El pago de la factura de energía eléctrica consume buena parte de los ingresos familiares de los nicaragüenses. Nuestro país paga la luz más cara de Centroamérica y con esta ola de calor que vive el país, con sensaciones térmicas de hasta 41 grados centígrados, el uso de abanicos y aires acondicionados puede poner en aprietos a las familias.
“Juan”, quien nos ofreció una entrevista con la condición de anonimato por su seguridad, es un joven de 24 años que vive solo en una casa alquilada en un barrio pobre de Managua.
Asegura que no usa mucha luz, más que un televisor que enciende de vez en cuando, una refrigeradora, un abanico y una lavadora que activa una hora dos veces por semana. Aun así, su factura mensual es de 1,500 córdobas. Pero ha sido incluso más alto. “En diciembre y hasta febrero salieron de 1,900 los recibos”, nos dice.
A pesar del alto monto no se queja, asegura que tiene vecinos que pagan hasta 4 mil córdobas al mes porque tienen hijos y consumen más.
En Tik Tok hay quejas de cientos de nicaragüenses que en tono de queja y a veces de chiste muestran sus recibos con montos de entre 4 mil y hasta 11 mil córdobas por consumos residenciales.
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Un subsidio trampa
“Juan” dice que aunque existe un subsidio para quienes consumen 150 kilowats o menos, es básicamente imposible quedarse en rango mínimo. Sería prácticamente vivir solo un una bujía.
“Uno tiene que vivir apagando todo a cada rato”, señala.
La Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica ENATREL confirmó en sus redes sociales que cuando hace mucho calor la “factura eléctrica puede subir sin que te des cuenta”.
Esto sucede según esta institución no solo por el uso prolongado de abanicos y aires acondicionados, sino porque “el refrigerador trabaja más para mantener los alimentos frescos”. Y es que al abrirla constantemente para sacar bebidas refrescantes esta se reinicia consumiendo más energía.
Medidas
Enatrel recomienda algunas medidas para evitar que la factura de energía eléctrica se eleve demasiado en esta ola de calor.
En primer lugar, recomiendan ajustar el aire acondicionado a una temperatura eficiente, desconectar los equipos que se estén usando y aprovechar la ventilación natural en horas frescas.
Las quejas infructuosas
En Nicaragua, el sistema opera bajo un monopolio absoluto donde una sola empresa, Diss Norte-Diss Sur, tiene el control total de la distribución, eliminando cualquier posibilidad de que el ciudadano elija un servicio más eficiente o económico. Esta falta de alternativas deja a las familias en una posición de total indefensión ante tarifas que parecen subir sin techo.
Lo que hace que este sistema sea particularmente complejo es la naturaleza de la empresa distribuidora, donde el Estado nicaragüense no solo actúa como ente regulador, sino también como socio directo en el negocio.
Esta dualidad genera un evidente conflicto de intereses: el mismo Estado que debería fiscalizar la calidad del servicio y proteger al consumidor de cobros abusivos, es el que recibe beneficios económicos por la rentabilidad de la empresa. Al ser «juez y parte», la transparencia en el desglose de los costos se vuelve casi nula, y los reclamos de los usuarios por facturaciones infladas suelen chocar contra un muro burocrático que rara vez falla en contra de los intereses de la distribuidora y sus socios.
Esta estructura monopólica permite que en la factura se incluyan cargos que, en un mercado libre, serían inaceptables.
Los usuarios terminan pagando no solo por la energía que consumen, sino también por las ineficiencias de una red que pierde electricidad por falta de mantenimiento o conexiones irregulares en otros sectores.
Nicaragua Investiga



































