La tragedia en el barrio 18 de Mayo que evidenció la vulnerabilidad de la capital ante lluvias

Marcos Bello ha tenido que lidiar junto a su hija, con la soledad, la pobreza, y litigios tras perder a toda su familia la noche del 16 de octubre del 2014.

La noche del 16 de octubre del 2014 marcó la vida de Marcos Antonio Bello de 36 años.  Marcos perdió a toda su familia de forma súbita en la tragedia que se dio en el barrio 18 de Mayo, de Managua al desplomarse un muro de retención durante un fuerte aguacero.

Nueve personas perdieron la vida y todo un barrio sufrió las consecuencias del desastre.

La esposa de Marcos trabajaba vendiendo perfumes por catálogo, y ese día tenía que cobrar un dinero en el Mercado Oriental, pero estaba enferma y no podía movilizarse, por lo que le permitió a él que fuera.

“Cuando venía de regreso se vino el aguacero, y fue tan fuerte que ya estaba inundado el mercado. No sé ni cómo me monté en el bus. Cuando me bajo veo que traen a un señor en camilla y la gente pedía ayuda, que lo llevaran al hospital. En ese momento no sabía qué estaba pasando, así que me quedé de curioso, pero, cuando escuché que hubo un derrumbe se me vinieron todas las preocupaciones a la cabeza y me fui en carrera, sólo para encontrarme con la desgracia”, recuerda.

La historia de Ronald Rodríguez, el periodista nocturno de Canal 10

Han pasado más de siete años desde la tragedia que dejó soterradas a varias personas en este barrio, producto del derrumbe de unas losetas que hacían de muro perimetral del Residencial Lomas del Valle, producto de una fuerte lluvia. Atrás de ese muro, a orillas del cauce, más de diez familias se habían asentado, sin saber que ocurriría una tragedia.

A pesar de estos antecedentes, hace dos años el gobierno tuvo que desalojar nuevamente a un grupo de personas que pretendían volverse a asentar en la misma ubicación donde ocurrió la desgracia.

Obligado a la soledad

De las nueve personas que fallecieron esa noche, seis era familiares de Marcos y vivían en la casa de él. De su familia sólo sobrevivieron él y dos niñas, una hijastra y su hija, Sherling Rubí Bello Vásquez, que hoy en día tiene 10 años y se convirtió en su única compañía, aunque también estuvo a punto de perderla. A Sherling y su hermana los bomberos las rescataron debajo de un mueble.

“Hay muchas cosas que no me explico y que le agradezco a Dios. Por ejemplo, ahí era una superficie plana, no sé cómo es que estaban abajo del ropero”, dice Marcos, quien además de encargarse de reconocer los cadáveres de sus seis familiares, entre ellos niños, tuvo que guiar a los rescatistas en el lugar que alguna vez fue su casa, para que pudieran sacarlos del fango.

Marcos Bello y su hija, Sherling Bello. FOTO: Nicaragua Investiga

Luego de esto, las personas encargadas del residencial se acercaron a Marcos a brindarle una especie de ayuda humanitaria. Según el medio de comunicación Confidencial, la suma otorgada por la desarrolladora Viviendas Exclusivas Sociedad Anónima (VIVEXSA) fue de 200,000 córdobas, los cuales fueron la manzana de la discordia y terminaron de sepultar las relaciones de Marcos con su familia.

La razón de la discordia fue porque cuando la familia de Marcos se enteró que recibió esa ayuda recurrieron en su contra de manera legal, afirmando que él no merecía ese dinero. Al momento de la demanda Bello había instalado una pulpería en la casa donde lo reubicaron, junto a las otras familias, en Ciudad Belén, pero entre pagos a su abogado defensor y otros gastos, al final, no pudo aprovechar el dinero y cortó todo tipo de relaciones con su familia.

Cabe destacar que el proceso legal duró cerca de dos años, y que todo ese tiempo su hija, de entonces dos años, estuvo bajo custodia del Ministerio de la Familia, y sólo le permitían visitarla por cortos períodos.

