La narrativa oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) siempre ha estado impregnada de consignas sobre la equidad social, la justicia y la defensa de los más desfavorecidos.
Sin embargo, la historia de Nicaragua demuestra que, tras el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en 1979, el cambio real no fue la abolición de los privilegios, sino una sustitución de las élites: una cúpula que pregonaba el fin de la riqueza ajena terminó convirtiéndose en la nueva clase millonaria del país.
Así se creó la nueva élite: «Los sandinistas VIP».
Los nueve comandantes y sus allegados disfrutaban junto a sus familias de unos privilegios que la mayoría del pueblo no podía permitirse. Por el contrario, la gente tenía que hacer largas filas en los puestos de ENABAS para conseguir comida racionada.
Los hijos de los pobres eran enviados a la guerra, justamente para sostener los lujos que se permitían las familias de los “lideres revolucionarios”.
Así fue el exilio de Daniel Ortega y Rosario Murillo bajo la dictadura somocista
Primera etapa (1979-1990): El nacimiento de una nueva burguesía
Inmediatamente después del triunfo revolucionario de 1979, los nueve comandantes de la Dirección Nacional y el personal de su más estricta confianza pasaron a ocupar el lugar de la desplazada élite somocista. Casas de protocolo, mansiones confiscadas en los barrios más exclusivos, flotas de vehículos asignados y jugosos salarios estatales transformaron la vida de los nuevos gobernantes.
Mientras el país enfrentaba la escasez y la guerra, los hijos de la dirigencia sandinista crecieron en una realidad paralela. Estudiaban en los colegios privados de mayor renombre del país —tradicionalmente reservados para la clase alta— y disfrutaban de privilegios de viaje inaccesibles para el nicaragüense común.
Los testimonios de los propios descendientes de esa época reflejan la magnitud de esa burbuja. Valeria Borge, hija del fallecido comandante Tomás Borge, recordaba en una entrevista concedida en el programa Izquierda visión cómo, tras el divorcio de sus padres en los años noventa, tuvo que mudarse de la residencia de su padre, a la que describió como «demasiado grande», para trasladarse a otra vivienda que, según sus palabras, era «igual de gigante, con todas las comodidades».
Poco después, se mudó a los Estados Unidos, donde vivió por largos años. Incongruente para la descendencia de uno de los personajes más “antiimperialistas” del sandinismo.
Valeria Borge relató además que en sus años de infancia los viajes recreativos incluían destinos exclusivos: «Íbamos al circo, íbamos bastante a Cuba, íbamos a pasear por El Laguito, hay una parte en Cuba que es el área como diplomática, donde llegan personas de los diferentes países a esas casas y hay un laguito artificial con cisnes y eso era especial», indicó.
Una perspectiva similar del poder fue compartida por Ricardo Wheelock, hijo del militar del mismo nombre y sobrino del comandante Jaime Wheelock Román.
Educado en la primaria y secundaria en el prestigioso Colegio Centroamérica, y luego en México y en Barcelona, España, Wheelock reconoció en el documental francés Utopía (dirigido por Joan López Lloret) la posición de ventaja con la que creció: «Mi visión y mi posición en la revolución era una posición privilegiada por mi tío Jaime, por mi padre que eran personas que tenían puestos bastante privilegiados durante la revolución, entonces la perspectiva era diferente. Era una perspectiva desde el poder», afirmó.
El entrevistado admitió que carecía de contacto con las clases vulnerables y que no fue sino hasta su primera experiencia laboral, donde obtuvo un cargo alto en una fábrica gracias a sus estudios en el extranjero y a sus «conexiones», que logró salir de su entorno: «Trabajando en esta fábrica me di cuenta de cómo era esa gente y trabajar en esa fábrica me sirvió mucho para salir de esa burbuja en la que yo vivía y darme cuenta de que la realidad de Nicaragua es muy dura».
Los mismos hijos de la pareja Ortega-Murillo, vivían una realidad muy distinta a la de los niños de la militancia sandinista que llenaba las plazas repitiendo las consignas partidarias.
Murillo y Ortega vestían trajes de alta costura y viajaban con sus hijos a ciudades como Nueva York, donde los niños paseaban, iban de compras y hasta patinaban sobre hielo sonrientes mientras la guerra y la escasez asolaban Nicaragua.

