Sus sueños parecían derrumbarse, ahora estudia en una de las mejores universidades de Centroamérica

La familia de Arlen García es bien humilde. Su madre trabaja como asistente del hogar y su padre es albañil. Ambos lucharon para que en su hija no se repitiera su historia, pero la circunstancia política de Nicaragua casi les hace perder ese sueño.

Arlen García salió de manera irregular de Nicaragua un 6 de noviembre de 2018 cuando tenía 18 años y estaba por iniciar su cuarto año de la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).

Su exilio fue por participar con los universitarios para exigir el fin del régimen de Daniel Ortega, luego vinieron a su vida “episodios de pobreza, tristeza y de hambre”. Pero cuatro años de aquel exilio forzado, su vida ha cambiado y ahora estudia en una de las mejores universidades de Centroamérica manteniendo excelentes calificaciones. 

“Yo era una chavala de casa, nunca había salido de mi país. Y dejar a mis padres fue demasiado difícil, aunque valió la pena para cuidarlos y al mismo tiempo tener un poco más de futuro, porque en Nicaragua no hay”, dice Arlen, ahora de 23 años, en una entrevista con Nicaragua Investiga.

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Su llegada a la vecina del sur no fue fácil. “Todos los que veníamos a este país en el 2018, hubo episodios de pobreza, tristeza y de hambre. Pero (ahora) tengo un poco más de estabilidad”, agrega la joven. Ella no fue expulsada de la UNAN-Managua, sin embargo, le informaron que “estaba en una lista negra” y que no podía “entrar” a la universidad. Esto la llenó de temor y abandonó la casa de estudios por preservar su integridad.

Llegó a Costa Rica en noviembre de 2018 y no pudo hacer las gestiones para matricularse en una universidad en ese país: no contaba con recursos económicos. Tampoco lo hizo en 2019, sino hasta finales de 2020.

Se propuso estudiar en la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), que de acuerdo al QS World University Rankings 2022, ocupa el cuarto lugar de las mejores en Centroamérica con puntajes de 1001 y 1200. Arlen cuenta que se preparó sola para el examen de admisión, con cualquier tipo de ayuda que encontraba en Internet. “Logré pasar los dos filtros”, relata.

Arlen García también comparte su tiempo con el movimiento Colectiva Feminista Volcánicas. Foto | Cortesía.

Tiempo después tuvo que enfrentar otra barrera. En el año 2021, tenía que presentar una serie de documentos que la universidad no se los aceptaba por ser nicaragüense y por no cumplir con algunos requisitos. “Busqué la ayuda de abogados y de un grupo de gente para que se me reconociera el derecho a la educación en este país”, detalla y agrega que luego le dieron los resultados en donde le notificaron que había clasificado para ser parte de campus universitario.

“Ya llevo el segundo año de la carrera de Educación Especial. Terminé hace poco el semestre con una nota perfecta de 10. Yo pienso que el camino fue demasiado difícil, no solamente por el tema económico, sino también por el tema emocional de no contar con nadie más que tus redes de apoyo nicaragüense”, señala.

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Familia humilde

La familia de Arlen es bien humilde. Su madre trabaja como asistente del hogar y su padre es albañil. “Mi papá con costo llegó a segundo año de secundaria, mi mamá ni siquiera terminó la primaria y lucharon duramente para que no se repitiera la historia, entonces cuando entré a la UNAN fue una felicidad, porque no solo cumplí un sueño mío, sino de mis padres que se han esforzado para que yo estudie”.

Comenta que el esfuerzo de sus padres es el símbolo de motivación para continuar sus estudios a pesar de todas las dificultades en una universidad extraña para ella, con una carrera completamente diferente a la que estudió. 

La joven tiene esperanza que con su carrera pueda algún día volver a Nicaragua, para implementar sus conocimientos profesionales y ayudar a los niños y niñas, “ya que por ahí se debe iniciar el cambio en la educación”.

Arlen García durante una manifestación en Nicaragua. Foto | Cortesía

La carrera que estudia se encarga de brindar apoyo emocional y capacitaciones como terapias de lenguaje, ayuda a los niños autista o cualquier persona que tenga una condición especial.

Eligió estudiar Educación Especial porque dice que en Nicaragua es escasa, además considera que es una carrera que en un futuro puede aportar muchísimo en el país.

“Por medio de un colegio privado es muy caro. Y sólo existe uno público, que está en el Hospital Aldo Chavarría y es muy difícil que los niños puedan acceder a ellos. Es una cita para un año y solo lo ven una vez”, explica.

Este año termina el diplomado en la carrera y saldrá con un título, que es como el inicio de la carrera en pedagogía en primero y segundo ciclo. Con este documento podrá trabajar y después continuará el bachillerato y la licenciatura que son tres años más.

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Iniciará curso de Lenguaje de Señas

La joven nicaragüense relata que actualmente tiene un emprendimiento de costura donde vive actualmente. Ella logró llevar dos cursos de cortes y confección y de patronaje. Y como parte de su habilidad autodidacta, iniciará además a estudiar un curso de Lesco (Lenguaje de Señas), el cual es fundamental para su profesión.

Arlen García también aprendió el arte de la confección y la ejecuta en Costa Rica. Foto | Cortesía

“Siempre estoy buscando cursos de Lesco para prepararme bien. Me he capacitado en liderazgo político con diferentes organizaciones, también ayudo a muchos nicaragüenses que no saben cuáles son sus derechos y deberes como solicitante de refugio en Costa Rica”, destaca y agrega que cuando alguien le pide ayuda, lo remite a las organizaciones que le pueden asistir, ya que muchos desconocen este proceso.

“Próximamente haré un voluntariado en un lugar de niños huérfanos que necesitan a personas que les ayuden con sus tareas, ya que es una manera de retribuir las oportunidades que me ha dado Costa Rica”, dice la joven, quien cuenta con una beca monetaria de la universidad como un ingreso fijo mensual, con lo que suple sus estudios, cosas personales y para ayudarle a sus padres.

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