Los agobiantes requisitos para los jóvenes recién egresados, un obstáculo más para encontrar empleo

Las empresas solicitan requisitos que para muchos jóvenes recién egresados de la universidad son casi inalcanzables

Enmanuel Reyes Larios se siente frustrado. Necesita un empleo que le permita costear sus gastos personales y su permanencia en Managua mientras termina su carrera de Ingeniería Industrial. El joven originario de Ocotal tiene 20 años y ha llegado a varias empresas a solicitar trabajo o una pasantía afín a su carrera, pero le ha sido imposible encontrar una plaza porque le solicitan requisitos que muy pocos jóvenes a su edad cumplen.

Ser bilingüe, menor de 23 años, de 2 a 5 años de experiencia y en algunos casos, ser máster o tener un posgrado en determinada área, son parte de los requisitos que la mayoría de empresas solicitan a quienes optan a un empleo. Enmanuel Reyes Larios solo cumple con uno que es ser menor de 20 años, pero no conoce otro idioma que no sea el castellano, no tiene experiencia previa porque no ha tenido la oportunidad de laborar en una empresa y tampoco es máster porque no ha salido ni de su carrera de pregrado.

Una situación similar vive la joven capitalina Mara Mendieta de 22 años, egresada de la carrera de Comunicación, y quien no ha podido calzar con los requisitos que le solicitan algunas empresas a las cuales ha enviado su Hoja de Vida para optar a un puesto de trabajo y ejercer la profesión para la cual estudió por cinco años.

«Ha sido frustrante. Hay estándares muy altos que las empresas te piden y si logras cumplir con esos estándares, el salario no corresponde con las tareas asignadas» comenta Mendieta, quien también siente un poco de molestia porque conoce de empresas que buscan a jóvenes para que trabajen sin que el empleador cumpla con los derechos laborales establecidos en la Ley como días libres, las ocho horas de trabajo diario, el pago de horas extras, entre otros.

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Mendieta asegura que hasta ha llegado a decepcionarse «porque sentís que estudiaste para nada». En el caso de Reyes Larios, le pidieron tener experiencia de 3 a 5 años, además del manejo de sistemas operativos que él no conoce. «Es bastante frustrante ya que al lugar que llegás te piden experiencia, y pues te lleva a pensar que no vas a conseguir empleo nunca».

Para el procurador laboral José Antonio López, este tipo de exigencias que hacen algunas empresas son un poco contradictorias, porque «actualmente que te estén pidiendo que seas recién egresado de la universidad, que domines dos idiomas y todo eso es como que te están diciendo que hay trabajo pero no te estamos dando la oportunidad de trabajar».

López incluso considera que se podría tratar de discriminación «porque no todos los jóvenes han tenido las mismas oportunidades ni sus padres han tenido el lujo de mandarlos a universidades o a estudiar idiomas», y señala que con mucho esfuerzo algunos jóvenes logran culminar su bachillerato, mientras otros que alcanzaron llegar a las casas de estudio superior, hoy se dedican a profesiones que no son afines a la carrera que estudiaron.

Pero en Nicaragua tampoco hay respaldo por parte de las autoridades para que los jóvenes se inserten al mundo laboral. En 2012, el ex diputado Alberto Josué Lacayo impulsó un proyecto de Ley de Promoción de Contrato del Primer Empleo para la Juventud que contemplaba algunos incentivos fiscales para las empresas que contrataran a jóvenes recién egresados, pero este no tuvo mucha resonancia en la Asamblea Nacional y pasó a archivarse.

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En 2017, la diputada liberal Azucena Castillo también impulsó un proyecto similar conocido como Ley de Fomento del Primer Empleo y Emprendimiento Juvenil, la cual buscaba reglamentar el acceso al primer empleo como tal, e introducía la figura de Formación y Aprendizaje, además de la regulación por Ley de las pasantías que deben realizar los jóvenes antes de graduarse, pero este proyecto también quedó engavetado, sobre todo después del estallido de la crisis política en abril del 2018.

Azucena Castillo, diputada del PLC – Foto: Nicaragua Investiga

Ni siquiera el salario mínimo

La mayoría de pasantías que Reyes Larios ha encontrado son de tiempo completo, las cuales no le permitirían culminar con sus estudios universitarios, y en algunos de esos lugares solo le ofrecen una ayuda económica de tres mil córdobas, o bien viáticos de alimentación y transporte.

Para Reyes Larios, tres mil córdobas como remuneración económica para una pasantía de tiempo completo es muy poco debido a que «estás cumpliendo con un horario, ejerciendo funciones dentro de la empresa» pero también reconoce que a pesar de la cantidad baja «la empresa te está ayudando a formarte».