Rosario Murillo con sus hijos en la pista de patinaje del Rockefeller Center de Nueva York, el 16 de enero de 1986. Foto: Redes
Segunda etapa (2007-presente): Consolidación, exclusión y nepotismo
Con el retorno de Daniel Ortega al poder en el año 2007, esta clase rica no solo recuperó terreno, sino que se consolidó a niveles empresariales multimillonarios mediante un capitalismo de Estado disfrazado de socialismo.
Este nuevo periodo trajo consigo una depuración: aquellos antiguos comandantes y cuadros que se habían vuelto disidentes del orteguismo fueron excluidos del reparto de poder, siendo sustituidos por nuevos aliados incondicionales y, de manera primordial, por la propia familia “presidencial”.
Un ejemplo emblemático de esta acumulación de riqueza es el de Bayardo Arce Castaño, uno de los nueve comandantes históricos, quien pasó de la militancia a convertirse en un influyente corporativo con múltiples empresas. En fechas recientes, las propias pugnas internas y dinámicas de la dictadura lo han señalado públicamente por manejar fortunas y conglomerados empresariales de miles de millones de dólares.

Camila Ortega siempre luce ropa de diseñador. Foto: Prensa oficialista.
En contraste con los fundadores, la nueva generación de la familia gobernante no requirió participar de ninguna lucha, tampoco preparación técnica ni experiencia laboral previa para asumir la dirección del país. Los hijos de la pareja dictadora ocupan directamente altos cargos en el Estado, coordinan la diplomacia, controlan los canales de televisión locales y manejan las inversiones estatales estratégicas sin mayor mérito que el vinculo sanguíneo.
Todos los nietos de Ortega y Murillo en edad primaria y secundaria estudian en el colegio Alemán Nicaragüense, a pesar que el régimen presume de la escuela pública como una de las mejores de la región.
En noviembre de 2025 la hija de Daniel Edmundo Ortega y Mara Vanessa Stoti (nombrada co directora de INTUR), se graduó de la secundaria en ese prestigioso Colegio, cuya mensualidad supera los 500 dólares.

Graduación en el exclusivo Colegio Alemán de una de las nietas de Ortega y Murillo. Foto: Redes
Mientras los nietos en edad universitaria estudian en universidades de élite, como la Universidad Americana UAM o la Thomas More.
Ariana Ortega, hija de Rafael Ortega se graduó en julio de 2019 de la UAM. Por cierto, el evento fue escenario de protestas por el asesinato de una estudiante brasileña de esa universidad por paramilitares sandinistas durante las protestas de 2018.
Antes de la crisis, Camila Ortega viajaba constantemente a Milán, Italia a comprar ropa y participar en eventos de moda y aun hoy en día, Laureano Ortega es símbolo de la más contradictoria opulencia del sandinismo: relojes rolex de oro, trajes de diseñador, palacetes multimillonarios y marcas exclusivas dan cuentas de que los hijos y nietos de los dictadores son “otro tipo de sandinistas”.
El contraste con las bases
El aspecto más contradictorio del modelo «Sandinista VIP» es la enorme brecha existente entre la cúpula y sus bases. La inmensa mayoría de los simpatizantes sandinistas vive en condiciones de pobreza, sin acceso a los colegios privados, los viajes internacionales ni los salarios de gerencia que disfrutan los hijos del poder.

Los sandinistas no VIP viven una realidad muy distinta a la de la familia Ortega y sus allegados.
Para este sector de la población no hay puestos gubernamentales automáticos. Por el contrario, son las bases las que se ven obligadas a trabajar en los barrios, organizar la vigilancia partidaria y marchar bajo el sol para respaldar las directrices de una élite económica que, desde sus mansiones y vehículos de lujo, sigue utilizando el discurso de los pobres para perpetuar su propia riqueza.
Para estos sandinistas fuera de la élite, la realidad es barrios sin agua, con energía carísima, salarios precarios y drogas y violencia aflorando en un país de contrastes inmorales.
Nicaragua Investiga



































