¿Cuál sería el escenario ante un posible rebrote de COVID19 en Nicaragua?

En personas jóvenes el COVID-19 puede dejar secuelas médicas que afectarán su calidad de vida.

La segunda ola de COVID-19 ya se desplaza por el mundo, pero en Nicaragua, un país con serios problemas en su sistema de salud, existe una falsa seguridad, en especial entre la población joven.

Nicaragua fue uno de los pocos países que no decretó confinamiento y tampoco tomó otras medidas para contrarrestar el virus.

El doctor Leonel Argüello, miembro del Comité Científico Multidisciplinario, dijo que la población acató las recomendaciones de las Asociaciones Médicas, de la Iglesia Católica y del sector privado, pero que aún así “tuvimos una epidemia de grandes dimensiones” donde se pudieron observar “entierros exprés” y los puertas de los hospitales atestadas de los familiares de los enfermos.

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Destacó que en la primera ola Nicaragua logró reducir su movilización en un 45%, más bajo que el 80% registrado en otros países, con la diferencia de que en Nicaragua fue voluntario y no obligado.

Durante el punto álgido de la pandemia los hospitales se mantuvieron saturados. Archivo/NI

Subregistro de muertes

El médico lamentó que con  la primera ola exista un alarmante subregistro de muertes, con una gran diferencia entre las reportadas por el Ministerio de Salud (Minsa), las contabilizadas por el Observatorio Ciudadano “que son como 20 veces más (que las del gobierno)” y las cifras de análisis del exceso de mortalidad que son incluso “como tres veces más que las del Observatorio Ciudadano”.

El Minsa reporta entre el 18 de marzo y el 27 de octubre solo 156 fallecidos y 5,514 casos positivos.

El epidemiólogo Leonel Argüello

Falsa seguridad

Argüello dijo que en la actualidad el país se encuentra «en una aparente reducción de casos» y que «esa aparente reducción de casos ha hecho que la gente disminuya las medidas de prevención”.

Al respecto,  aseguró que el problema de las concentraciones de gente es que mientras más personas se reúnan, mayores son las posibilidades de que más personas se contagien.

Luego de la primera ola sucede que la población mayor de 60 años de edad se cuida más, a diferencia de los jóvenes que no toman las medidas correspondientes.

“Esto es falsa seguridad y esta falsa seguridad hace que sigás descuidándote, pero qué es lo que está pasando, lo que está sucediendo es que se están infectando más gente joven en este momento que gente mayor”, indicó.

Explicó que en la gente joven el COVID-19 será un 45% asintomático, mientras otro porcentaje va a tener sintomatología pero un porcentaje muy pequeño sí se va a complicar y va a llegar a los hospitales. En el caso de los adultos mayores, durante la primera ola el 45% iban a los hospitales y eso hacía que se llenaran los hospitales.

La ola grande

Argüello advirtió que pueden darse pequeñas olas de contagio en ciertos municipios y que el problema es “cuando ya estas olas pequeñas se juntan todas entonces vos vas a ver una ola grande”.

“No sabemos cuando va a venir esa ola grande, no sabemos si va a ser de la misma magnitud o no, pero lo que si sabemos es que lo que está sucediendo en Nicaragua (la aparente relajación), que siempre lo hemos dicho es lo mismo que ha estado sucediendo en otros países. Si vos ves (ahora) a Europa estamos viendo la vida por adelantado, allí podés aprender, aquí mismo no nos vayamos tan lejos, Cuba, Cuba ya está en su segunda ola”, señaló.

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Graves secuelas para los jóvenes

El médico subraya que es falso el mito de que el COVID-19 no es peligroso ni para niños ni para los jóvenes, ya que este deja secuelas y daños en el organismo que le podrían afectar su salud y acortar su tiempo de vida.

“Por ejemplo hay niños que se le están complicando porque se les reduce el grosor del músculo cardíaco y el corazón no va a bombear tan bien”, argumentó.

En el caso de los adultos el virus afecta el cerebro y puede producir psicosis, también problemas en el pulmón, inflamación en el corazón y arritmia. “Esa arritmia es peligrosa porque te puede llevar a que el corazón se pare, te puede llevar a producir coágulos, los coágulos pueden llegar al cerebro y te produce un accidente cerebrovascular que podé fallecer o podes quedar con la mitad del cuerpo paralizado o totalmente”, indicó.

“El problema es que esa gente joven está poniendo en peligro su vida de futuro (…). No es ganga enfermarse con algo que después te va a disminuir tu calidad de vida por un lado y las posibilidades de vivir en este país, que es 80 años, se te van a reducir”, subrayó.

Hasta el 21 de octubre, el Observatorio Ciudadano de COVID19 en Nicaragua reportó más de 2, 700 muertes, de los cuales el 95% son sospechosas del nuevo coronavirus. Archivo NI

Ante este panorama, dijo que Nicaragua debería estar organizando sus servicios de salud pública para tener acceso a pruebas del corazón, pruebas neumológicas y personal capacitado para poder hacer diagnósticos tempranos de todas esas enfermedades.

El médico recordó que el COVID-19 es una enfermedad que no solo ataca la salud sino que provoca serias consecuencias en la economía y en las interacciones sociales. En relación a la la cura, dijo que no existe ninguna vacuna disponible como tampoco ningún tratamiento y que por consecuente la única alternativa es la prevención.

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