Costa Rica, EEUU y España: Los tres países donde los nicaragüenses se exilian: ¿Cuáles son los pro y contra?

La lentitud de los procesos de asilo a menudo dejan a un lado a quienes requieren de asistencia inmediata.

Segundo año de pandemia, tercero de crisis sociopolítica; 2021 vio partir al menos a 100 000 nicaragüenses, según datos de Diálogo Inter-Americano, lo que equivaldría a un 2% de la población nacional. Divididos entre un puñado de países ligados a Nicaragua por historia, por herencia o económicamente, los destinos de los exiliados son tan diversos como sus trasfondos.

Estados Unidos, Costa Rica y España son los países que más nicaragüenses reciben. Cada uno ofrece ventajas e impone retos únicos, como la reanudación del polémico programa fronterizo «permanecer en México» en Estados Unidos, que obliga a los solicitantes de asilo a esperar en México los resultados de sus solicitudes de asilo. Esta política puede que permanezca por un tiempo en 2022.

¿Cuál fue la tendencia en materia de derechos humanos en América Latina en 2021?

En Costa Rica, los nicaragüenses se enfrentan a un elevado costo de vida y a la xenofobia de los locales. A pesar de su cercanía geográfica, cultural e histórica, en Costa Rica aún persisten sentimientos anti-nicaragüenses, según lo evidenció un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Más de 300 000 nicaragüenses viven en Costa Rica según el último censo de ese país y se estima que alrededor de 40 000 nicaragüenses se refugian en Costa Rica desde el principio de la crisis, en 2018. «La mayoría se ha concentrado en Costa Rica» explica Wendy Flores, abogada y defensora de derechos humanos, miembro del Colectivo de DD. HH. Nicaragua Nunca +.

«Hemos visto cómo más de 142 000 personas entre lo que va de 2018 hasta esta fecha, y el número cada vez aumenta más, se han refugiado en otros países de la región, en países de Europa también en un menor número» estima Flores, aunque señala que aún no hay datos concretos para los últimos meses de 2021.

El Calvario de la migración irregular

Sin embargo, los peores obstáculos que enfrenta el exilio nicaragüense provienen de la migración informal, sea a Costa Rica o a los Estados Unidos. A más larga, más riesgosa es la travesía. La frontera México-EE. UU. es una zona peligrosa que traspasa desiertos y áreas montañosas.

Miles de personas de toda Hispanoamérica han muerto en el trayecto a Estados Unidos, sea por exposición a los elementos o por el crimen organizado. También quienes migran se exponen a secuestros del crimen organizado y a la brutalidad documentada en las fuerzas policiales de los Estados Unidos.

«Se habla de que al menos 40 000 nicaragüenses han salido con rumbo a Estados Unidos en condiciones de inseguridad, siendo víctimas de robo, de extorsiones, secuestros, amenazas y algunas familias, incluso, han tenido que pagar onerosos rescates para que sus familias puedan ser dejadas en libertad, con vida» lamenta Flores, y añade que «esto, obviamente, afecta no solamente a las víctimas, sino también a las familias y al pueblo de Nicaragua».

Aún así, el alto nivel de vida y las oportunidades laborales en los Estados Unidos, combinadas con la desesperación y la precaria situación política y económica en Nicaragua, son lo suficientemente atractivas como para que muchos arriesguen sus vidas en ese cruce.

«El estado en el que se encuentra Nicaragua, de cierres de algunas empresas que pueden estar contrayendo la economía o generando mayor desempleo, está provocando la salida de muchos nicaragüenses. La economía nicaragüense se ha encarecido y es cada vez más difícil, por supuesto, mantener una familia» expone Flores.

La represión como motor del flujo migratorio

La lentitud de los procesos de asilo a menudo dejan a un lado a quienes requieren de asistencia inmediata. Flores cita a la represión como uno de los factores principales de esta oleada migratoria. «Hay un alto número de nicaragüenses desplazados forzadamente del territorio nicaragüense como consecuencia de los actos de hostigamiento, las amenazas, las detenciones, los allanamientos, los procesos judiciales y una serie de actos represivos que se han dirigido en contra de activistas, defensores, periodistas» denuncia Flores.

Flores explica que esto tiene un impacto general en la población, «particularmente en aquellas que demandan justicia, que son los familiares de los asesinados de 2018, pero también de quienes estuvieron bajo prisión y fueron excarcelados».

Miles de personas esperan en México para llegar a Estados Unidos. Agencias

Para Flores, son muchos los que comparten este deseo libertario, «de ahí que los nicaragüenses estén buscando cómo salir adelante en otros países, tratar de reconstruirse, pero también está quedando, obviamente, un vacío en Nicaragua, de quienes nos hemos visto forzados a salir, dejando atrás a nuestras familias y dejando todo, pero con la esperanza, obviamente, de retornar a nuestro país. Por una u otra razón, las y los nicaragüenses queremos vivir en un país libre, democrático, seguro y que tenga garantías de procesos de justicia».

2022: «Un escenario bastante difícil»

Según Flores, el año 2022 «presenta y proyecta un escenario bastante difícil», comenzando con que el 10 de enero Daniel Ortega tomará posesión de la presidencia, «perpetuándose ilegalmente, inconstitucionalmente en el poder y sin el respaldo ni el reconocimiento de la comunidad internacional».

«Por nuestra parte, como defensoras y defensores de derechos humanos, nosotros esperamos que la comunidad internacional no deje sola al pueblo de Nicaragua, a los defensores, a las defensoras, a los activistas, a las víctimas que tienen la esperanza también cifrada en este país que deseamos y esperemos para todos y todas, sea un país libre y democrático» cierra Flores.

La situación para los migrantes nicaragüenses en el próximo año 2022 se ve complicada por los factores de una crisis cuyo fin no aparece en el horizonte. Conforme el puño de hierro de Ortega se ciñe sobre Nicaragua, más nicaragüenses se escapan de entre sus dedos y desembocan por todo el mundo, cumpliendo, quizá más sombríamente, con aquel carácter que describió Pablo Antonio Cuadra cuando hizo su radiografía del pueblo nicoya: «el nicaragüense del éxodo no hace llorar sus laudes junto a los ríos de Babilonia. Se ríe…»

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