¿Cuánto daño emocional sufren los desterrados y confiscados en Nicaragua?

Las últimas acciones represivas de la dictadura aumentaron el drama de presos políticos y sus familiares; pasaron de meses en prisión a vivir en un país distinto sin documentos legales y sin poder volver.

Los acontecimientos políticos que han estremecido a Nicaragua en los últimos meses han despertado una tempestad de emociones, una sobrecarga de información, incertidumbre, la prolongación de un duelo que se agudiza y una zozobra que parece interminable para los nicaragüenses.

Las nuevas rupturas en el tejido social solo indican que la paz y el sosiego en los hogares, están lejos. Especialistas en psicología, derechos humanos y sociología, coinciden en que se vive en el país una crisis social, política y humanitaria y que las víctimas y sociedad en general deben “resignificar la vida, las luchas colectivas y el contexto”, con el fin de evitar trastornos y efectos más graves en la salud mental y física. “Resignificar es darle un nuevo significado a los acontecimientos, darle nuevos valores, un sentido diferente”, explican.

El relato de muchas de las 222 personas desterradas de Nicaragua el 09 de febrero de este año, coinciden en que sufrieron la llamada “tortura blanca” durante meses o años. “Son varias situaciones en una. Este gran número de personas (exreas y exreos políticos de la administración Ortega-Murillo) vivieron desde el inicio, desde que empezaron a exponer sus diferencias sobre el régimen, incluso antes de 2018, un sinnúmero de violaciones a sus derechos más fundamentales”, expone, Alexandra, una psicóloga y defensora de derechos humanos en Centroamérica que ha pedido ser llamada así para este reporte por su seguridad.

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Añade que luego, vino el proceso de la privación de la libertad, que fueron varios meses, varios años, y una noche, “cuando están en una prisión en donde se violan los derechos humanos, luego de meses o años confinados y sin garantías, sencillamente son trasladados a otro lugar y amanecen en otro país en el que incluso se habla otro idioma, que tiene otro sistema. Esto te pone la cabeza al revés”, explica la especialista con varios años de experiencia en víctimas de desplazamiento forzado y diversos tipos de violencia.

“Esto para el cerebro es una bomba”, agrega. “Demasiadas cosas que no se llegan a procesar, pero que deben ser tratadas”, recomienda. “Se trata de una situación extraordinaria para esta gente y sus familias, un nuevo capítulo, un nuevo infierno. Un suceso que nadie se esperaba”, comenta por su lado un sociólogo y también defensor de derechos humanos que pide hablar bajo el seudónimo de Milthon.

Demasiadas emociones

Las personas que han sido desterradas y desnacionalizadas, al igual que otros civiles nicaragüenses dentro y fuera del territorio, pueden experimentar a raíz de los sucesos una amplia gama de emociones, ansiedad, depresión, pérdida del sueño y/o el apetito e incluso la agudización u origen de traumas, explican los especialistas. Es importante reconocer entonces que estas afecciones son “normales”, y que buscar apoyo emocional, es esencial en el proceso de recuperación, agregan.

«(Las acciones) son castigos bien severos con toda la intencionalidad de afectar y una advertencia de que no haya más rebeliones. Es un mensaje que queda insertado en el imaginario colectivo de la población. Se enseñan con odio de cierta forma para que quede eso marcado», analiza la psicóloga.

Samantha Jirón, líder juvenil nicaragüense, lo tiene claro. “Acabo de ir a realizarme los exámenes generales en un hospital. Ya me realizaron un chequeo físico general. Ya va caminando la atención psicológica que es de suma importancia aunque creamos que no”, señala la expresa política.

Al igual que ella, que es víctima directa de un sistema que quiere “que se pierda la identidad personal y la voluntad misma”, los expertos consultados ven en el acompañamiento psicológico y terapéutico un primer paso, el que deberían de seguir la mayor cantidad de víctimas y ciudadanos posible.

“Las víctimas, sus familiares y la sociedad nicaragüense en general deben resignificar la vida, las luchas colectivas y el contexto mismo. Lo que significa el país que aman y en la nueva situación que se encuentran”, explica la psicóloga.

“Pasa también por las secuelas que ya están viviendo, hasta actividades básicas como hacer ejercicio, construir una nueva rutina, adaptarse al ahora y al futuro, comenzar a trabajar en traumas y secuelas, e incluso buscar acceso a la justicia internacional”, añade Alexandra.

Acompañamiento a las víctimas de Ortega

Pero, ¿Cómo resignificar las situaciones y experiencias personales y colectivas? ¿Es posible también hacerlo con lo que significa Nicaragua para las víctimas, sus familiares y la sociedad, en medio de un contexto de violencia que no parece tener fin cercano? –preguntamos-

En primer lugar, responde Alexandra, es necesario el acompañamiento profesional especializado, tanto “para las 222 personas excarceladas y desterradas, como para todas las víctimas, familiares y civiles que la administración Ortega-Murillo ha afectado en los últimos años”. Cuando llega “el pensamiento” y la oportunidad de acceder a ayuda psicológica o psiquiátrica “inicia el proceso de adherencia al tratamiento, que es diferente para cada persona y cada situación”.

