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¡Al fin confiesa! Rafael Solís destapa quiénes estuvieron detrás de la reelección indefinida de Ortega

En un tardío acto de mea culpa Rafael Solís confiesa los supuestos motivos por lo que se la CSJ aprobó en 2011 la reelección de Ortega, lo que desencadenó en su perpetuidad en el poder.

En una reveladora entrevista concedida al periodista Miguel Mendoza en su canal de YouTube, el exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y exoperador político del régimen, Rafael Solís Cerda, ofreció detalles inéditos sobre los entretelones, presiones y cálculos que abrieron las puertas a la perpetuación de Daniel Ortega en el poder.

Solís calificó su actuación al avalar la reelección en 2011 como un grave error derivado de una supuesta «ingenuidad» política, al tiempo que sacó a la luz el papel determinante de la cúpula empresarial y las ansias de poder de Rosario Murillo.

Al reconstruir la ruta que erosionó la institucionalidad del país, el exfuncionario judicial enfatizó que «el primer gran paso para el inicio y la consolidación de la dictadura fueron los pactos», situando en el centro de la crisis el acuerdo firmado entre el dictador y el expresidente Arnoldo Alemán. Según Solís, con el pacto Alemán-Ortega «se volaron todas las restricciones, dejaron unos porcentajes bien bajos y ya le permitieron a Daniel vislumbrar la posibilidad de volver al poder».

Oposición dividida ayudó a Ortega

A este primer momento le siguió la profunda división de la oposición en las elecciones de 2006 entre Eduardo Montealegre y José Rizo. El exmagistrado recordó que, de no haber ido divididos, la oposición habría obtenido «el 56 por ciento histórico», pero en cambio permitieron que Ortega alcanzara la presidencia con apenas el 38 por ciento de los votos.

Aunque la controvertida sentencia para la reelección fue redactada en la Sala Constitucional, Solís reconoció su responsabilidad al avalarla: «Es cierto que la sentencia no la hice yo, la hizo la Sala Constitucional y yo la firmé y después la firmó la Corte Plena y permitió la reelección para el siguiente período», admitió, aclarando que la prohibición constitucional definitiva no la mató ese fallo, sino la reforma posterior aprobada por la Asamblea Nacional.

No obstante, en un tardío mea culpa desde el exilio, Solís calificó su respaldo a la candidatura como una falla inexcusable. «Yo creo que sí fue un error mío, lo señalé cuando vine a Costa Rica en el exilio que no debí haber sido tan ingenuo y pensar que la reelección iba a ser solo por una vez», confesó el exmagistrado, agregando que «a muchos de nosotros no se nos ocurrió de que la reelección iba a quedar indefinida, sino más bien para un período más» y que actuó creyendo «de buena fe que todavía podían haber situaciones diferentes».

Empresarios presionaron por perpetuar a Ortega

Otro aspecto que Solís calificó como determinante en este entramado fue la alianza que Ortega logró tejer con el gran capital y con sectores de la oposición legislativa para viabilizar la reelección.

El exoperador del régimen señaló directamente al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y al gran capital como promotores de la permanencia del caudillo en el poder. «Había mucha presión de todos los capitales, del Cosep, del sector privado que estaban felices y contentos con el gobierno de Ortega y creían que podían seguir así por un período más», aseveró, reflexionando sobre el costo de aquellas alianzas: «Son errores que se han pagado caros y que uno tiene que asumirlos y vivir con eso».

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Relección para bloquear a Murillo

Entre sus confesiones más impactantes, Solís destapó la pugna interna que se libraba en la pareja dictatorial antes de los comicios de 2011, señalando que Rosario Murillo buscaba la candidatura presidencial desde entonces. «En el 2011 había mucha presión de la Rosario para ir de candidata… ella tenía grado cero (de consanguinidad), si no se permitía la candidatura de Daniel es obvio que la candidata ya en 2012 hubiera sido la Rosario», sostuvo.

El exmagistrado justificó el ambiente de la época asegurando que en el país prevalecía «un clima que abonaba a una bonanza económica, a un proceso de reconciliación» donde resultaba «muy difícil vislumbrar lo que venía después», remarcando que en ese momento el mandatario contaba con un amplio respaldo social y económico: «Él era, en medio de sus cosas buenas, de sus cosas malas, el que tenía un gran consenso».

Finalmente, Solís reiteró que su ruptura con el Frente Sandinista no ocurrió por el desmantelamiento democrático, sino por la brutalidad con la que el régimen aplastó las protestas de 2018. «Yo rompí con el sandinismo cuando vi los informes de los hechos de 2018 y tuve acceso a algunos de los dictámenes legales del Instituto de Medicina Legal, era escalofriante lo que decían los informes», afirmó.


*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.

Autor
Nicaragua Investiga

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