“Me ha costado bastante adaptarme, más que todo a la soledad. Es cierto que tengo mi niña, que es mi consuelo, pero sí me hace falta la familia vos sabés”, dice.

No vive donde lo reubicaron

Pese a que Marcos Bello fue reubicado para buscar iniciar su vida casi desde cero, no vive en esa casa, al principio lo intentó, pero luego del conflicto legal tuvo que cerrar la venta para poder terminar de pagar algunas cosas, y por lo tanto buscar un lugar donde trabajar, pero tenía que encontrar un lugar donde trabajara medio tiempo, para poder hacerse cargo de su hija.

Así fue como dos años después volvió al barrio donde alguna vez vivió con su familia completa, y habló con una vecina, donde vive actualmente en un cuarto.

“Aquí donde vivo yo es prestado, ¡Cuánto no deseáramos estar en nuestra casita! Pero las condiciones no me lo permiten. El colegio de la niña, el viaje es muy largo. Entonces decidí alquilarla. Me pagan 1,500 córdobas mensuales”, relata.

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Además de ese ingreso, Marcos trabaja medio tiempo en reciclaje, en el mercado Roberto Huembes lo que le genera un ingreso de 500 córdobas semanales.

“Prácticamente yo me gasto 200 córdobas diarios, con la alimentación de la niña. Sólo en el desayuno y en la cena se me van”, relata.

“Yo me levanto a las cuatro de la mañana, me alisto le dejo el desayuno hecho y me voy de aquí a las cinco. Vuelvo a la casa a las 11 y ella ya está lista con sus calcetines, sus zapatitos. Yo sólo vengo a plancharle la falda y la camisa y la voy a dejar. Después me regreso, hago los quehaceres de la casa, y prepararle la cena; la voy a traer al colegio, y esa es mi rutina diaria, todos los días del año”, cuenta.

Pide ayuda para su niña

La vida de Marcos Bello y su hija es “limitada y difícil”, según sus propias palabras, pero aún así tiene la esperanza de que algún día ella se supere.

Cuando Sherling conversa es risueña y carismática, y dice que sus materias favoritas son matemáticas e inglés. De acuerdo con su padre, ella sueña con aprender otro idioma.

“Ella me dice que la meta en un curso de inglés, que también le gusta el yoga, pero yo le explico que nuestras condiciones son limitadas y que no tenemos para eso. Quiero aprovechar este espacio para solicitarle a alguien o alguna organización, que, si pueden apoyarla a ella, que lo hagan. Por mí yo ni me preocupo, sino por ella, porque yo quiero que se supere”, dice Marcos.

Si usted quisiera apoyar a Marcos Bello y su hija, puede contactarlos al número: 8371 – 1716.

Cientos de puntos vulnerables

Pero la tragedia de esta familia evidenció la vulnerabilidad de la capital y del país ante los inviernos.

En la actualidad Nicaragua continúa siendo un país con alto nivel de vulnerabilidad y baja calidad de respuesta al invierno. Recientemente Defensa Civil del Ejército de Nicaragua y el Sistema de Prevención de Desastres Naturales (Sinapred) publicaron el Plan Invierno 2022, en el que se expresa que a nivel nacional casi 220,000 personas están propensas o vulnerables a deslizamientos de tierra.

Sólo Managua posee 86 puntos críticos de alta vulnerabilidad y alrededor de ocho mil viviendas peligran ante un deslizamiento de tierra como el ocurrido en el 2014. En total, 40,301 personas, de los Distritos III, V y VII peligran sufrir el mismo destino que la familia de Marcos Bello.

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Además de estar vulnerable a deslizamientos de tierra, las inundaciones son otro factor de preocupación. Más de 250,000 personas están vulnerables a inundarse, y quienes corren más peligro son los habitantes del Distrito I de Managua, que posee un riesgo muy alto de inundación, de acuerdo con datos del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).

Cabe destacar que el Observatorio de Fenómenos Naturales (Ofena) ha informado que este año la temporada de huracanes será muy activa, lo que incrementa el riesgo de vulnerabilidad de las personas.

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