La Asamblea Nacional eliminó el decreto de 1988 que ratificó el tratado del Parlamento Centroamericano y cinco más que aprobaban sus protocolos. Con ello, el régimen borra el sustento legal de la membresía del país.
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo dio este martes 6 de octubre el paso que faltaba para romper con el Parlamento Centroamericano (Parlacen). La Asamblea Nacional, controlada por el oficialismo, aprobó por unanimidad y con trámite de urgencia la derogación del Decreto A.N. n.º 028, la norma con la que Nicaragua ratificó en 1988 el Tratado Constitutivo de ese organismo regional.
La medida no se limitó a ese decreto. Los diputados también anularon otros cinco instrumentos con los que el país había aprobado, a lo largo de casi dos décadas, los protocolos que ampliaron y reformaron el tratado: los decretos 184 (1990), 430 (1991), 949 (1995), 4338 (2005) y 5435 (2008). En la práctica, el régimen desmonta todo el andamiaje jurídico que mantenía a Nicaragua dentro del Parlacen.
De la notificación a la derogación
La decisión llega tres días después de que la Cancillería notificara, el sábado 3 de octubre, a su homóloga de Guatemala, país depositario del tratado, que Nicaragua lo denunciaba con efecto inmediato. El acuerdo original se firmó en Ciudad de Guatemala el 15 de octubre de 1987.
Según medios oficialistas, la exposición de motivos estuvo a cargo del diputado Wilfredo Navarro, quien explicó que la iniciativa se presentó por instrucciones de la Presidencia. Navarro argumentó que, una vez denunciado el tratado ante el depositario, correspondía al Legislativo eliminar las normas internas que lo habían aprobado.
Murillo ya había justificado la salida al afirmar que el Parlacen «no ha logrado cumplir su objetivo y función», aunque el régimen no ha detallado qué hechos concretos motivaron la ruptura.
El discurso de la «soberanía»
Tras la votación, la diputada sandinista Auxiliadora Martínez defendió la decisión como un ejercicio de soberanía y rechazó que implique dar la espalda a la región. «Retirarnos del PARLACEN no significa retirarnos de Centroamérica», sostuvo.
La legisladora enmarcó la salida en el rechazo a lo que calificó como tutelajes y condicionamientos de poderes extranjeros sobre quién puede gobernar o qué rumbo debe seguir cada país. También aseguró que la decisión no responde al aislamiento, sino a la «dignidad» nacional.
Un aislamiento cada vez más visible
El discurso oficial contrasta con el contexto. La ruptura con el Parlacen se suma a una serie de golpes en la escena internacional: en los últimos días, el régimen retiró a su embajador en Bolivia y la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó por unanimidad una resolución contra las reformas impulsadas por Ortega y Murillo.
Con la derogación de los decretos, Nicaragua deja de tener base legal para participar en el organismo regional, y su eventual regreso exigiría un nuevo proceso de ratificación del tratado y sus protocolos.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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