El otro problema que encuentra el joven es que si acepta la pasantía de tiempo completo por tres mil córdobas mensuales, eso no le permitiría continuar estudiando. «Apenas costearía lo que es la renta del lugar donde vivo y me sobraría tal vez para comer dos días» comenta.

El joven estaría dispuesto a aceptar tres mil córdobas pero en una pasantía de medio tiempo que a su vez le permita estudiar y bajo esos parámetros espera conseguir un empleo «en lo que sea», pero si es afín a su carrera sería mucho mejor para él.

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Sin embargo, para la joven egresada de Comunicación Mara Mendieta, tres mil córdobas no es suficiente para el nivel de trabajo que va a desempeñar, pero además ella no está optando a una pasantía, si no que busca un puesto de trabajo y la remuneración salarial que le han ofrecido es también de tres mil córdobas.

«Aspiré a un trabajo de Community Manager y el salario era de tres mil córdobas mensual. Ni si quiera la empresa conocía las funciones de un Community Manager porque te ponían trabajo de un analista de datos que no lo hace un Community Manager». En las empresas «están tan acostumbrados a sobre cargar y a no saber los deberes de un cargo y te quieren meter como tres asignaciones diferentes que no corresponden con la plaza, y pagarte ni siquiera el salario mínimo», critica la joven.

A Mendieta también le han exigido tener al menos 5 años de experiencia y ella asegura tenerlos debido a que desde antes de entrar a la universidad, trabajaba con el equipo de comunicación de su parroquia, y cuando empezó a estudiar produjo contenido para plataformas digitales, realizó producciones radiofónicas para Radio Estrella del Mar y fue locutora en Radio Universidad, sin embargo, la joven señala que esa experiencia no parece ser suficiente para las empresas.

De igual manera, la joven comunicadora detalla que incluso ha realizado trabajos de análisis de datos para empresas de otros países y le ha ido mejor en cuanto a la remuneración económica, debido a que en dos días de trabajo puede llegar a ganar lo mismo que un mes de salario mínimo, que sería casi 7 mil córdobas de acuerdo a las cifras del Banco Central de Nicaragua.

Sin embargo este tipo de trabajos conocidos como «Freelance» no garantizan estabilidad para la joven debido a que son labores que necesitan las empresas cada cierto tiempo y a pesar de que obtiene una remuneración económica que le permite sustentar algunos gastos, estos ingresos no son permanentes, si no eventuales, además la joven no aspira a trabajar toda su vida en esta modalidad.

En el ordenamiento jurídico nicaragüense no está establecido que las empresas están obligadas a remunerar económicamente a los pasantes y lo que se le brinda es «el adiestramiento y el conocimiento para que vayan agarrando experiencia», explica el procurador laboral José Antonio López.

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Lo que sí hacen algunas empresas es que ofrecen una ayuda económica para que el pasante pueda asumir gastos de transporte y alimentación, y hay otros empleadores que sí destinan recursos como una especie de salario que suele ser de tres mil córdobas, tal y como le han ofrecido a los jóvenes Mendieta y Reyes Larios.

Las requisitos no son el único problema

El problema que aqueja a los jóvenes no es solamente por los requisitos que exigen las empresas, si no por el sistema de educación deficiente en el cual se forman, pero además por una valoración equivocada que tiene la sociedad nicaragüense respecto a la educación superior. El experto en temas de educación Alex Bonilla, comenta que desde años atrás se ha venido debatiendo y analizando qué se puede hacer desde la educación para preparar mejor a los jóvenes de cara al mundo laboral.

Para Bonilla el problema no viene solamente del sistema educativo o de las políticas gubernamentales en temas de juventud y educación, si no también de las empresas mismas que no están invirtiendo en la cualificación, potenciación de habilidades y formación de un gran grupo de jóvenes que busca llegar al mundo laboral.

«La empresa privada tiene una deuda con la educación de Nicaragua y es que históricamente lo que han aportado en términos de responsabilidad social empresarial ha sido visto más bien como acciones de filantropía» apunta Bonilla y señala que en Nicaragua hay una visión equivocada de que los profesionales se forman solamente en la universidad cuando no es así, debido a que las escuelas de educación técnica también forman a los jóvenes profesionales que necesita el país.

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El experto considera que la sociedad debe revalorar las profesiones técnicas debido a que «este país lo que necesita son técnicos porque es un país eminentemente agrícola y eminentemente ganadero, y ahora está creciendo la industria pesquera».  Sin embargo, en muchos países de Latinoamérica, incluida Nicaragua, la educación técnica es vista con malos ojos y se asocia más a una «educación de segunda o de educación para pobres», explica Bonilla.