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Milthon destaca en este punto, que el acompañamiento familiar, de pareja o amigos es vital para la sanación, al igual que actividades que combatan desde el insomnio, hasta problemas renales. Es importante hablar sobre las opciones de tratamiento disponibles para aquellos que necesitan apoyo emocional. Esto podría incluir terapia individual o grupal, medicación o una combinación de ambos. Y por lo tanto, gastos económicos y demás.

La exguerrillera y expresa política Dora María Tellez, explicaba al respecto, que no es tarea fácil. Muchas de las personas «deportadas» hacia Estados Unidos de América no van “a poder sostenerse en el corto plazo”, dijo.

El tratamiento puede ser personalizado según las necesidades de cada individuo, y se debe promover la eliminación del estigma a su alrededor. Muchas personas pueden sentir vergüenza o miedo al buscar apoyo emocional debido al estigma asociado con la salud mental, e incluso pueden llegar a agudizar el temor de un cambio y de darle un nuevo significado a una situación.

Y como esa sanación «no es lineal y dependerá de muchos factores», los expertos recomiendan un acompañamiento lo más personal, positivo y realista posible. «En esta situación es nuestro deber como amistades, profesionales y sociedad entender el impacto y preguntar con honestidad, sensibilidad y cortesía: ‘¿Querés que te escuche, que comente, que aporte?’. Y aquí cabe subrayar la verbalización que es necesaria en cualquier caso, personal o colectivo; Catarsis», señala la defensora de derechos humanos.

“La gente en los barrios no esperaba ese vuelo hacia Washington”, dice Milthon. “Tampoco la fiesta nacional que intentaron armar el fin de semana después”, agrega, recordando a su vez que son hechos sin precedentes que quedarán marcados y que incluso “terminan de deteriorar la nefasta percepción de paz que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo quieren imponer”. Una nueva grieta en el tejido social de Nicaragua.

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Reconocer, procesar, aprender y crear

Al consultar a las fuentes sobre un plan o pasos concretos a seguir para transformar esta circunstancia tan extrema, de forma personal, social e incluso política, se logran distinguir cuatro factores necesarios: reconocer, procesar, aprender y crear.

“Nicaragua está regada y todos tienen a Nicaragua en sus mentes y en sus corazones en este momento, y es normal, es natural, entonces necesitan resignificar, pero una resignificación que les sea funcional, que no les torture el alma. Pero que tampoco sea como renunciar o retroceder, sino todo lo contrario», dice Alexandra. Ahí es donde se deben reconocer los problemas, las afectaciones, lo que se puede hacer, lo que se necesita, para continuar y procesarlo. “Cuando lo procesamos con ayuda y el interés necesario vamos a lograr aprender de ello», agrega la experta.

“De esta nueva era represiva y de lo que ya pasó deben aprender las clases políticas y económicas, la ciudadanía y la comunidad internacional, y Centroamérica. Es momento de posturas, debates, registros, planes, un solo ‘frente’ social, cultural y generacional contra la dictadura, empoderamiento para las víctimas y la memoria misma”, señala Milthon.

“Les acompañamos, no están solos, pero ese es el único papel de las personas no profesionales: solo acompañar. Y el acompañamiento es un arte también. A veces es como ‘te acompaño, pero ya llevamos cuatro meses’, ‘ya llevamos un año’; es como ‘me cansé de acompañarte’. Pero este proceso no tiene tiempo, no está definido cuánto va a pasar esa persona con esas pesadillas de tortura y porque le agredieron demasiado”, expone.

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Así mismo aconsejan que necesitan que esas redes de apoyo también duren lo que tenga que durar el proceso terapéutico para poder garantizar una recuperación óptima de algunas personas según su afectación, y para una solución a largo plazo al contexto y las crisis. Ese tiempo se puede prolongar mucho tiempo», dice la especialista en psicología.

No es fácil, pero cuando se procesa se aprende. Y desde ese aprendizaje se puede crear o reconstruir. «Una nueva vida. Un nuevo futuro. Un nuevo frente de lucha social», comenta el sociólogo.

“Debemos reconocer el derecho a procesar la crisis, a procesar lo que sucedió, a procesar el hecho de que, por ejemplo, mi hijo tuvo que salir huyendo, y que no estoy con él”, dice Alexandra.

“Obviamente son muchas personas las que están viviendo un duelo de separación terrible, porque también las personas que se quedan en el territorio siguen siendo o pueden ser víctimas. Es bien complejo y necesitamos esas herramientas para que las personas puedan descansar, aunque en el contexto en el que se encuentren, pues es bien complicado. Bastante complicado, incluso resignificar”, finaliza la especialista.

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