Muchas personas notan con preocupación que la piel de su cuello, axilas, entrepiernas o incluso nudillos comienza a tornarse oscura y con una textura más gruesa. Lo primero que suele venir a la mente es que se trata de falta de higiene o de una reacción al sol, intentando eliminar las manchas con fricción excesiva o productos aclarantes que no surten efecto.
Sin embargo, la medicina explica que este fenómeno se llama acanthosis nigricans y, lejos de ser un problema estético, es en realidad un grito de auxilio de tu metabolismo. Estas marcas son la manifestación visible de que tus niveles de insulina están fuera de control, advirtiendo que podrías estar en el camino hacia la diabetes tipo 2.
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Tu alimentación, tu enfermedad
La aparición de estas zonas oscuras es el resultado de un exceso de insulina circulando en tu torrente sanguíneo. Lo cual está relacionado a malos hábitos de alimentación, con una dieta que incluye demasiada azúcar y carbohidratos. El Dr. Sebastián La Rosa, muy conocido por sus videos explicativos en YouTube, comenta que la insulina es una hormona que funciona como una especie de llave que abre la puerta de tus células para que entre el azúcar y te dé energía.
Cuando se come azúcar en exceso, esta hormona también se produce en exceso hasta que el cuerpo empieza a generar resistencia a la misma y esta no puede cumplir su función, por lo que al no abrirse la célula lo suficiente, esta acumula el exceso de azúcar en forma de grasa en diferentes órganos y partes del cuerpo.
De acuerdo con La Rosa, la resistencia a la insulina genera alteraciones metabólicas, hormonales y sobre peso que desencadenan otras enfermedades.
El exceso de insulina en el cuerpo es la razón por la cual aparecen esas manchas oscuras en tu cuello, axilas, nudillo y a veces hasta la entrepierna, ya que tu sangre está inundada de esta hormona. Ese exceso viaja hasta la piel y estimula a unas células llamadas queratinocitos, ordenándoles que se reproduzcan a una velocidad anormal. Al crecer tantas células nuevas tan rápido y amontonarse unas sobre otras, la piel se vuelve más gruesa y se pigmenta, creando ese aspecto oscuro y engrosado.
«Es simplemente un mecanismo de defensa», explica La Rosa.
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Otros síntomas
Además de esos síntomas, la resitencia a la insulina te producirá fátiga constante, antojos de azúcar y carbohidratos, necesidad de dormir después de comer, sentir hambre con más frecuencia, aumento en la presión alteral, desequilibrios hormonales y estrés.
La buena noticia es que estas manchas pueden desaparecer si se ataca la raíz del problema y no solo el síntoma superficial. Al mejorar la sensibilidad a la insulina mediante una alimentación equilibrada, el inicio de actividad física de fuerza y un descanso adecuado, los niveles hormonales se estabilizan y la piel recupera gradualmente su tono natural. No se trata de una enfermedad incurable, sino de una oportunidad para rediseñar nuestros hábitos. Si has notado estos cambios en tu piel, el primer paso es consultar con un especialista para realizar un perfil metabólico y comenzar el camino hacia una recuperación integral que se reflejará, por dentro y por fuera.
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