Mujeres periodistas vulnerables al acoso dentro y fuera de los medios

Las defensoras de los derechos de las mujeres señalan que para hablar de acoso sexual es preciso reconocer que quien lo ejerce tiene poder, autoridad, y la fuerza o capacidad para hacerle daño a la otra persona si no acepta sus exigencias, por lo estos pueden ocurrir en espacios públicos y privados, en los colegios, y en los centros de trabajo.

Las mujeres deben enfrentar una serie de desigualdades en diversos ámbitos sociales, económicos y políticos. Los entornos laborales no son la excepción. Además de la notable diferencia salarial, las mujeres también se encuentran vulnerables ante casos de acoso sexual dentro de sus espacios de trabajo.

Las defensoras de los derechos de las mujeres señalan que para hablar de acoso sexual es preciso reconocer que quien lo ejerce tiene poder, autoridad, y la fuerza o capacidad para hacerle daño a la otra persona si no acepta sus exigencias, por lo estos pueden ocurrir en espacios públicos y privados, en los colegios, y en los centros de trabajo.

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Maryórit Guevara, periodista y fundadora del medio digital La Lupa, confirma desde su experiencia como periodista y reportera en diversos medios de comunicación nacional que sí existe acoso dentro de estos, tanto en las áreas de redacción como en las áreas administrativas y de distribución de los mismos medios.

“Muchas veces nosotras mismas las mujeres podemos estar viviendo ciertas situaciones y comenzamos a desconfiar de lo que estamos viviendo y nos decimos ¿será que estoy exagerando? ¿será que no es eso? ¿será que no es la intención que tuvo? Y es difícil porque cuando se decide levantar la voz porque la culpa la cargamos nosotras en lugar del victimario” asegura.

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En noviembre de 2019, un grupo de mujeres periodistas de la organización de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN) denunciaron la violencia que vivieron por años dentro de los medios en los que laboraron a través de la presentación de una obra titulada “Descabezando la vaca”.

Periodistas de diferentes departamentos presentaron ocho testimonios reales en forma de monólogo exponiendo la violencia de género y violencia sexual que sufrieron cuando eran estudiantes de la carrera de comunicación o mientras ejercían su labor como periodistas.

De igual forma, ese mismo año, durante la ola del #MeToo en Twitter varios reconocidos periodistas nicaragüenses fueron señalados por sus víctimas de haber ejercido sobre ellas algún tipo de abuso.

“Los medios no escapan a esta dinámica naturalizada” señala Guevara, quien además destaca que hay poco abordaje respecto a estos comportamientos y violencias que se dan a nivel interno.

Mujeres periodistas ante doble vulnerabilidad

Las mujeres que laboran en los medios de comunicación nacional deben enfrentar un doble riesgo, pues no solo son víctimas de ataque y amenazas de carácter sexual por ejercer una de las profesiones más peligrosas en medio de la polarización política actual, sino que también llegan a ser blanco de acoso sexual por parte de sus mismos jefes y colegas.

La periodista Elsa Espinoza señalaba a través de la Revista Cultura Libre que el principal problema es que “el machismo y la misoginia presente en los medios de comunicación y en el gremio periodístico se ha normalizado, y es poco cuestionado. Cuando las periodistas deciden denunciar, son amedrentadas por sus jefes inmediatos o en sus redes sociales”.

Y también “muchas expresiones de este tipo de violencia son perpetradas por fuentes informativas de sexo masculino que traducen el interés en su historia o la información que proveen al medio, en una oportunidad íntima con mensajes fuera del tema, preguntas personales, o invitaciones. Como si a cambio de ser fuente, la periodista debe pagar con dejarse acosar”, enfatizando en estos dobles riesgos de las mujeres en el gremio.

Desventajas de poder

Espinoza también compartía que “al hacer prácticas de periodismo las mujeres son doblemente vulnerables, pues en su mayoría, reciben un variado abanico de insinuaciones, chantajes, y propuestas de índole sexual para mantener su pasantía o trabajo por parte de colegas y jefes inmediatos”.

La socióloga María Teresa Blandón coincide en que en muchas ocasiones las principales víctimas son las jóvenes recién egresadas de las universidades que necesitan una oportunidad de empleo, y “que se enfrentan —sobre todo en la televisión — a esta exigencia sexista que privilegia su imagen o estética, o a lo que los dueños del medio consideran atractivo, en detrimento del deseo que tienen estas muchachas de aprender”.

Muchas jóvenes encuentran que los mismos dueños de los medios, jefes de redacción, jefes de edición o colegas, llegan a ejercer algún tipo de conducta, insinuación o amenaza de índole sexual sobre ellas.

“No se habla al respecto. Estas chavalas tienen miedo, saben que si hablan en público pagarán un costo muy alto, ya que no solo las pueden echar de ese trabajo, sino que además no las van a contratar en otros medios de comunicación, y en países tan chiquitos donde todos se conocen, si una chavala denuncia pues el resto va a decir ‘no, esta chavala nos va a dejar mal parados o no vamos a lograr callarla’ entonces el costo es muy alto para una joven profesional que quiere abrirse paso” sostiene Blandón.

¿Dónde recurrir?

La periodista Maryórit Guevara sostiene que incluso no existen políticas de género dentro de los medios que ayuden a responder ante estas situaciones, por lo que cuestiona “qué opciones tienen las mujeres cuando son víctimas de acoso en un medio de comunicación de ir a denunciarlo si saben que toda la mayoría de los medios de comunicación son gerenciados por hombres —e incluso cuando son gerenciados por mujeres tampoco te asegura que vas a tener justicia— y en este sentido te pasan la cuenta y olvídate que volves a conseguir trabajo en un medio de comunicación”.

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Blandón también desconoce que en “empresas grandes y tradicionales”, incluyendo medios de comunicación, tengan una política de género en donde se incluya la prevención del abuso sexual. “Es más incluso las ONG, que deberían de tener todas por definición políticas de género, de equidad, que prevengan el abuso”, en su mayoría, tampoco poseen un protocolo con enfoque de género, por lo que incluso dentro de estos espacios se han conocido de casos de acoso sexual que han quedado en la impunidad, e incluso de abuso sexual, comparte la feminista.

“Hay un estado que produce impunidad, entonces no se sienten obligados a hablar de esto y de prevenir estos comportamientos abusivos, estamos lejos de que las empresas privadas asuman su responsabilidad en este tema”.

Para Blandón, las empresas deberían tener códigos de ética donde los abusos de poder y el acoso se frenen, además puntualiza que los medios de comunicación deben contar con “coherencia” pues “un medio de comunicación que se declara defensor de la libertad de expresión, que se declara defensor de la constitución, de los derechos humanos, y que además juega un papel social muy importante que es de informar, de educar, de ayudar a la sociedad a avanzar en el logro de sus objetivos, no puede replicar este tipo de lógica”.

Y asegura que hay una responsabilidad “muy importante de los dueños de los medios de comunicación, de los profesionales que ocupan cargos de dirección en estas empresas, pero también hay una responsabilidad muy importante de las y los periodistas que deben de fomentar unas prácticas de ética en la relación entre ellos”.

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