiste al colegio: todo se perdió. Todas las marcas de tu historia ya no existían», dijo con la voz quebrada la sobreviviente de aquel terremoto que marcó su vida.

Saqueo en medio de la tragedia

Luego de la derruida ciudad se dieron los saqueos y la temible Guardia Nacional recorría las calles para «imponer» el orden bajo el decreto de la «Ley Marcial«. Se registraron en el archivo fílmico del periodista Nicolás López Maltez, director de la publicación «La Estrella de Nicaragua«.

«En la mañana del 23 de diciembre no hay saqueo, lo que hay es desesperación. La gente está impactada y la gente de la periferia no se atreve a entrar (al centro de Managua) porque no sabe lo que hay, tiene miedo”, dijo el periodista en El Nuevo Diario.

Tras registrar estas escenas del pillaje, el historiador Roberto Sánchez Ramírez lo pudo constatar. Recorrió la otrora central de la capital, que era el corazón del comercio de aquella Managua. «Se podía ver aún en las vitrinas rotas, los relojes, las joyas y todo tipo de mercadería al alcance de la mano. El saqueo no comenzó sino hasta días después», relató.

Más del 75% de las casas quedaron sumidas bajo los escombros.

Los saqueos comenzaron el 24 de diciembre o un día después. Los comercios estaban atestados de mercancías por la Navidad, y sustraer un producto era de lo más fácil por la miseria y desolación que se vivía en esos días, relató Maltez en varios de sus artículos publicados sobre ese tema.

El pillaje fue de tales proporciones que después del terremoto, los capitalinos identificaban al entonces Open 3, hoy Ciudad Sandino, como una Arabia Saudí comercial. Managua estaba destruida, pero allí, muy cerca, se encontraban los mejores rones, cualquier whisky, juguetes y hasta vehículos Volvo.

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