En países desarrollados como Alemania, «la mayoría de los jóvenes cuando egresan de la secundaria prefieren ir a la escuela técnica en lugar de ir a la universidad. La universidad está vista como una oportunidad después de haber ingresado al mundo laboral» enfatiza el experto y agrega que en nuestro país se debe repensar el modelo de educación técnica porque actualmente no le está permitiendo a los egresados jóvenes llegar a una empresa, competir, y demostrar que puede superar a otras personas con mayor experiencia. «No es cierto que la universidad te va a cambiar la vida», insiste el experto.

Por su parte, el especialista en políticas para el desarrollo Juan Manuel Sánchez, apunta en un artículo publicado en El Nuevo Diario que la educación técnica puede sacar de la pobreza a los jóvenes y sus familias de una manera sostenible.

«La educación técnica es una opción real que debe ir en una ruta laboral y formativa que permita a los jóvenes seguir creciendo profesionalmente. A una edad muy temprana un joven o una muchacha se pueden graduar, por ejemplo, de un técnico básico en logística o recursos humanos y no necesariamente deben esperar cinco años de estudio para encontrar un trabajo», resalta Sánchez en su escrito.

Pero esto no es visto así por los nicaragüenses, y Sánchez señala que la cifra de egresados anualmente en la educación técnica ronda los 9 mil jóvenes, mientras que otros 12 mil jóvenes se gradúan de estudios universitarios y «salen desesperados por encontrar un empleo y solo unos pocos lo encuentran».

Además del enfoque erróneo que le da la sociedad a la manera de profesionalizarse, también existe otro problema que es la calidad de la educación en Nicaragua. Bonilla analiza concretamente la educación técnica y refiere que en el país hay centros que están retrasados «casi un siglo» y tienen una matriz tecnológica en recursos, equipos y maquinarias que al estudiante no le da las habilidades de simulación en la práctica que demanda el campo laboral, por lo cual el joven que egresa de la educación técnica y va a buscar trabajo, se encuentra con que su perfil no es suficiente para optar a un puesto en determinada empresa.

Lo que sucede es que cuando el empleador aplica su sistema de selección y de captación de recursos «encuentra que este joven además de no tener experiencia, no tiene ni el conocimiento ni las habilidades necesarias para desempeñarse en la función que se le podría asignar», explica Bonilla.

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Como solución a este problema, Bonilla opina que se necesita un modelo dual que junte los esfuerzos del Tecnológico Nacional (INATEC), con la empresa privada y con el gobierno para reinsentivar la matriz educativa técnica de Nicaragua y así los estudiantes puedan tener contacto con la maquinaria, equipos actualizados, y con el personal de experiencia que incluso podrían convertirse en mentores de esos estudiantes.

De igual manera Sánchez señala que el país requiere de «una ruta para revalorizar la educación técnica, que facilite la inversión, que profundice en los centros la formación dual, que asegure la transitabilidad de la educación de la persona que va a una institución técnica para pasar luego a una universidad».

Tanto Bonilla como Sánchez coinciden en que para alcanzar ese modelo dual se necesita de los esfuerzos del gobierno, el sector privado, la sociedad civil y de los nicaragüenses.

«La culpa no es solo de las administraciones de Gobierno. El asunto es estructural y al igual que otros problemas, este también empieza desde el hogar, donde los adultos siempre le repiten a los estudiantes que después de la secundaria deben seguir la universidad, por eso se ha implantado en el imaginario colectivo la creencia de que la educación técnica te estanca y mata las aspiraciones personales y profesionales», enfatiza Sánchez.

Jóvenes también deben preocuparse por su formación

A pesar de que a los jóvenes les aqueja el hecho de que las empresas les exigen requisitos como ser bilingües o dominar ciertas técnicas o habilidades propias de determinadas profesiones para ser contratados, lo cierto es que los empleadores buscan un buen perfil que resuelva problemas para las empresas, y los jóvenes no están exentos de cumplir con ese perfil.

Alex Bonilla menciona que «el técnico que necesita Nicaragua en estos momentos debe ser un técnico bilingüe o que por lo menos tenga habilidades de comunicación básicas en inglés», debido a que la maquinaria que ocupan muchas empresas generalmente viene de la Unión Europea, Canadá o Estados Unidos, y las fichas técnicas de esos equipos así como sus manuales suelen venir en inglés, que es considerado como la lengua universal.

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De hecho, el experto explica que el currículo de la formación técnica y profesional contempla materias como inglés técnico, razonamiento matemático, expresión escrita, lectura comprensiva, entre otras que estimulan habilidades de ese tipo, precisamente porque es lo que el mundo laboral demanda.

El procurador laboral José Antonio López opina de la misma manera y señala que «muchas veces nos quedamos en el conformismo, no buscamos como salir adelante, si no que nos quedamos quietos. Los jóvenes deben también poner un poco de su parte aunque sea que estén egresando de la universidad sin las habilidades o sin las pasantías, deben ser acuciosos» y deberían preocuparse por su formación, esforzarse y no atenerse a que las cosas se las faciliten, indica López.

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