«Lo he perdido todo»: Así se dio la mayor tragedia ocasionada por Iota en Macizo de Peñas Blancas

"No puedo con esto", dijo colocándose una mano en el pecho. "Perdí mi familia", eran las pocas palabras que apenas podía pronunciar Martha Lorena Baldizón.

El Macizo de Peñas Blancas es un lugar paradisíaco compartido por los departamentos de Matagalpa y Jinotega. Un tupido bosque ve nacer enormes cascadas que dan frescor a los caseríos. Pero que la tarde del 17 de noviembre mientras el huracán IOTA azotaba Nicaragua esa escena dejó de existir, y se convirtió en una pesadilla para un grupo de familias del poblado Los Roques, en la comunidad de San Martín, municipio de La Dalia.

Esa tarde una inmensa pared de tierra y enormes rocas se desprendieron de la montaña arrasando con seis humildes viviendas y matando, según datos oficiales, a nueve personas, incluyendo niños. La noticia solo empezó a conocerse al caer la noche cuando el huracán salía del país y solo se contaban hasta entonces 6 victimas mortales. Esta era, sin lugar a dudas, la mayor tragedia dejada por Iota en Nicaragua.

El lugar casi intransitado en su cotidianeidad, se fue poco a poco llenando de rescatistas, autoridades locales, policías y militares para apoyar a los familiares de las víctimas y los lugareños en las actividades de rescate.

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Al día siguiente, cuando las lluvias del huracán se habían terminado, las labores de búsqueda se intensificaron, decenas de personas desesperadas, pero con esperanzas aún, trataban de remover las rocas y el lodo intentando encontrar los cuerpos, o quizá, algún sobreviviente. La escena era como robada de una película fatalista… de no ser porque algún objeto de uso doméstico asomaba entre los fangales, nadie imaginaría que ahí antes hubo una comunidad.

Eran las seis de la tarde del miércoles cuando aún varios cuerpos eran sacados por los miembros socorristas fuertemente custodiados por la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua. El traslado era con destino hacia el Tuma-La Dalia, la comunidad urbana más cercana. El hermetismo era absoluto. Nadie ajeno al conglomerado de medios de comunicación de la familia Ortega-Murillo podía acceder al lugar.

«Lo perdí todo»

Martha Lorena Baldizón Sánchez relató entre lágrimas su desgracia. «Lo perdí todo», dijo con dificultad mientras trataba de ingresar al lugar donde ya habían sacado a casi toda su familia, muertos. Su hermano, dos sobrinos y su nieta quedaron sepultados bajo el alud. Cuando nos relató lo sucedido un nudo en su garganta detuvo sus palabras, no pudo seguir más.

Baldizón tenía una mirada perdida, casi indescriptible: miraba a la nada mientras estaba a bordo de una camioneta en la que se disponía a seguir el traslado de sus familiares sin vida.

«No puedo con esto», dijo colocándose una mano en el pecho. «Perdí mi familia», fueron las pocas palabras que apenas pudo pronunciar antes de pedirnos dejarla proseguir su camino.

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Sabían que era peligroso

Norlan Benjamín Otero, es hijo de Martha Baldizón, él estaba consternado en la entrada de la finca que lleva hacia el que una vez fue el caserío donde habitaban sus parientes. «Es un dolor que lo mueve a uno», afirmó luego de contarnos cómo habían logrado desenterrar del lodazal a cinco de sus familiares. Dos aún siguen desaparecidos bajo el alud.

Ambos reconocieron que la zona era altamente vulnerable, por lo que tenían previsto movilizarse del lugar, pero el derrumbe ocurrió antes que pudieran despejar el sitio.

«Ya se manejaba que era una zona de alto riesgo y surgió todo. Todos esos suelos se saturan de tantas lluvias», manifestó Otero con pesar.

Encontró a su hija y esposa sin vida

Orlando Navarrete Baldizón, cargaba en sus brazos a su pequeña hija muerta. Entre llantos dijo que había perdido a toda su familia: «Venir aquí y hallar muerta a mi hija y mi esposa, era mi única niña, tanto que le pedí a Dios una niña y mire en qué terminó, dos años nada más, no disfrutó nada su vida», relató a los medios oficialistas, los únicos permitidos para informar sobre el deslave en Macizo de Peñas Blancas.

«Aquí vivían mis suegros y ella andaba visitándolos, yo el viernes vine y le dije ahí voy a venir el domingo por usted, pero nunca pensé que llegara a pasar esto», lamentó Navarrete con la voz quebrada por el llanto tras conocer la tragedia.

Orlando Navarrete Baldizón, cargaba a su hija sin vida. Foto | Tomada de Twitter.

«Teníamos 3 años de casados apenas, nuestra primera hija; anhelábamos tener más hijos y todo el sueño se fue», dijo con mucha tristeza.

Los cuerpos rescatados hasta el momento corresponden a Martha Lorena Hernández, de 34 años de edad y sus hijos Orlando Josué Navarrete Hernández, 7 meses de edad y Heykel Navarrete Hernández, 9 años, así como Karen Junieth Martínez Hernández, de 2 años de edad.

Una enorme montaña de 1,745 metros sobre el nivel del mar

El lugar del deslave es aledaño a la finca San Martín, propiedad del cafetalero Henry Hueck, cuyos trabajadores perdieron familiares en la tragedia.

Hueck explicó que la avalancha de tierra y roca se originó porque el caserío estaba asentado en un lugar de alto riesgo y por la gran cantidad de lluvia que había caído en la zona en tan corto tiempo.

«No tiene nada que ver con que ellos siembren maíz o frijoles, esta es una montaña demasiado alta, el pico tiene 1,745 metros (…). En menos de 24 horas cayeron 225 milímetros de agua que son 9 pulgadas, eso aparentemente aflojó una roca que es inmensa», manifestó.

Habían sido advertidos del peligro

En el lugar ya se habían registrado aludes, de allí que las autoridades locales habían expresado a las familias la necesidad de reubicarlas en un lugar seguro.

Las familias «tienen sus propias parcelas donde ellos sobreviven y allí habían seis casitas y a esas personas se les había dicho que se movilizaran porque habían habido otras revenidas en años anteriores», explicó Hueck.

El cafetalero aseguró que la alcaldía incluso ofreció un “área para sembrar” a las familias, con tal de que accedieran evacuar.

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El ingeniero Pablo Castro, administrador de la finca, dijo que al conocer la tragedia él y otros trabajadores acudieron a auxiliar a las víctimas.

Explicó que lo que sucedió es que con la lluvia, donde había habido la «revenida» anterior «se empezó a desprender el suelo».

«Al inicio no es tan grande (el deslave) pero ya a mediación del revenido es enorme, tiene más o menos unos 800 metros de largo como por 250 metros en la parte más ancha», subrayó. Henry Hueck aseguró que hay testimonios de que hay rocas que avanzaron hasta tres kilómetros.

Peñas Blancas es un área protegida

Peñas Blancas es un área protegida de 115.54 kilómetros cuadrados, con muchas venidas de agua y un bosque denso.
El cafetalero manifestó que el manejo de la tierra debe ser especial. «Por ejemplo la finca nuestra, la parte de nosotros de 272 manzanas solo se ocupan 80 manzanas para café porque nosotros protegemos toda el área», indicó el cafetalero.

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