Ser ateo en Nicaragua: vivir bajo críticas y ataques

Quien se define como ateo en Nicaragua se expone a las críticas, al rechazo y a veces a los mensajes de odio por parte de algunos practicantes religiosos que no toleran la pluralidad de ideas, sostienen algunos ateos.

En Nicaragua la mayor parte de la población se define como creyente, con un predominio ante todo del cristianismo. Las creencias religiosas están tan afianzadas en el país, que la no creencia continúa siendo un motivo de asombro y generador de discusiones. Pero también de críticas y menosprecio.

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Julio Vannini, profesional de informática y astrónomo amateur, tiene alrededor de cinco años de haberse definido abiertamente como ateo. Al inicio, reconoce el gran impacto que esta noticia generó en su familia pues durante muchos años fue una persona bastante cercana a la religión, sin embargo, esta misma aproximación y deseos de entender su fe, fue lo que despertó sus primeras dudas.

Su ateísmo fue un proceso que vino desarrollándose desde varios años antes de reconocerse no creyente. «Fue un proceso de años, de investigación, de lectura, de acercamientos con otras religiones para contrastar» y reconoce que gracias a “a ese espíritu inquisidor” de su padre, quien era científico, supo que debía preguntar y aclarar varias de sus interrogantes. Sin embargo, su descubrimiento no fue nada fácil.

Prejuicios

Cuando una persona se define como atea o agnóstica, Vannini destaca que «lo primero que te van a decir es “ideay ¿y por qué?”»; reconoce que se trata de “un factor de impacto” y que incluso aquellos que son creyentes, pero no necesariamente sobre los cimientos del cristianismo —como los budistas — «son tratados con cierta diferencia o cierta distancia».

Y alega que “en el caso de quienes creen en otros dioses, lo toman como que “al menos crees en alguna divinidad”; pero si se es ateo, “inmediatamente te lo ponen como si fuera el enemigo público número uno, como si estuvieses encontrándote con el mismo diablo o algo por el estilo”.

Con sarcasmo, indica que de forma personal ya ha perdido la cuenta de cuantas veces le han enviado al infierno, o le han llamado hereje o inmoral. “Este primer impacto es común, es típico de esperarse en las personas creyentes, por lo mismo que no se les ha enseñado a comprender o por lo menos a decirles que hay otras personas que piensan diferente y que ese es su derecho”.

Educación para el respeto

La religión es un tema tan solidificado en el país que, más allá de las distintas creencias que las personas pueden manifestar, el principal problema es la falta de tolerancia a la pluralidad de estas, pues cada una de las posturas se centra en “una sola verdad absoluta”.

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María Teresa Blandón, socióloga, señala que «en sociedades como la nicaragüense hay una corriente muy autoritaria», incluso en el tema religioso y deja claro que la fé  «sigue al pie de la letra los rituales, pero que no hay bondad ahí, que no hay amor, y desde esa corriente es muy difícil pensar en un diálogo».

Esta rigidez, asegura que es visible en algunos líderes religiosos. «No somos una sociedad educada para respetar el pluralismo de ideas y para respetar la diversidad de opciones y de elecciones que tiene la gente, y justamente porque no tenemos una sociedad educada para esto es que se ha instalado esta corriente muy autoritaria», afirma Blandón.

Teresa Blandón, socióloga y feminista | Foto: NI

En el caso de Vannini, comparte que a pesar de su ateísmo tiene amigos religiosos con quienes aborda el tema y hasta hacen algunas bromas sin faltarse el respeto mutuamente, “porque llegamos a un punto de acuerdo donde decimos aquí las ideas son para debatirse y mi intención cuando platiquemos no es ofenderte a vos sino que hablemos de determinado postulado y en base a eso ver qué información tenés vos, que información tengo yo, y si al final de eso no llegamos a un punto de acuerdo, pues no importa seguimos siendo amigos”.

Sin embargo, reconoce que «son muy pocas personas las que logran llegar a ese nivel de preparación». «Para tener un diálogo de ese nivel de altura se requiere de un alto nivel de educación en valores, desde el punto de vista religioso se les prohíbe a las personas el dudar, el cuestionar sus propios planteamientos o conocimientos como tal… entonces como eso no se desarrolla en las familias, es muy poco probable que te encontres con alguien que realmente esté dispuesto a debatir».

Estado y religión

Vannini reconoce que «en muchos países del mundo el factor religioso es muy importante para efecto de la gestión de políticas de gobierno o la gestión de nuevas leyes», y esto influye al momento en que alguien se reconoce como ateo pues «desde ahí viene el rechazo, de cómo es posible porque se sale de la norma».

En Nicaragua, la religión tiene tal influencia que alcanza temas de derechos humanos como es el caso de la despenalización del aborto o del matrimonio igualitario, dos planteamientos que generan fuertes rechazos y discusiones entre las personas a la fecha.

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De hecho, Vannini recuerda como recientemente cuando a los precandidatos de la oposición se les abordo sobre estos, todos coincidieron en que “no eran temas para tocar ahorita”; para él, si «uno de ellos hubiera dicho “sí, yo apoyo el aborto” se cocina, se quema políticamente y pierde la palestra política».

Blandón también reconoce que la religión cristiana tiene un peso enorme en toda la sociedad pues “en el origen de la República está un proceso de colonización cultural que llegó aparejado a la cosmovisión que pregona el cristianismo”.

«Las ideas cristianas influencian a toda la sociedad, a los individuos, la forma de organización social, el Estado, es una realidad que no se puede negar porque de ahí venimos; pero otra cosa es si todas las ideas que promueve el cristianismo tienen que ser asumidas por todos los individuos y por el propio Estado, ni todas las ideas que promueve el cristianismo son asumidas por los individuos, ni deben de ser replicadas textualmente por el Estado» agrega Blandón.

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La socióloga insiste en que no pueden respetarse ideas «que atentan contra los derechos humanos de otros y ese es el problema de ciertos fundamentalismos religiosos, tiene que haber un esfuerzo individual de las propias organizaciones religiosas, tienen que revisar qué tipos de discursos son los que están emitiendo a la sociedad y cuáles de esos incluso son opuestos a la ética de los derechos humanos que es propio de sociedades democráticas».

Asimismo, sostiene que las instituciones públicas juegan un papel importante pues «esto tendría que ser un tema central en las políticas de educación, los medios de comunicación; esto es una responsabilidad de la sociedad».

Para Vannini, manifestar abiertamente sus convicciones ha sido un proceso de transformación, y sigue siéndolo, pues «el hecho de que yo ahora sea ateo por decisión no me hace ni más ni menos que aquellos que están dentro de una religión, sino que me doy cuenta que soy un ser humano imperfecto, que no soy mejor que nadie y que debo de tratar a los demás con la misma dignidad y respeto independientemente del credo o religión, o falta de ella».

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