¿Es el castigo físico una forma de corregir a los hijos o estás repitiendo un modelo de crianza?

Experta comparte que los modelos de crianza se repiten y por ello muchos de los padres que utilizan el castigo físico como una acción correctiva es debido a que fueron disciplinados de la misma forma en el pasado

El castigo físico es uno de los métodos “disciplinarios” más comunes a los que recurren muchos padres y madres nicaragüenses. De hecho, muchos aseguran que las nalgadas o golpes resultan positivos para corregir determinadas conductas. Algunos expertos consideran que estas percepciones responden a una reproducción de patrones anteriores que se encuentran normalizados.

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La psicóloga Andrea Pomares afirma que los modelos de crianza se repiten y por ello muchos de los padres que utilizan el castigo físico como una acción correctiva es debido a que fueron disciplinados de la misma forma en el pasado. Asimismo, existen otros factores del entorno que eleva las probabilidades de que se presenten estos casos, tales como los niveles de educación, la situación económica de la familia, y la cultura y costumbres que estas poseen.

Solo días atrás circulaba en redes sociales un video en el cual una niña del municipio de Bilwi era agredida de forma violenta por su progenitora, quien posteriormente fue detenida por la Policía Nacional. El Código de la Niñez en Nicaragua establece que quienes ejerzan maltrato, violencia o abuso en contra de un niño, niña o adolescente, estarán sujetos a sanciones penales. Sin embargo, este solo se trata de uno de los tantos casos que día a día se presentan y que son considerados “positivos” para corregir a los menores.

La violencia no educa

Pomares destaca que al disciplinar a un menor mediante el castigo físico lo que se utiliza es un modelo punitivo básico basado en “el estímulo y respuesta” y al recurrir a esto no se está educando, sino “adiestrando” al menor.

Asegura que este modelo se usa mayormente con los animales y ejemplifica con lo que sucede en los circos, donde les enseñan que “si no brincan le pegan y si lo hace le dan una recompensa”. “Más allá de un modelo educativo, se trata solo de un entrenamiento” y los niños no aprenden realmente cuál fue el error, sino que se limitan a reconocer que en presencia del tutor debe mostrar determinada conducta porque sino la respuesta será la violencia.

La psicóloga advierte que, al enseñarle al menor que la única medida de corrección es el castigo físicom “entonces le estás enseñando que la agresividad es buena siempre y cuando se encuentra enmarcada en cierto contexto, entonces en cierto contexto “yo tengo permiso de ser agresivo y a castigar a otra persona”, entonces vos mismo le estas fomentando a futuro conductas agresivas”.

Pero además de enseñarle al menor que la violencia es una respuesta natural, el castigo físico también puede traer futuros problemas durante el proceso de maduración del niño, quien puede entonces desarrollar algunos trastornos depresivos o de ansiedad.

Romper modelos viejos

La especialista asegura que, aunque el maltrato infantil es bastante común en Nicaragua, hay padres que han decidido romper estos modelos de crianza y crear uno nuevo, además “cada generación va teniendo cierta variación porque vamos cambiando”.

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Asegura que el castigo debe ser acorde a la transgresión y edad del menor, pues “si el niño bota un vaso de agua, no lo vas a moler a golpes” y si tiene menos de 7 años es necesario recordar que su juicio crítico aún no está totalmente desarrollado y por ello aún es primitiva su diferenciación entre lo bueno y lo malo.

Reina Isabel Velázquez, experta en temas de niñez, compartió con la Coordinadora Nicaragüense que trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni) que es necesario asumir el compromiso de respetar la integridad de las niñas, niños y adolescentes, dejando a un lado la humillación, los insultos y la violencia. “Aprender a preguntarles cómo se sienten, qué piensan de los asuntos cotidianos y reconocer que tienen capacidades que no son las mismas del adulto”. Y que el Estado “debería propiciar la existencia de políticas de protección integral con su debido presupuesto”.

Pomares asegura que el método correctivo más adecuado es el de “la educación o disciplina positiva”, que consiste en reforzar los vínculos de comunicación y afectivos entre padres e hijos, usando métodos y técnicas de comprensión, con un lenguaje positivo, amoroso, basado en la inteligencia emocional.

Comparte que existen muchas clases y charlas actualmente que fomentan esta “disciplina positiva” pero el problema es que muchos tutores “no buscan y se quedan con los modelos viejos que aprendieron sobre ser padres; desafortunadamente no se comprende que traer un hijo al mundo no me hace madre o padre automáticamente, ni da las herramientas para criar a los hijos, sino que se deben aprender”.

De hecho, una de las principales razones por las cuales recurren a la violencia es el no saber lidiar con la conducta del niño “entonces llegan a un nivel de frustración donde simplemente explotan y recurren al castigo físico, porque carecen de otras herramientas más viables y positivas a largo plazo, porque eso significaría que el padre o madre de familia tiene que poner de su parte, no solo en aprender estas herramientas, sino también de ponerlas en práctica, y eso requiere esfuerzo, tiempo”.

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